La libertad de expresión
La libertad de expresión es un derecho que tenemos todos para opinar, manifestar lo que pensamos, y dar nuestro criterio. La libertad de expresión, es sin duda, fundamental para una convivencia democrática. Por tanto, defender dicha libertad apenas tendría sentido alguno si todos estuviéramos predispuestos a hablar y a quitarnos la palabra los unos a los otros, atropelladamente, violentamente tratando de que se nos haga sentir culpables por nuestras diferencias sociales políticas, económicas, creencias religiosas, y en la salud física, mental y emocional del individuo.
Incluso, en la más democrática y pluralista de las sociedades modernas, sabemos que la libertad de expresión está sometida a grandes limitaciones. Una de éstas es hacia los artículos de opinión. Cuando al articulista al no coincidir con las ideas de algún individuo o grupo de personas, se le acosa con una sarta de improperios, descalificaciones, insultos y palabras gruesas con críticas irrespetuosas llenas de resentimiento, autodefensa, amargura, y justificaciones. Situación que pierde toda categoría humana, que no merece ni siquiera la más simple alusión. La libertad nunca es libertad para aniquilar, sino para convivir a pesar de las diferencias.
La mejor forma de hacer un artículo de opinión es sentarse con papel y lápiz y empezar a escribir. A mí me produce placer y satisfacción, con la idea de informar al lector de forma original y sincera mis expectativas y valores relacionados con el ser humano. En un artículo de opinión se trata de condensar una multitud de ideas en pocas palabras. Es como un envase de presión en que la fuerza de la palabra logra que el cerebro se dispare y que la mezcla de ideas estalle en el pensamiento. No es necesario ser un genio del lenguaje escrito para lograr esto. Lo esencial es mezclar igual cantidad de deseo, imaginación, esfuerzo, persistencia y tolerancia.
Un artículo de opinión puede convertirse en algo confiable en el mundo indiferente que nos rodea. Es por ello, que son tan populares y muchos se han convertidos en documentos valiosos y hasta históricos y responden a una necesidad básica: la de expresarnos en una nación con libertad de expresión.
En el espacio de opinión, la libertad de expresión suele ser la herramienta eficaz para comunicarnos. Hay quienes se agravian mutuamente con palabras y comentarios desabridos. Palabras que son como cuchilladas que se lanzan mutuamente. No siempre habrá afinidad con las ideas que se transmiten. Lo importante es que nuestro potencial mental se amplíe merced al apoyo del articulista. Pienso que el propósito es el de ofrecer consejos prácticos en el momento oportuno en una sociedad que se ha vuelto sorda y ciega y que se sobre-excita y aturde cuando quiere y le conviene. Igualmente, una de las posesiones humanas más poderosa es la palabra. No existe una palabra lo suficientemente amplia como para abarcar la magnitud de un ser humano. Con frecuencia las palabras nos insensibilizan y pueden paralizar nuestros sentidos y mejores instintos. Son trampas que nos llevan a la apatía al usarlas de forma hiriente y destructiva. No debemos permitir que nos controlen, es el único instrumento que tenemos para ampliar la vida y no para disminuirla.
Cada uno percibe la esencia de la vida de forma diferente; no podría ser de otro modo. Las diferencias con frecuencia causan la pérdida de un amigo o conflictos aterradores entre profesionales, políticos, compañeros de trabajo, etc.
Por otra parte, el intolerante jamás tolera en los demás lo que él no aguanta. Es el prejuicio insensato del fanático, que no escucha a los otros. La intolerancia es como una especie de daltonismo social, que no sabe distinguir los colores ni sus matices. En cambio, la tolerancia es humildad, pero en el sentido genuino de saber valorar lo que somos y valemos y, en consecuencia, lo que no somos y para lo que no valemos. Ahí podemos empezar a calibrar que también los otros pueden tener razón, siquiera en aquello en lo que nosotros no la tenemos.
Como articulista, mi intención es plasmar sentimientos, emociones, creencias, profesionalismo, y tengo que trabajar mucho antes de alcanzar resultados satisfactorios sin alterar mi estilo. Al escribir trato de no herir susceptibilidades y transmitir mis ideas, aunque sean aceptadas o censuradas por el lector a quién le debo todo mi respeto.
(gemiliani@cwpanama.net)
Incluso, en la más democrática y pluralista de las sociedades modernas, sabemos que la libertad de expresión está sometida a grandes limitaciones. Una de éstas es hacia los artículos de opinión. Cuando al articulista al no coincidir con las ideas de algún individuo o grupo de personas, se le acosa con una sarta de improperios, descalificaciones, insultos y palabras gruesas con críticas irrespetuosas llenas de resentimiento, autodefensa, amargura, y justificaciones. Situación que pierde toda categoría humana, que no merece ni siquiera la más simple alusión. La libertad nunca es libertad para aniquilar, sino para convivir a pesar de las diferencias.
La mejor forma de hacer un artículo de opinión es sentarse con papel y lápiz y empezar a escribir. A mí me produce placer y satisfacción, con la idea de informar al lector de forma original y sincera mis expectativas y valores relacionados con el ser humano. En un artículo de opinión se trata de condensar una multitud de ideas en pocas palabras. Es como un envase de presión en que la fuerza de la palabra logra que el cerebro se dispare y que la mezcla de ideas estalle en el pensamiento. No es necesario ser un genio del lenguaje escrito para lograr esto. Lo esencial es mezclar igual cantidad de deseo, imaginación, esfuerzo, persistencia y tolerancia.
Un artículo de opinión puede convertirse en algo confiable en el mundo indiferente que nos rodea. Es por ello, que son tan populares y muchos se han convertidos en documentos valiosos y hasta históricos y responden a una necesidad básica: la de expresarnos en una nación con libertad de expresión.
En el espacio de opinión, la libertad de expresión suele ser la herramienta eficaz para comunicarnos. Hay quienes se agravian mutuamente con palabras y comentarios desabridos. Palabras que son como cuchilladas que se lanzan mutuamente. No siempre habrá afinidad con las ideas que se transmiten. Lo importante es que nuestro potencial mental se amplíe merced al apoyo del articulista. Pienso que el propósito es el de ofrecer consejos prácticos en el momento oportuno en una sociedad que se ha vuelto sorda y ciega y que se sobre-excita y aturde cuando quiere y le conviene. Igualmente, una de las posesiones humanas más poderosa es la palabra. No existe una palabra lo suficientemente amplia como para abarcar la magnitud de un ser humano. Con frecuencia las palabras nos insensibilizan y pueden paralizar nuestros sentidos y mejores instintos. Son trampas que nos llevan a la apatía al usarlas de forma hiriente y destructiva. No debemos permitir que nos controlen, es el único instrumento que tenemos para ampliar la vida y no para disminuirla.
Cada uno percibe la esencia de la vida de forma diferente; no podría ser de otro modo. Las diferencias con frecuencia causan la pérdida de un amigo o conflictos aterradores entre profesionales, políticos, compañeros de trabajo, etc.
Por otra parte, el intolerante jamás tolera en los demás lo que él no aguanta. Es el prejuicio insensato del fanático, que no escucha a los otros. La intolerancia es como una especie de daltonismo social, que no sabe distinguir los colores ni sus matices. En cambio, la tolerancia es humildad, pero en el sentido genuino de saber valorar lo que somos y valemos y, en consecuencia, lo que no somos y para lo que no valemos. Ahí podemos empezar a calibrar que también los otros pueden tener razón, siquiera en aquello en lo que nosotros no la tenemos.
Como articulista, mi intención es plasmar sentimientos, emociones, creencias, profesionalismo, y tengo que trabajar mucho antes de alcanzar resultados satisfactorios sin alterar mi estilo. Al escribir trato de no herir susceptibilidades y transmitir mis ideas, aunque sean aceptadas o censuradas por el lector a quién le debo todo mi respeto.
(gemiliani@cwpanama.net)