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La lección de Estados Unidos


De este hecho se desprende una lección que se aplica a todos los países de democracias incipientes, particularmente a aquéllos donde largos años de tiranía sembraron en grandes sectores de la población un grado de corrupción y de corruptibilidad verdaderamente abrumador.
Ha quedado demostrado que lo que más importa en unas elecciones no son los padrones electorales ni el hecho de que la población se presente masivamente a votar, ni las facilidades para hacerlo, sino los escrutinios, el recuento de lo que fue la voluntad que se introdujo en las urnas.
En las elecciones pasadas, por ejemplo, el procedimiento que se estableció para escrutar los votos hizo que todo el esfuerzo del Tribunal Electoral pudiera verse falseado por los escrutadores. Si una persona lee el contenido del voto a metro y medio o dos metros de distancia de los representantes de partidos, todo el resultado queda envuelto en dudas porque es muy difícil que a esa distancia se pueda ver con claridad.
Desde luego que lo ocurrido en Estados Unidos pone en entredicho toda pretensión del Tribunal Electoral de instalar máquinas para votar o de establecer votaciones por computadoras porque hemos visto ya que se prestan para todo género de manipulación.
Además, es importante que los partidos lleguen a un acuerdo con el Tribunal Electoral para que los votos se cuenten en una mesa donde todos, o por lo menos los representantes de los candidatos, puedan ver qué es lo que la papeleta contiene. Sólo eso puede evitar suspicacias en un país con una larga tradición de elecciones fraudulentas.

101 años de Panamá América

 
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