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La larga mano de Hugo Chávez


Hugo Rafael Chávez Frías ha devenido en profeta tardío. La noche en que se enteró de que las principales alcaldías de Venezuela habían sido ganadas por la oposición, consultó con su bola de cristal en busca de algún argumento que desconociera esa masa descreída de votantes, para demostrarles que se trataba de secuaces.

Ni en Caracas ni en Maracaibo encontró nada, así que, cual profeta tardío, descubrió que el futuro de la capital venezolana era liquidar su alcaldía, quitarle su esencia democrática y designar directamente a sus administrativos.

Resuelto el problema, quedaba en Maracaibo Manuel Rosales, un opositor que por varios años ha sido para Chávez una fuente de crítica constante.

Rosales ha sido la cabeza visible de la oposición venezolana, y Chávez no había podido lanzar contra él ninguna acusación consistente. Ahora lo acusa de enriquecimiento ilícito. ¿En qué tiempo? En los últimos años Rosales sólo ha podido actuar desde la clandestinidad, sin tiempo ni paz para atender su familia y sus negocios. ¿Cuándo? ¿Dónde?

Lo evidente es que Hugo Chávez ha decidido, a toda costa, descabezar a la oposición venezolana y ahora descalifica como delincuente a su principal opositor, recurriendo para ello, inclusive, a la INTERPOL. Es, a todas luces, una posición de fuerza, que obligará a los venezolanos a pensar en la misma dimensión.

101 años de Panamá América

 
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