La mala calificación de la educación
Que el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina (PREAL) haya reiterado lo que ya sabemos, que la calidad que ofrece la educación nacional es un desastre, no es nada nuevo. Periódicamente, todos los medios publicamos los resultados que arrojan estas evaluaciones, elaboradas por distintas entidades, locales y extranjeras, que coinciden en lo mismo.
En uno de los últimos informes que recordamos, la Universidad Tecnológica de Panamá sometió a los egresados de centros secundarios, privados y públicos, que aplicaban a un primer ingreso a su centro, a pruebas uniformes y aprobadas por la mayoría de las mejores universidades del continente, y el resultado fue el mismo, que estamos rezagados con respecto a otros países de América Latina.
Roxana Castrellón, empresaria de la educación, propuso hace años que entidades especializadas aplicaran pruebas uniformes internacionales para medir la calidad de la enseñanza, y no se hizo. Pero estamos a tiempo para hacerlo, pues es una buena recomendación para evitar botar el dinero y hacer que el gasto educativo sea más eficiente.
Por lo pronto, las pruebas de PREAL arrojaron deficiencias mayúsculas en los niveles de enseñanza a edades tempranas y mayor (menos de 5 y más de 15 años de edad), lo cual es grave, puesto que un niño, en sus primeros años, debe contar con base suficiente antes de insertarse en el flujo más fuerte del sistema e igual el joven de 15 que aspira a una enseñanza superior o a aprender una profesión u oficio. En ambos casos, significa tener bases endebles para avanzar hacia las siguientes etapas. ¿Qué hacer? Pues, reforzarlas con más calidad que cantidad. Y eso incluye no sólo los currículum de estudio, sino también el desempeño y preparación de los educadores.
En uno de los últimos informes que recordamos, la Universidad Tecnológica de Panamá sometió a los egresados de centros secundarios, privados y públicos, que aplicaban a un primer ingreso a su centro, a pruebas uniformes y aprobadas por la mayoría de las mejores universidades del continente, y el resultado fue el mismo, que estamos rezagados con respecto a otros países de América Latina.
Roxana Castrellón, empresaria de la educación, propuso hace años que entidades especializadas aplicaran pruebas uniformes internacionales para medir la calidad de la enseñanza, y no se hizo. Pero estamos a tiempo para hacerlo, pues es una buena recomendación para evitar botar el dinero y hacer que el gasto educativo sea más eficiente.
Por lo pronto, las pruebas de PREAL arrojaron deficiencias mayúsculas en los niveles de enseñanza a edades tempranas y mayor (menos de 5 y más de 15 años de edad), lo cual es grave, puesto que un niño, en sus primeros años, debe contar con base suficiente antes de insertarse en el flujo más fuerte del sistema e igual el joven de 15 que aspira a una enseñanza superior o a aprender una profesión u oficio. En ambos casos, significa tener bases endebles para avanzar hacia las siguientes etapas. ¿Qué hacer? Pues, reforzarlas con más calidad que cantidad. Y eso incluye no sólo los currículum de estudio, sino también el desempeño y preparación de los educadores.