La magia del perdón
Has escuchado la frase “La historia se repite en espiral”. Seguro que sí. Empero, no permitas que este adagio popular en el contexto de esta reflexión marque la vida de un ser que requiere tu presencia.
Cada tercer domingo del mes de junio se celebra en nuestro país el “Día del Padre”. Es una fecha de júbilo para quienes tenemos la dicha de tener a nuestro lado a un hombre noble al que –biológicamente, legalmente o por crianza– le decimos “papá”. En otros casos, es un día de memorable recordación para aquellos que han perdido la presencia física de esta importante figura. En ambos casos, nos regocijamos de vivencias y recuerdos imborrables. Sin embargo, hay quienes carecen de la presencia física y espiritual de este hombre. Es por ellos que hoy siento la necesidad de tocar el corazón de quienes todavía tienen la oportunidad de que alguien les diga papá y dudan al encarar esta responsabilidad.
Paternidad se deriva etimológicamente de la palabra “pater”, que significa protector.
El padre juega un papel determinante dentro del núcleo familiar, que es donde se sientan las bases para la formación de la personalidad del niño. Si un hombre decide no asumir tal responsabilidad, las madres pueden hacer valer los derechos de sus hijos mediante la ley. Pero, más allá de la contribución económica, un niño necesita de un padre que vele por su andar, independientemente de la ruptura de lazos forjados entre sus progenitores.
Un padre puede estar ausente por diversas causas, pero esto no quiere decir que no exista. Hoy te hago un llamado para que no excluyas tu presencia en la vida de tu hijo. Es un buen momento para que las heridas de ambos empiecen a cicatrizar. Es la oportunidad de que te estremezca y te libere la magia de ese perdón que necesitas interiorizar.
Aquel que crece sin el amor de la figura paterna adolece de ciertas emociones que indudablemente dejan una estela de sentimientos encontrados.
Enterarte de que serás padre es una noticia impactante y sobrecogedora, pues no es fácil de asimilar. De hecho, hay quienes les toma una vida darse cuenta de ese rol. Hay un cúmulo de emociones que se entrelazan, pero sin duda enfrentarás la aventura más gratificante de la vida. No te despojes de ese privilegio. Cuando no te encuentras preparado, sientes desasosiego, angustia y temor; más aún si has vivido la experiencia de no tener un padre a tu lado, realidad que se repite en muchos hogares panameños. No obstante, tú puedes romper esa cadena.
Es tu hora de cercenar de raíz ese espiral. Sé tú el ejemplo. Puedes dar a tu hijo el mejor tiempo de tu vida.
Acepta esa divina tarea. No le des la espalda a quien necesita apoyarse en tu pecho, escuchar tu corazón y rodearse de la fuerza de tus brazos. No te pierdas el embriagante hechizo de escuchar a alguien decir “Feliz Día del Padre, papá”.