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¡La libertad fecunda!


Siempre hemos pensado que la investigación científica (por su complejidad), como cualquier otra tarea de la inteligencia, tiene como primer elemento la libertad, la iniciativa individual que es posible coartar, pero que, al mismo tiempo, hay que tratar de coordinar, para señalar los campos preferentes hacia los cuales es necesario orientar y atraer ese esfuerzo que cada uno realiza, a través de su tarea individual. Hay que mantener la libertad, al mismo tiempo que es preciso defenderla contra quienes buscan valerse de la inexperiencia colectiva para aplicar sistemas que, a la derecha o a la izquierda, desconocen el valor de la persona humana y pretenden aniquilarla ofreciendo alternativamente orden o bienestar.

La libertad es algo que ni se regala ni se despilfarra. Es un don conquistado con el esfuerzo, que nos pertenece a todos solidariamente, y que todos estamos en el deber de cuidar. Quienes más activamente lo ejercen, en el campo de la opinión, son precisamente los que cada día se convencen más de que cuidar este privilegio nacional es algo que a todos nos interesa, por encima de los modos de pensar y de los intereses parciales de cada uno. Creemos en la libertad como un factor poderoso para el estímulo a la iniciativa y a la creación individual, y estamos convencidos de que es difícil sustituirla como elemento propicio para la labor del periodista, del educador, del escritor, del artista, del ciudadano.

Estamos orgullosos de la libertad de que disfrutamos hoy día, y estamos conscientes de que ella, aunque sin duda envuelve riesgos, constituye uno de los factores más poderosos para labrar sólidamente el destino nacional. La libertad sirve de estímulo a la propia responsabilidad de cada uno. Ya no es el Gobierno solamente aquel en quien se piensa que residen todas las soluciones, y de cuya voluntad o capricho depende el desarrollo de la actividad social, sino que sentimos que construir un país es tarea solidaria de todos.

Algunas veces hemos oído decir que la libertad sin pan es una farsa y esto sale del alma de centenares de miles de millones de personas que soportan una dura realidad. Pero también hemos podido verificar en el diálogo directo, leal y sincero con los marginados sociales, que el pan sin libertad es humillante y destruye las mejores aspiraciones y las mejores posibilidades de la humanidad. Tenemos que luchar para defender la libertad, para garantizar lo que se ha obtenido al cabo de penosos esfuerzos, pero sentimos la necesidad inaplazable de poner esos altos valores en función de la conquista de una vida mejor para todos los hombres y mujeres.

En conclusión: la libertad es la mejor condición de ascenso humano. ¡La libertad es el motor que en cada uno determina el poder de avanzar!

101 años de Panamá América

 
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