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La maestra Lolita


"Gloria al ser abnegado que cuida
Con amor a la Patria ¡Salud!
Al que pone la luz de la vida
En el alma de la juventud"
La escuela fue siempre para ella su campo de acción. Tempranamente, al igual que otras jóvenes de su generación, inició su desempeño como maestra en "La Heroica" Villa de Los Santos, cuando aún la década del 30 no asomaba y la República balbuceaba. Del ejemplo recibido en el hogar, tanto de su madre Doña Heliodora Moreno del Castillo de Villalaz, como de sus tías más cercanas Anita, Elida y Mercedes, y de sus hermanas mayores, Sara y Carmen, hizo siempre el bien desde las aulas y fuera de ella.
Para sus sobrinos, era nuestra Tía Lolita. Para sus alumnos y los que la conocieron primero, como maestra en la Escuela República de Honduras que pasaría a ser, luego, la Nicanor M. Villalaz, de la cual llegó a ser su Directora, fue siempre la Maestra Lolita.
Emita, Linda y Valeria pudieron dar fe siempre de la bondad y la dedicación que en ellas puso, al brindarles el calor de hogar y la educación que eran merecedoras, pero que, por sus orígenes kunas, no podían alcanzar en esos momentos.
Supo llevar a la práctica lo que tan bien recoge Fernando Savater, cuando nos dice: "El hecho de enseñar a nuestros semejantes y de aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetuan o transmiten".
Los recuerdos que acuden de mi tía Lolita son muchos. Se confunden, claro está, con las remembranzas familiares en las que -con sus hermanas y hermanos- nos hacían disfrutar las alegrías de entonces y los veranos tan esperados para saborear la casa solariega, con las brisas y los calores, pero también con las idas de madrugada a Los Olivos -con tío Mingo- a los ordeños y luego, a disfrutar de las sandías a las orillas del río.
Las deliciosas mermeladas y dulces de mango, de tomate, de marañón, que preparaba tía Lolita y, ¿cómo olvidar su presencia navideña con la caja de galletas danesas tan esperadas en los diciembre infantiles?
Sus hermanas y hermanos, Ana, Rosita, Merce, Fanny, Nicanor, Juanelo, Juan Marcelino, Manuel Balbino, además de Sara y Carmen, encontraron siempre en ella, al igual que todos sus familiares a lo largo de toda su vida, esa bondad que irradiaba con su voz y mirada siempre supo repartir a todos.
Heliodora Villalaz Moreno, la Maestra Lolita, nació un 19 de diciembre de 1910 y se despidió de este mundo el pasado 14 de agosto, rodeada del cuidado y dedicación de sus hijos René y Doris con sus respectivos consortes Elvira Elena y Yoyo, del amor de sus diez nietos y 16 biznietos que, al igual que nosotros -sus sobrinos y demás familiares- hoy lloramos su partida.
Viuda de Don Domingo Villalaz Villalaz, quien la precedió en la partida en 1978, tía Lolita no dejó nunca de ser madre y maestra en todos sus quehaceres y acciones cotidianas que no forman parte del interés de nuestros medios de comunicación modernos porque para ellos no es negocio dar a conocer a quienes hacen el bien.
La Maestra Lolita ha partido y, con ella se encontrarán muchas otras maestras de su generación que la precedieron en el cumplimiento de la ley natural.
Las maestras Judith Plicet, Clement Correa, Celia Moreno y todas aquellas que al igual que tía Lolita y su hermana Carmen, llevaron siempre en sus manos y en su corazón "el libro vívida estrella que conduce hacia la redención"; que supieron hacer realidad la sabia enseñanza de Montaigne: "El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender".
Se nos dice que en todo recuerdo hay una tristeza y, así es. Pero, también hay la alegría de haber podido tener cerca a seres tan bondadosos como mi tía Lolita, la Maestra Lolita.

101 años de Panamá América

 
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