default

La lucha debe ser frontal


Hemos visto, con gran estupor, los ciudadanos de este país y sobre todos los que creyeron en la orientación social de este gobierno, cómo ha echado por la borda todo su discurso político y se han convertido repentinamente en "yes man" de las IFIs. Con inusitado ímpetu los vemos ahora defender principios, que antes decían oponerse, que sólo han logrado incrementar la pobreza de las mayorías. Pero de eso causalmente se trata, ese es el velado objetivo que persiguen, tratan de aniquilar toda fuerza posible de resistencia, debilitar a la clase mayoritaria para que tenga que vivir sumida a las decisiones elitistas de los neoliberales que parecen pensar que ellos son los únicos con derecho a disfrutar los bienes del planeta.
Cada país de la región ha evidenciado la influencia nociva del neoliberalismo. Entonces, ¿porqué continúan como clásicos "porfiados" en la implementación de medidas obviamente clasistas? Pues la razón parece ser simple y sencilla: porqué mejor pago reciben de las IFIs que del pueblo. A manera de ejemplo tenemos la redistribución que desean hacer los gobiernos neoliberales del gasto público hacia la educación básica en detrimento de la enseñanza media y superior; el condicionamiento presupuestal hacia renglones no siempre ajustados a las exigencias educativas y la asignación casi exclusiva de fondos para capacitación para el trabajo, en demérito de la formación integral, una formación humanista de los educandos. Desean convertir a las poblaciones esencialmente en instrumento de trabajo, negándoles la satisfacción de una educación humanista. Le temen al discernimiento y por ello es que han dispersado los valores éticos y morales para dar prioridad a categorías como la competitividad donde todo es permitido.
En Panamá, la principal defensa y promoción del modelo neoliberal emanó desde tiempos de la administración del ex presidente Endara. Esa administración fue la que primero encubó los principios neoliberales y efectuó las primeras privatizaciones, verbigracia Air Panamá y el tristemente recordado Plan Ford, pero ahora todo parece ser que el principal bastión del liberalismo lo conforma el presente gobierno, pese a todas las veces que en el pasado renegó al mismo públicamente.
Partiendo del principio de que la derrota del neoliberalismo sólo puede darse como resultado de la movilización de muchos pueblos, especialmente en los países importantes económicamente, tenemos quizás que pensar, con más modestia, si no podemos extirparlo totalmente en Panamá, al menos podemos establecer limitaciones. ¿Cómo limitar en Panamá las políticas neoliberales que impulsa con decisión el presente gobierno, tal cual como el pago de la deuda externa con los dineros del Fondo Fiduciario para Desarrollo, truncando todas las posibilidades de desarrollo? Bueno, el problema no es para nada fácil, a pesar que dentro del gobierno existen muchos militantes que no están de acuerdo con el modelo neoliberal, pero se alinean al Ejecutivo porque es en el presidencialismo y sus favores en donde ubican su carrera política o su permanencia en el sistema.
En la Asamblea, donde el Arnulfismo y sus aliados son mayoría, no hay garantías de que los diputados hagan causa común en contra de políticas neoliberales pues ellos obedecen ciegamente las consignas del ejecutivo, fuertemente comprometido con las IFIs en llevar adelante las reformas neoliberales tales como las privatizaciones y el pago de la deuda externa con dineros del Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Por otro lado, no es de extrañar que el PRD al final negocie y preste apoyo al Arnulfismo para llevar avante las reformas que han exigido las IFIs, habida cuenta de que durante la pasada administración éstos fueron fervientes promotores de las privatizaciones. Luego, una Asamblea opositora como la presente, que no tiene independencia, no es mucha garantía de limitaciones al modelo neoliberal impulsado por el Ejecutivo.
¿Cómo entonces resolver este complejo problema? Sólo desde una perspectiva no cupular. Esto es, recurriendo a la sociedad, organizándola a partir de su rechazo al neoliberalismo y llamando a votar en contra de esta política que, por más promesas y discursos prometedores, sigue depauperando a miles de panameños y cerrándoles posibilidades de recuperación. La lucha será de más largo plazo, pero más firme; y los partidos y políticos que la encabecen y apoyen ganarán prestigio político y moral y, en no mucho tiempo, contarán con la simpatía de la mayoría del pueblo panameño que quiere honestidad y congruencia entre el discurso y las acciones y, desde luego, mejorar su calidad de vida.
Es urgente e indispensable que las fuerzas políticas del país, así como la ciudadanía en general promuevan una reforma del sistema político y de gobierno que ponga fin a todos los excesos del neoliberalismo. El movimiento por la democracia no es patrimonio de los partidos políticos sino de la sociedad y, por ende, es menester de todos los ciudadanos buscar el respeto a la dignidad humana y promover el bien común.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América