La maldita balacera de siempre
Escoja usted un día cualquiera y notará que las noticias inician así: "Le roban el arma y le meten cinco tiros al guardia de seguridad" "Hoy un cuerpo mutilado amaneció en el corredor sur", y también sobre los interminables secuestros express que no faltan y que no son reportados. Nuestra conversación de domingo se ha vuelto una especie de reunión de la Mossad, donde cada uno propone alguna nueva forma de evitar ser atacado por los delincuentes, o comenta con tristeza la noticia violenta de la semana.
No puedo dejar de sentir impotencia, dolor y rabia por la muerte de Anel Omar Rodríguez, Director de INAC; una persona de gran carisma y una luz dentro del PRD, que deja un vacío irreparable, sumándose así a la interminable lista de inocentes que mueren producto de la violencia en Panamá. Poco consuelo dan las trilladas excusas... "En otros países es peor", "eso es culpa del narcotráfico".
Da vergüenza que antes de la invasión (1989) existían 15,000 unidades bien entrenadas, y hoy día, 20 años después, tengamos esa cantidad o menos sin un entrenamiento adecuado, sin disciplina ni apoyo moral y técnico. El policía de hoy, por más que quiera cumplir su deber, se enfrenta a muchos problemas, entre los cuales están su situación económica y familiar, lleno de deuda y con hogares al borde de la desintegración. Irónicamente, además, vive en el mismo barrio donde vive el maleante y si toma alguna acción contra éste, lo acusan ante los derechos humanos con la gran probabilidad de que pierda su trabajo.
Por otro lado, los delincuentes poseen armas de gran calibre como la AK-47, y tienen la facilidad de comprar a superiores y compañeros de éstos; mientras que los policías cuentan sólo con un revolver 38 de seis balas y su ridículo uniforme caqui.
Pero la desgracia del policía no termina ahí. Todo el mundo está en contra él, quien tiene que cargar con el injusto estigma de violador de los derechos humanos, corrupto y posible golpista.
Cuando me enteré de la noticia sobre Anel Rodríguez, lo primero que dije fue: "la policía no sirve"; pero ahora, tras reflexionar, me doy cuenta que no es el policía, somos nosotros los que hemos contribuido a este tétrico cuadro. Asumamos nuestra responsabilidad y exijamos a los gobernantes un mejor estamento de seguridad para salvaguardar la vida de todos.