La lectura que salva y libera
Terminamos el año 2006 preocupados. Sabemos que la ansiedad no sólo embarga a quienes editamos este diario, pues el asunto de la cultura pertenece a esa categoría de temas ineludibles para las grandes mayorías, porque todos perdemos o ganamos en la medida que le prestemos la atención debida, o no.
Pues bien, desde el Ministerio de Educación se avisa con insistencia que el estudiantado panameño sigue adoleciendo de carencias innombrables, sobre todo en matemáticas, ciencias y español, tres materias ejes en el conocimiento secular que hoy impregna la vida diaria hasta en sus más ínfimos resquicios.
Sobre todo es el pobre dominio del idioma lo que quita el sueño. Compartimos la idea del dómine Demetrio Fábrega, quien en estas mismas páginas ha sostenido en repetidas ocasiones que el desarrollo del lenguaje está ligado a la evolución de todas las facultades mentales elevadas, entre ellas, la capacidad de razonar y comprender la realidad. Si el joven ingresa al mundo de los vivos económicamente activos sin saber hablar ni escribir medianamente bien, dice Fábrega, se condena a no poder razonar, a vivir como cualquier fiera del mundo animal, impulsado únicamente por la necesidad de escoger entre lo que da placer y lo que no. Así se explica el afán de la muchachada por la estridencia en lugar de la buena música; por la droga, el sexo sin control, el licor y la parranda, en vez de la cultura y el saber.
Batallando contra esta corriente peligrosa, algunos valientes de luces largas realizaron la llamada "Caravana de la lectura", mediante la que miles de niños de todo el país fueron contagiados por entusiastas talleristas, bibliotecarios, docentes, escritores, entre otros, quienes se encargaron de promover la lectura como herramienta principal para el desarrollo personal y social de todos los panameños. Es apenas un grano de arena en el inmenso mar de la incultura que nos invade. Es un paso, pequeño, pero paso al fin. Toca también a los padres y madres de familia, aportar su granito, incentivando la lectura de sus hijos pequeños en el hogar. Así poco a poco, ayudaremos a combatir la agobiante incultura.
Pues bien, desde el Ministerio de Educación se avisa con insistencia que el estudiantado panameño sigue adoleciendo de carencias innombrables, sobre todo en matemáticas, ciencias y español, tres materias ejes en el conocimiento secular que hoy impregna la vida diaria hasta en sus más ínfimos resquicios.
Sobre todo es el pobre dominio del idioma lo que quita el sueño. Compartimos la idea del dómine Demetrio Fábrega, quien en estas mismas páginas ha sostenido en repetidas ocasiones que el desarrollo del lenguaje está ligado a la evolución de todas las facultades mentales elevadas, entre ellas, la capacidad de razonar y comprender la realidad. Si el joven ingresa al mundo de los vivos económicamente activos sin saber hablar ni escribir medianamente bien, dice Fábrega, se condena a no poder razonar, a vivir como cualquier fiera del mundo animal, impulsado únicamente por la necesidad de escoger entre lo que da placer y lo que no. Así se explica el afán de la muchachada por la estridencia en lugar de la buena música; por la droga, el sexo sin control, el licor y la parranda, en vez de la cultura y el saber.
Batallando contra esta corriente peligrosa, algunos valientes de luces largas realizaron la llamada "Caravana de la lectura", mediante la que miles de niños de todo el país fueron contagiados por entusiastas talleristas, bibliotecarios, docentes, escritores, entre otros, quienes se encargaron de promover la lectura como herramienta principal para el desarrollo personal y social de todos los panameños. Es apenas un grano de arena en el inmenso mar de la incultura que nos invade. Es un paso, pequeño, pero paso al fin. Toca también a los padres y madres de familia, aportar su granito, incentivando la lectura de sus hijos pequeños en el hogar. Así poco a poco, ayudaremos a combatir la agobiante incultura.