A la luz del TLC con Singapur
Me motiva escribir en el presente artículo los diversos comentarios que han surgido a raíz que la actual administración de Gobierno anunció el inicio de las rondas de negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre las Repúblicas de Panamá y Singapur.
Tuve la oportunidad de vivir en esa ciudad Estado de Asia desde diciembre de 1991 hasta diciembre de 1998. En esos siete años de convivencia con el pueblo singapurense, logré percibir la filosofía de trabajo que ha caracterizado a dicho país desde 1965, año en que el precursor de la nueva Singapur, Lee Kuan Yew, lideró un movimiento que los ha elevado al sitial que hoy mantienen a nivel mundial.
Desde que llegué a esa isla, comprendí la necesidad de que Panamá copiase su modelo de desarrollo económico y que asimilara la doctrina, resultado de la mezcla de un eficiente servicio civil británico y las enseñanzas del filósofo chino Confucio.
Elementos como la tolerancia racial y de credo, el cumplimiento diario de las normas existentes, la responsabilidad ciudadana en su papel como ejecutor de las políticas diseñadas y orientadas por una clase gobernante regida por la transparencia y la obligación de rendir cuentas, son la base primordial del triunfo de ese país, al que actualmente tenemos la oportunidad de emular.
Las dos Repúblicas, Singapur y Panamá, comparten similitudes en cuanto a su infraestructura de servicio y su posición geográficas estratégicas que las ha convertido en "hub" , una en el sudeste asiático y la otra en la ruta Pacífico-Caribe.
Son muchas las áreas que habrá que explorar y explotar.
Singapur no produce rubros agrícolas, los importa de naciones como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y de los países vecinos. Allí tenemos un potencial como abastecedor de esas necesidades alimenticias.
Singapur también dispone de los capitales para invertir en obras de infraestructuras, como puertos y en proyectos como astilleros para lo cual Panamá ofrece oportunidades varias. Singapur ha hecho de la tecnología y las telecomunicaciones una industria. Panamá sería beneficiada con una gama de conocimientos y de avances técnicos, los cuales nos colocarían en una posición envidiable dentro de la región centroamericana y del Caribe. Ambos países son centros bancarios con niveles internacionales de calidad. En este campo podrían unir esfuerzos creando nuevos conceptos en la industria del financiamiento, cuyo resultado beneficiaría a la actividad comercial y marítima de ambas regiones. El cielo es su límite.
Es necesario dar un voto de confianza a los actuales negociadores, pero también es importante incorporar a la mesa a un representante de la próxima gestión presidencial, ya que éstos no son temas de un sector político o gobierno, sino de Estado.
El resultado positivo de estas rondas negociadoras traerá como consecuencia beneficios mutuos a ambas economías y a sus poblaciones.
Además es necesario recalcar a quienes temen que la negociación paralela de dos TLC, especialmente cuando uno es con Estados Unidos, pudiese debilitar la capacidad de negociación panameña .
Panamá posee excelentes profesionales, tanto en el sector público como privado; con el talento necesario para manejar simultáneamente las negociaciones de dos TLC.
Más aún, en el caso de Singapur dichas negociaciones debieron ser mucho más fáciles y menos conflictivas.
Finalmente, quisiera insistir que no sólo en el tema de comercio y de desarrollo económico busquemos ese acercamiento con Singapur. Es imprescindible que si deseamos realmente avanzar como Estado moderno, asimilemos esa filosofía de trabajo del pueblo singapurense y si no a través de un líder como Lee Kuan Yew, que sea entonces por medio de la buena voluntad y disposición de todos los panameños que anhelamos una mejor calidad de vida, no sólo material sino de espíritu y actitud.
Tuve la oportunidad de vivir en esa ciudad Estado de Asia desde diciembre de 1991 hasta diciembre de 1998. En esos siete años de convivencia con el pueblo singapurense, logré percibir la filosofía de trabajo que ha caracterizado a dicho país desde 1965, año en que el precursor de la nueva Singapur, Lee Kuan Yew, lideró un movimiento que los ha elevado al sitial que hoy mantienen a nivel mundial.
Desde que llegué a esa isla, comprendí la necesidad de que Panamá copiase su modelo de desarrollo económico y que asimilara la doctrina, resultado de la mezcla de un eficiente servicio civil británico y las enseñanzas del filósofo chino Confucio.
Elementos como la tolerancia racial y de credo, el cumplimiento diario de las normas existentes, la responsabilidad ciudadana en su papel como ejecutor de las políticas diseñadas y orientadas por una clase gobernante regida por la transparencia y la obligación de rendir cuentas, son la base primordial del triunfo de ese país, al que actualmente tenemos la oportunidad de emular.
Las dos Repúblicas, Singapur y Panamá, comparten similitudes en cuanto a su infraestructura de servicio y su posición geográficas estratégicas que las ha convertido en "hub" , una en el sudeste asiático y la otra en la ruta Pacífico-Caribe.
Son muchas las áreas que habrá que explorar y explotar.
Singapur no produce rubros agrícolas, los importa de naciones como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y de los países vecinos. Allí tenemos un potencial como abastecedor de esas necesidades alimenticias.
Singapur también dispone de los capitales para invertir en obras de infraestructuras, como puertos y en proyectos como astilleros para lo cual Panamá ofrece oportunidades varias. Singapur ha hecho de la tecnología y las telecomunicaciones una industria. Panamá sería beneficiada con una gama de conocimientos y de avances técnicos, los cuales nos colocarían en una posición envidiable dentro de la región centroamericana y del Caribe. Ambos países son centros bancarios con niveles internacionales de calidad. En este campo podrían unir esfuerzos creando nuevos conceptos en la industria del financiamiento, cuyo resultado beneficiaría a la actividad comercial y marítima de ambas regiones. El cielo es su límite.
Es necesario dar un voto de confianza a los actuales negociadores, pero también es importante incorporar a la mesa a un representante de la próxima gestión presidencial, ya que éstos no son temas de un sector político o gobierno, sino de Estado.
El resultado positivo de estas rondas negociadoras traerá como consecuencia beneficios mutuos a ambas economías y a sus poblaciones.
Además es necesario recalcar a quienes temen que la negociación paralela de dos TLC, especialmente cuando uno es con Estados Unidos, pudiese debilitar la capacidad de negociación panameña .
Panamá posee excelentes profesionales, tanto en el sector público como privado; con el talento necesario para manejar simultáneamente las negociaciones de dos TLC.
Más aún, en el caso de Singapur dichas negociaciones debieron ser mucho más fáciles y menos conflictivas.
Finalmente, quisiera insistir que no sólo en el tema de comercio y de desarrollo económico busquemos ese acercamiento con Singapur. Es imprescindible que si deseamos realmente avanzar como Estado moderno, asimilemos esa filosofía de trabajo del pueblo singapurense y si no a través de un líder como Lee Kuan Yew, que sea entonces por medio de la buena voluntad y disposición de todos los panameños que anhelamos una mejor calidad de vida, no sólo material sino de espíritu y actitud.