La marea roja y su perspectiva
El hecho de que Panamá participe en una eliminatoria mundial de fútbol, implica necesariamente, que estamos estableciendo mecanismos de acercamiento a nuestros vecinos de Centroamérica y el Caribe. Ahora, después de años, comenzamos a entender que el fútbol es un deporte universal y que contribuye al desarrollo de las relaciones internacionales. Sin precedentes es que el país juegue al mismo nivel de potencias de la CONCACAF, tomando en cuenta que México ha participado en 11 mundiales, es el número trece en la clasificación de la FIFA y tiene fútbol profesional de más de 50 años. Esto implica que en dos décadas hemos llegado a la capacidad de participar en la segunda ronda de una clasificación para el mundial de fútbol.
El hecho de la marea roja, es más que justificada desde el punto de vista emocional y deportivo. La dimensión del fútbol panameño aún es limitada, porque nuestro país no tiene una política definida sobre el deporte y además, nuestros deportistas siempre son ayudados a última hora, como si en días se pudieran resolver los problemas de capacidad física y técnica. El deporte requiere de una planificación y acción de conjunto, no se gana con las ayudas de última hora, sólo es posible cuando existe una política y planes de trabajo de largo plazo.
En la última década, hemos vivido un cambio en las emociones deportivas, hoy los torneos de fútbol nacional de ANAPROF tienen tantos fanáticos como el béisbol, con la única diferencia que no existen campos deportivos. Esta situación no permite que tengamos fútbol profesional y en consecuencia, nos limitemos en la participación de los equipos nacionales en las confrontaciones internacionales. Las pasadas dos semanas han sido ricas en formación y organización de la famosa y comentada marea roja, porque los medios de comunicación, en su afán de promover, sin querer o queriendo, han creado una nueva forma de nacionalismo y de confianza mutua entre nosotros. A pesar de la dimensión del fútbol mexicano, los panameños asumimos con fe y confianza la oportunidad de ganar. Me llené de emoción y patriotismo, pero cuando comenzó el juego, entendí que estábamos luchando contra la gran potencia de CONCACAF y me llené de satisfacción. El sólo hecho de jugar con México, ya es una ganancia.
La marea roja no sólo es un grito, se ha constituido en una oportunidad para llamar la atención de los ciudadanos, las empresas y el propio gobierno de lo que nos falta para impulsar el fútbol y crear como en todos los países una pasión y emoción permanente. La enseñanza de este evento es una responsabilidad de todos los panameños, por eso considero que debemos, desde ahora, prepararnos para las próximas eliminatorias de las olimpiadas y el mundial de fútbol del 2006. Para eso proponemos que los legisladores se ganen a la población, requerimos estadios, ellos tienen sus fondos circuitales y la casualidad que donde necesitamos estadios es donde más legisladores hay, en consecuencia, pueden escribir su nombre en la historia. Por ejemplo si los seis legisladores de San Miguelito se proponen hacer un estadio profesional requieren de B/. 2 a 3 millones, ellos pueden poner cada año B/. 200,000.00 de su parida, suficiente para ejecutar en un año B/. 1,200,000.00. En el caso de Colón, hay una partida histórica en el FIS para un estadio de fútbol desde hace tres años; se ha licitado y todavía no hay una decisión de cómo se construirá. El caso de Arraiján y Chorrera es similar, se requiere de nuevo estadio, no se puede seguir metiendo dinero en campos que no tienen posibilidades de convertirse en estadios profesionales. No hay que hacer sacrificios presupuestarios, los legisladores pueden ganarse un verdadero poroto. Tomen la decisión y la sociedad los va a premiar.
Cuando vi el juego pensé en la dimensión económica de la actividad. Se dice que vivimos en una economía estancada, pero la pasión de la marea roja, hizo que el circulante monetario saliera, generando recursos a los almacenes, las cervecerías, las gasolineras, etc., es decir, tiene un efecto de multiplicador económico. Me acordé de mi profesor de historia con relación a la Roma Imperial, cuando explicaba el concepto "pan y circo", no sólo es un instrumento para mantener a la sociedad, sino que impulsa a un nuevo estadio a la economía. Es decir, que en este mar de despidos, desempleo y falta de esperanza, la marea roja ha motivado y creado por un par de día recursos para muchos panameños.
La dimensión social que ha creado la marea roja es que nos permite fortalecer el nacionalismo, creer en la capacidad de nuestra gente y deportistas. Entonces, la dimensión social, nos permite llamar la atención, de que los panameños requerimos de estos estímulos. La dimensión de la esperanza de la marea roja tiene que ser fortalecida con la acción, demostramos que sí podemos. A los políticos, no dejan pasar el tiempo, necesitamos que sus partidas circuitales vayan dirigidas a los nuevos estadios de fútbol; a los empresarios, hay un motivo para mejorar los negocios, en conjunto con la sociedad civil impulsemos el deporte; a los deportistas, mantengan el espíritu de lucha y competencia para el futuro; a los medios de comunicación, que con proyectos concretos e ideas de unidad podemos continuar impulsando el desarrollo humano; al gobierno, la enseñanza es que sin motivación y participación es imposible cumplir con las tareas del desarrollo, por lo tanto, nos llama a la reflexión sobre los proyectos que hoy se ejecutan sin son ni ton; y a la sociedad, sigamos construyendo la patria.
El hecho de la marea roja, es más que justificada desde el punto de vista emocional y deportivo. La dimensión del fútbol panameño aún es limitada, porque nuestro país no tiene una política definida sobre el deporte y además, nuestros deportistas siempre son ayudados a última hora, como si en días se pudieran resolver los problemas de capacidad física y técnica. El deporte requiere de una planificación y acción de conjunto, no se gana con las ayudas de última hora, sólo es posible cuando existe una política y planes de trabajo de largo plazo.
En la última década, hemos vivido un cambio en las emociones deportivas, hoy los torneos de fútbol nacional de ANAPROF tienen tantos fanáticos como el béisbol, con la única diferencia que no existen campos deportivos. Esta situación no permite que tengamos fútbol profesional y en consecuencia, nos limitemos en la participación de los equipos nacionales en las confrontaciones internacionales. Las pasadas dos semanas han sido ricas en formación y organización de la famosa y comentada marea roja, porque los medios de comunicación, en su afán de promover, sin querer o queriendo, han creado una nueva forma de nacionalismo y de confianza mutua entre nosotros. A pesar de la dimensión del fútbol mexicano, los panameños asumimos con fe y confianza la oportunidad de ganar. Me llené de emoción y patriotismo, pero cuando comenzó el juego, entendí que estábamos luchando contra la gran potencia de CONCACAF y me llené de satisfacción. El sólo hecho de jugar con México, ya es una ganancia.
La marea roja no sólo es un grito, se ha constituido en una oportunidad para llamar la atención de los ciudadanos, las empresas y el propio gobierno de lo que nos falta para impulsar el fútbol y crear como en todos los países una pasión y emoción permanente. La enseñanza de este evento es una responsabilidad de todos los panameños, por eso considero que debemos, desde ahora, prepararnos para las próximas eliminatorias de las olimpiadas y el mundial de fútbol del 2006. Para eso proponemos que los legisladores se ganen a la población, requerimos estadios, ellos tienen sus fondos circuitales y la casualidad que donde necesitamos estadios es donde más legisladores hay, en consecuencia, pueden escribir su nombre en la historia. Por ejemplo si los seis legisladores de San Miguelito se proponen hacer un estadio profesional requieren de B/. 2 a 3 millones, ellos pueden poner cada año B/. 200,000.00 de su parida, suficiente para ejecutar en un año B/. 1,200,000.00. En el caso de Colón, hay una partida histórica en el FIS para un estadio de fútbol desde hace tres años; se ha licitado y todavía no hay una decisión de cómo se construirá. El caso de Arraiján y Chorrera es similar, se requiere de nuevo estadio, no se puede seguir metiendo dinero en campos que no tienen posibilidades de convertirse en estadios profesionales. No hay que hacer sacrificios presupuestarios, los legisladores pueden ganarse un verdadero poroto. Tomen la decisión y la sociedad los va a premiar.
Cuando vi el juego pensé en la dimensión económica de la actividad. Se dice que vivimos en una economía estancada, pero la pasión de la marea roja, hizo que el circulante monetario saliera, generando recursos a los almacenes, las cervecerías, las gasolineras, etc., es decir, tiene un efecto de multiplicador económico. Me acordé de mi profesor de historia con relación a la Roma Imperial, cuando explicaba el concepto "pan y circo", no sólo es un instrumento para mantener a la sociedad, sino que impulsa a un nuevo estadio a la economía. Es decir, que en este mar de despidos, desempleo y falta de esperanza, la marea roja ha motivado y creado por un par de día recursos para muchos panameños.
La dimensión social que ha creado la marea roja es que nos permite fortalecer el nacionalismo, creer en la capacidad de nuestra gente y deportistas. Entonces, la dimensión social, nos permite llamar la atención, de que los panameños requerimos de estos estímulos. La dimensión de la esperanza de la marea roja tiene que ser fortalecida con la acción, demostramos que sí podemos. A los políticos, no dejan pasar el tiempo, necesitamos que sus partidas circuitales vayan dirigidas a los nuevos estadios de fútbol; a los empresarios, hay un motivo para mejorar los negocios, en conjunto con la sociedad civil impulsemos el deporte; a los deportistas, mantengan el espíritu de lucha y competencia para el futuro; a los medios de comunicación, que con proyectos concretos e ideas de unidad podemos continuar impulsando el desarrollo humano; al gobierno, la enseñanza es que sin motivación y participación es imposible cumplir con las tareas del desarrollo, por lo tanto, nos llama a la reflexión sobre los proyectos que hoy se ejecutan sin son ni ton; y a la sociedad, sigamos construyendo la patria.