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La línea política


La línea política puede entenderse como la orientación o la dirección que una persona o un grupo con liderazgo, mando o autoridad, impulsa, propone, dentro de un colectivo.

Las orientaciones serán acatadas por la masa en la medida que exista cohesión grupal y sentido de pertenencia, primero; con la legitimidad del liderazgo, segundo; el tipo y forma del liderazgo, tercero.

Un liderazgo democrático será, entonces, el avalado por la mayoría del colectivo; es decir, que la mayoría le considera legítimo, está de acuerdo con el tipo y forma como se ejerce, por ende, desde estas perspectivas, acatará cualquier directriz.

Los liderazgos dejan de ser democráticos cuando establecen líneas políticas en la sucesión de poder, pues qué tipo de democracia existe cuando el que ostenta el poder impulsa con ese mismo poder un posible sucesor, si el deber del proceso democrático es la elección libre y no condicionada del voto de la masa en atención a los aspirantes al poder.

Los pactos políticos pueden interpretarse como condicionantes de la voluntad, dada la esencia compromisoria entre los pactantes, que resulta unipersonal a fin de cuentas y no colectiva. Un pacto sella voluntades de dar, recibir, hacer o no hacer entre sus firmantes.

La línea política hoy deja de lado la administración gubernamental del Estado y se concentra en la retención del poder por una misma clase, grupo o persona; lo cierto es que ante la formación electoral pragmática de la masa, la línea se disfraza como acuerdos, pactos, para internalizarle un contenido ético, una moral hipócrita que prejuicia al pensamiento y lo induce a concluir erróneamente que lo que no está en la línea es antiético, inmoral y fuera del querer colectivo.

La conciencia fundamentada sobre realidades permite analizar que estar arriba, abajo, fuera, dentro, sobre o entre la línea, será lo más conveniente para la masa.

101 años de Panamá América

 
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