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La mayoría lo pidió


Las encuestas de los medios y las de todos aquellos que hacen las suyas propias llevaban a la determinante conclusión que la mayoría de la población clamaba por la unión de la oposición. El mensaje diáfano y rotundo fue que los líderes de los colectivos adversos al PRD no podían permanecer divorciados ni indiferentes al anhelo de las bases de sus partidos, ni a la aspiración de muchos independientes, sin arriesgar que sus propias membresías pudieran rebasar a su dirigencia. No obstante, la objetividad exige reconocer que la población quedó trastornada e incrédula al observar que los dos partidos mayoritarios de la oposición, después de los dimes y diretes de sus dirigentes y estrategas, llegasen a un acuerdo para unificar a la oposición.

Y es que, definitivamente, en la política no hay sorpresas sino sorprendidos, a pesar de que nuestra historia política está colmada de sucesos y anécdotas que demuestran que lo recientemente acontecido no deja de ser un caso ligero en comparación con casos anteriores.

Desde el inicio de nuestra república, el impresionante antagonismo entre liberales y conservadores se caracterizo por campañas de descrédito e inclusive hubo heridos y muertos, para después integrarse en futuros gobiernos. Las pugnas internas del tronco del Partido Liberal, dividido posteriormente en varios partidos, no obedecieron a razones de tipo ideológico sino que fueron de naturaleza personal, con la peculiaridad de que intercambiaron entre sí graves descalificaciones morales para después arrojarse uno en brazos del otro.

La rivalidad en los torneos electorales por la candidatura presidencial entre los simpatizantes de la Coalición Patriótica Nacional y los defensores del Partido Liberal estuvo plagada de calumnias contra la honra de las familias de políticos. En comicios electorales posteriores, algunos de los partidos y dirigentes que integraron la Coalición Patriótica Nacional favorecieron a candidatos presidenciales del Partido Liberal. Es conocido el enfrentamiento entre liberales y panameñistas en las elecciones de 1964 y 1968, cuando se dieron toda clase de atropellos, arrestos, persecuciones, muertos y heridos en ambos grupos. Treinta y un años después, en las elecciones de 1989 y 1994, arnulfistas y liberales, algunos protagonistas de aquellas rivalidades, lucharon juntos para lograr el poder político.

Sin embargo, posiblemente el antagonismo mas profundo que podemos recordar se verificó entre el PRD y la Democracia Cristiana, ahora Partido Popular, que en la actualidad son aliados políticos. Solo con este caso extremo se confirma que en política cualquier cosa es posible.

Esas anécdotas de alianzas y reconciliaciones acontecidas en el país, y muchas otras que se pudieran citar de otras naciones, nos enseñan que a pesar de la infamia, atropellos, cicatrices, resentimientos y pugnas partidistas, nunca es tarde para soldar todas las voluntades en un solo empeño de rectificación y reconstrucción nacional. Los dirigentes responsables se hacen eco de la aspiración genuina de la población, que en la actualidad es la unión de la oposición.

101 años de Panamá América

 
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