La limpieza de los sitios de defensa y la contaminación qumica
CUANDO EL presidente Martín Torrijos era el líder de la oposición al gobierno de Mireya Moscoso criticó, en un discurso pronunciado en año 2002 en La Chorrera, la supuesta carencia de una política internacional de esa administración que impedía lograr un acuerdo con Estados Unidos que permitiese la limpieza de los sitios de defensa y polígonos de tiro contaminados por el ejército estadounidense. Sin embargo, en estos tres primeros años de su administración, nada se ha avanzado para conseguir ese objetivo y sus palabras de aquella época parecieran retornarle como un boomerang, pues es un tema pendiente que no tiene prioridad en la política exterior panameña, al punto que está fuera de todas las agendas a nivel bilateral o en los foros internacionales.
Es tiempo que las actuales autoridades empiecen a cumplir con el discurso que tenían cuando no eran gobierno y se inicie el necesario debate con todos los sectores de la población, en especial con los líderes de la oposición política, para conocer las "fórmulas ingeniosas" en que se podría abordar este asunto, pues es un riesgo potencial contra la salud de la población y afecta la seguridad nacional.
Y es que no se puede seguir soslayando bajo ninguna excusa o pretexto el hecho cierto que además de las más de tres mil hectáreas que fueron contaminadas por municiones y bombas no detonadas en lo que fueron las antiguas áreas militares del "Canal Zone", también se debe agregar el armamento químico abandonado por Estados Unidos en la Isla San José.
Esa es la lucha diplomática pendiente que le corresponde realizar a nuestras autoridades para evitar futuras responsabilidades internacionales, y que debería culminar con un acuerdo razonado con el gobierno estadounidense que permita, por una parte, la descontaminación de los sitios de defensa y polígonos de tiro y, por otra, la destrucción de las armas químicas abandonadas que han sido ubicadas, pero con pleno respeto al medio ambiente.
Sin lugar a dudas, las actuales circunstancias son muchas más favorables para reiterar nuestras legítimas reclamaciones al gobierno estadounidense que las vividas en septiembre de 2001, cuando el ex canciller panameño José Miguel Alemán, de una manera patriótica, se dirigió mediante nota al ex secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, para remitirles el informe elaborado por la OPAQ sobre el hallazgo de armas químicas abandonadas y solicitarle sin titubeos la limpieza de la contaminación causada por el ejército norteamericano al territorio nacional.
Así pues, es hora ya que la Cancillería panameña considere continuar reafirmando esta exigencia de interés nacional basados en el derecho internacional que nos respalda y, de igual forma, entender que en la descontaminación de los sitios de defensa y polígonos de tiro se requerirá de un esfuerzo diplomático titánico, que involucra contar con expertos que conozcan a cabalidad toda una serie de aspectos técnicos, financieros y políticos para, de esta forma, obtener los apoyos internacionales necesarios que permitan llegar a los necesarios acuerdos consensuados con el "Coloso del Norte".
La envidia de los hermanos de José alcanza límites impensados, hasta la locura y el crimen entre hermanos. Dios acepta que los hermanos sigan caminos opuestos, unos hacia el bien, otros hacia el mal, pero no quiere decir que los buenos se parten y se olviden de los malos, José salvará a sus hermanos.
Indiscutiblemente, debemos decir que todos gozamos al ver cómo el que se escapó de que, sin ningún motivo procedente, lo quisieran sus hermanos eliminar y terminarán vendiéndolo, resultara, volteándose la tortilla, teniéndolos en sus manos a su merced; y en vez de vengarse, que es lo menos cristiano, pero lo que se esperaría, los perdona y olvida, como hace con nosotros cada día nuestro Padre del Cielo.
Es tiempo que las actuales autoridades empiecen a cumplir con el discurso que tenían cuando no eran gobierno y se inicie el necesario debate con todos los sectores de la población, en especial con los líderes de la oposición política, para conocer las "fórmulas ingeniosas" en que se podría abordar este asunto, pues es un riesgo potencial contra la salud de la población y afecta la seguridad nacional.
Y es que no se puede seguir soslayando bajo ninguna excusa o pretexto el hecho cierto que además de las más de tres mil hectáreas que fueron contaminadas por municiones y bombas no detonadas en lo que fueron las antiguas áreas militares del "Canal Zone", también se debe agregar el armamento químico abandonado por Estados Unidos en la Isla San José.
Esa es la lucha diplomática pendiente que le corresponde realizar a nuestras autoridades para evitar futuras responsabilidades internacionales, y que debería culminar con un acuerdo razonado con el gobierno estadounidense que permita, por una parte, la descontaminación de los sitios de defensa y polígonos de tiro y, por otra, la destrucción de las armas químicas abandonadas que han sido ubicadas, pero con pleno respeto al medio ambiente.
Sin lugar a dudas, las actuales circunstancias son muchas más favorables para reiterar nuestras legítimas reclamaciones al gobierno estadounidense que las vividas en septiembre de 2001, cuando el ex canciller panameño José Miguel Alemán, de una manera patriótica, se dirigió mediante nota al ex secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, para remitirles el informe elaborado por la OPAQ sobre el hallazgo de armas químicas abandonadas y solicitarle sin titubeos la limpieza de la contaminación causada por el ejército norteamericano al territorio nacional.
Así pues, es hora ya que la Cancillería panameña considere continuar reafirmando esta exigencia de interés nacional basados en el derecho internacional que nos respalda y, de igual forma, entender que en la descontaminación de los sitios de defensa y polígonos de tiro se requerirá de un esfuerzo diplomático titánico, que involucra contar con expertos que conozcan a cabalidad toda una serie de aspectos técnicos, financieros y políticos para, de esta forma, obtener los apoyos internacionales necesarios que permitan llegar a los necesarios acuerdos consensuados con el "Coloso del Norte".
La envidia de los hermanos de José alcanza límites impensados, hasta la locura y el crimen entre hermanos. Dios acepta que los hermanos sigan caminos opuestos, unos hacia el bien, otros hacia el mal, pero no quiere decir que los buenos se parten y se olviden de los malos, José salvará a sus hermanos.
Indiscutiblemente, debemos decir que todos gozamos al ver cómo el que se escapó de que, sin ningún motivo procedente, lo quisieran sus hermanos eliminar y terminarán vendiéndolo, resultara, volteándose la tortilla, teniéndolos en sus manos a su merced; y en vez de vengarse, que es lo menos cristiano, pero lo que se esperaría, los perdona y olvida, como hace con nosotros cada día nuestro Padre del Cielo.