La Mamicracia
UNA palabra se viene repitiendo incesamente -desde hace más de un año a esta parte- en el vocabulario de los comentaristas y de un buen número de la población y de los políticos que dirigen nuestro país: el Pacto MAMI. No pasa una semana sin que las actuaciones del Presidente de la República o de la ex-Presidenta de la República y de los principales funcionarios o seguidores de ambos, no dejen de corroborarnos a los curiosos observadores y seguidores del acontecer, con sus actuaciones, declaraciones, relaciones, posiciones, ambiciones y demás, la existencia y vigencia del mencionado acuerdo politiquero.
La fecha y el lugar de la firma del Pacto MAMI tal vez jamás logre ser conocida por todos, pero cada día las acciones de los firmantes y/o participantes del mismo, ponen en evidencia la existencia de esta rama panameña del contractualismo de la política criolla. Su trascendencia ha sido mayor que los efectos que logró alcanzar el denominado Pacto META, suscrito en su momento por las cúpulas del Partido Revolucionario Democrático y del Partido Democracia Cristiana, hoy rebautizado Partido Popular.
Que se describa o defina el Pacto MAMI, no es lo que preocupe o perturbe de manera alguna a sus autores y beneficiarios. Crea sí, confusión en la población víctima de sus consecuencias y de su coordenado cumplimiento por las partes integrantes. Los panameños no habíamos tenido oportunidad de conocer, en la corta historia de nuestra vida político-partidista, una relación contractual cuya naturaleza permitiese que la autocracia primitiva promovida por la dictadura militar (1968-1989) y sus benefactores, extraviada en la maraña del autoritarismo y el totalitarismo contenido en la Constitución de 1972 y sus Códigos, alcanzara el poder convertirse referencia obligada para cualquier hipótesis de trabajo sobre nuestra sociedad política.
En efecto, si se denomina continuismo a "la prolongación de sistemas o estilos políticos o económicos de un gobierno en otro que lo sucede", no se puede perder de vista que, como bien nos enseñan los conocedores: "Generalmente la palabra tienen una connotación peyorativa porque significa la extensión en el tiempo de un orden negativo. Se refiere a la continuación de los errores, abusos, deshonestidad o ineptitud del régimen político precedente. Indica también... la falta de cambio o renovación en los sistemas políticos."
Las pasadas elecciones y la parafernalia electoral, sirvieron al actual gobierno a levantar un sinnúmero de expectativas a través de un rosario de promesas de "cambio" en el terreno de lo social, económico, político y un largo etcétera. Sin embargo, los balances, análisis y comentarios después de doce meses de gobierno han puesto en evidencia lo acentuado del continuismo y la absoluta ausencia de voluntad o propósito de cambios. Y no podía ser de otra manera dado que el incumplimento de los ofrecimientos electorales, han permitido corroborar que las ofertas producto de la demagogia quedarán siempre para las calendas griegas.
Los temas y problemas no resueltos desde la invasión y la esperada transición democrática, han contribuido al desencanto de la ciudadanía con la política y los políticos y han sentado las bases para la atípica e híbrida "política de la antipolítica", que es esta simulación para el despotismo que bien puede bautizarse como la Mamicracia. Definir el régimen de Mamicracia es importante pero no necesariamente determinante en las actuales circunstancias. Lo que debe contar para nosotros es conocer bien las prácticas de este neopopulismo a la panameña que resulta de la fusión del llamado torrijismo con el arnulfismo, que le permite a la oligarquía recuperar su protagonismo mientras el gobierno se entrampa en prácticas corruptas y el círculo íntimo del presidente actua como neoligarquía, al tiempo que progresa la lumpenización de la sociedad y de la política, acompañada de la profunda crisis institucional y del desmantelamiento del Estado.
El Pacto MArtín-MIreya actúa con la desfachatez que le alimenta la impunidad, tal como lo corrobora el último almuerzo de los integrantes del Gabinete de Moscoso. Muchos pronto no estarán para la última cena pues la Mamicracaia los llama. Carentes de grandeza, de proyectos históricos y, sobre todo, de perspectivas ideológicas, la Mamicracia avanza en sus intentonas de dejarnos sin país. Conviene releer a Edmund Burke y recordar con él que, "la única condición para que el mal pueda triunfar, es que los buenos no hagan nada."
La fecha y el lugar de la firma del Pacto MAMI tal vez jamás logre ser conocida por todos, pero cada día las acciones de los firmantes y/o participantes del mismo, ponen en evidencia la existencia de esta rama panameña del contractualismo de la política criolla. Su trascendencia ha sido mayor que los efectos que logró alcanzar el denominado Pacto META, suscrito en su momento por las cúpulas del Partido Revolucionario Democrático y del Partido Democracia Cristiana, hoy rebautizado Partido Popular.
Que se describa o defina el Pacto MAMI, no es lo que preocupe o perturbe de manera alguna a sus autores y beneficiarios. Crea sí, confusión en la población víctima de sus consecuencias y de su coordenado cumplimiento por las partes integrantes. Los panameños no habíamos tenido oportunidad de conocer, en la corta historia de nuestra vida político-partidista, una relación contractual cuya naturaleza permitiese que la autocracia primitiva promovida por la dictadura militar (1968-1989) y sus benefactores, extraviada en la maraña del autoritarismo y el totalitarismo contenido en la Constitución de 1972 y sus Códigos, alcanzara el poder convertirse referencia obligada para cualquier hipótesis de trabajo sobre nuestra sociedad política.
En efecto, si se denomina continuismo a "la prolongación de sistemas o estilos políticos o económicos de un gobierno en otro que lo sucede", no se puede perder de vista que, como bien nos enseñan los conocedores: "Generalmente la palabra tienen una connotación peyorativa porque significa la extensión en el tiempo de un orden negativo. Se refiere a la continuación de los errores, abusos, deshonestidad o ineptitud del régimen político precedente. Indica también... la falta de cambio o renovación en los sistemas políticos."
Las pasadas elecciones y la parafernalia electoral, sirvieron al actual gobierno a levantar un sinnúmero de expectativas a través de un rosario de promesas de "cambio" en el terreno de lo social, económico, político y un largo etcétera. Sin embargo, los balances, análisis y comentarios después de doce meses de gobierno han puesto en evidencia lo acentuado del continuismo y la absoluta ausencia de voluntad o propósito de cambios. Y no podía ser de otra manera dado que el incumplimento de los ofrecimientos electorales, han permitido corroborar que las ofertas producto de la demagogia quedarán siempre para las calendas griegas.
Los temas y problemas no resueltos desde la invasión y la esperada transición democrática, han contribuido al desencanto de la ciudadanía con la política y los políticos y han sentado las bases para la atípica e híbrida "política de la antipolítica", que es esta simulación para el despotismo que bien puede bautizarse como la Mamicracia. Definir el régimen de Mamicracia es importante pero no necesariamente determinante en las actuales circunstancias. Lo que debe contar para nosotros es conocer bien las prácticas de este neopopulismo a la panameña que resulta de la fusión del llamado torrijismo con el arnulfismo, que le permite a la oligarquía recuperar su protagonismo mientras el gobierno se entrampa en prácticas corruptas y el círculo íntimo del presidente actua como neoligarquía, al tiempo que progresa la lumpenización de la sociedad y de la política, acompañada de la profunda crisis institucional y del desmantelamiento del Estado.
El Pacto MArtín-MIreya actúa con la desfachatez que le alimenta la impunidad, tal como lo corrobora el último almuerzo de los integrantes del Gabinete de Moscoso. Muchos pronto no estarán para la última cena pues la Mamicracaia los llama. Carentes de grandeza, de proyectos históricos y, sobre todo, de perspectivas ideológicas, la Mamicracia avanza en sus intentonas de dejarnos sin país. Conviene releer a Edmund Burke y recordar con él que, "la única condición para que el mal pueda triunfar, es que los buenos no hagan nada."