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La magia de Patria


Mientras su autor deambula de tarima en tarima, sin poder sumar los acordes de su música a la celebración del primer centenario de la República, su legendaria canción "Patria" se alzaba en medio de la polémica, simbolizando con toda su fuerza el alma de la joven nación convertida en Estado. ¿Cuál es el misterioso atractivo de esa sencilla melodía, prensada en 1988, de ritmo afrocubano, acordes melancólicos, escaso acompañamiento y letra descomplicada?
Buscamos atentos en su música, y no la hallamos. Rubén Blades ha escrito decenas de muchas mejores canciones. Técnicamente hablando, no es de las mejores. Pero aun así, como decía un analista y traductor de Neruda, hay en ella "tantas raíces".
Aquello es un fenómeno extra sensorial, imposible de analizar con rigor académico. Son apenas 27 versos que encierran en su brevedad un universo que trasciende el tiempo, la distancia y las generaciones. Parece ser hecha para perdurar por siempre, para que igual se adapte a todas las décadas de antes y después, en tiempos buenos y malos.
Habla de dictadores, del barrio, la familia, la abuelita, del pueblo, de la incapacidad del poeta para describir sentimientos y, sin embargo, los dibuja mejor que nadie. Muy pocos artistas de la nacionalidad consiguieron pintar tan bien la panameñidad. "Con el alma en la garganta", ante la pregunta de "un chiquillo", denota el desnudamiento del espíritu frente a la inocencia. Y ante la limitación de las palabras para explicar sentimientos, los define con extraordinario simbolismo como "Flor del barrio", o "paredes del barrio" que puede ser Chorrillo, Cerro Batea, o Mano de Piedra Durán.
Canta también a la nostalgia por el terruño que atesoran los emigrantes, a los mártires de enero cuya inmolación hizo posible la recuperación del Canal y la consolidación de la independencia, de la represión del pueblo, del país de todos, de jóvenes, niños y viejos, y del futuro de esperanza (recordamos "Chica plástica") cuando dice "eterna primavera", "risa de hermanita nueva" y "tantas cosas bellas".
Y lo más asombroso es que lo consigue sin perder la universalidad característica de su éxito, hasta el punto que un inmigrante argentino en nuestro país, que dirigió la selección panameña femenina de fútbol, decía que, aunque la cálida acogida que recibió en nuestro país le hizo renegar inicialmente de su país, el escuchar "Patria" lo hizo entrar en razón. "Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino", decía Martí.

101 años de Panamá América

 
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