La mano invisible
Entre los planteamientos iniciales del ahora presidente de Panamá está su declaración en el sentido de que hará todo lo que esté a su alcance para avanzar los ideales de una economía libre.
La radicalidad del planteamiento que se discute queda claro si se recuerda que la fe en el mercado al estilo de Milton Friedman lleva a la creencia de que el Estado no debe jugar ningún papel en términos de intervención en la economía, ya que el libre funcionamiento de la llamada mano invisible de Adam Smith aseguraría la plena racionalidad económica y social. Es así que el Estado no debería intervenir, ni por la vía de la política monetaria ni por la vía de la fiscal, para promover el empleo, ya que el sistema actuando libremente, sobre la base de la llamada Ley de Says, lograría automáticamente el pleno empleo.
Por lo que se refiere al sistema financiero, éste debería ser liberado de la regulación pública, entendiendo que en la medida que los mercado de los financieros funcionen con plena libertad se lograría, nuevamente gracias al automatismo mercantil, una situación en la que no sólo el crédito sería adecuadamente asignado, sino que el riesgo se distribuiría en forma óptima. En el mismo sentido se postula la plena privatización de la provisión de los servicios sociales, incluyendo la salud y la educación, bajo la base de la idea de que los mismos se generan de manera también óptima cuando se los someta a la lógica de la maximización de las ganancias.
En relación con la distribución del ingreso se propone que la reducción de los impuestos a los más ricos llevaría, de acuerdo a los planteamientos de Arthur B Laffer, a un mayor nivel de ahorro, inversiones y crecimiento, lo cual justificaría la presencia de una distribución altamente inequitativa del ingreso.
En el ámbito de los precios se propone su plena liberación, aduciendo que esa sería la clave fundamental para la asignación correcta de los recursos. El Estado, por tanto, no debería internar regular o subsidiar ni siquiera los precios de la canasta básica. Esta forma de libertad económica se expresaría, además, en un comercio internacional totalmente liberalizado, así como la eliminación de toda la regulación laboral, incluyendo, por ello, la eliminación del salario mínimo.
Más allá de insistir en que la actual crisis ha convertido en obsoletas las ideas del fundamentalismo de mercado, vale la pena destacar que la experiencia ha mostrado, como lo destaca Naomi Klein en su reciente libro “La doctrina del shock”, que este tipo de políticas sólo se han logrado establecer de manera plena en regímenes autoritarios y antidemocráticos. Esto, desde luego, no resulta una casualidad, ya que de acuerdo con sus principales autores, la libertad de mercado tiene una preeminencia absoluta sobre el resto de las libertades. Es así que para Friedrich A von Hayek, el más importante y radical representante de la visión neoliberal, la defensa de la libertad de mercado debe ser “necesariamente inflexible, dogmática y doctrinaria, y no debe hacer ninguna concesión a consideraciones de oportunidad”.
En estas circunstancias, la tarea de organizar a la población para la defensa de sus intereses resulta inminente. Así mismo resulta obligado exigir al nuevo gobierno una aclaración en torno al significado de las declaraciones aquí discutidas.