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La mecedora del dictador


EL ABOGADO Frank Rubino, uno de los defensores legales del dictador Manuel Antonio Noriega en Estados Unidos, manifestó recientemente que Noriega quiere venir a Panamá a sentarse en una mecedora ha disfrutar con sus nietos y terminar sus días en este país de forma tranquila y sin ningún tipo de aspiraciones políticas.
Me parece que las intenciones del dictador son el descaro y la burla más grande que puede recibir el pueblo panameño, ya que lo legal y justo sería que pague por todos los sufrimientos de miles de personas que fueron víctimas de tan nefasto régimen.
No obstante, en honor a la verdad, Noriega podrá sentarse en su mecedora y disfrutar de los beneficios y placeres de la vida panameña. Ojalá me equivoque, y que se equivoquen muchos panameños que piensan como yo, pero no es oculto que el escenario jurídico-político en el cual Noriega apuesta a sus aspiraciones, le cae como anillo al dedo.
Solamente tenemos que traer a colación las reformas al Código Penal, las cuales lo benefician enormemente, tanto por la prescripción de la pena, como la rebaja de la edad para permanecer detenido en la cárcel, y, obviamente, los escándalos de corrupción en que se encuentra inmersa la Corte Suprema de Justicia y las pretendidas reformas a la PTJ, situaciones que de provechosas algo tienen.
En el panorama político no es distinto. Observamos que dentro del Ejecutivo se encuentran instalados y sentados en puestos de alto rango, ministros, directores, asesores, etc., que mucho le deben al dictador y que son deudas que no dudo que las reclame para su propio beneficio.
Mejor panorama no puede encontrar el dictador para estar sentado en su mecedora, al igual que los beneficios que consiguió en épocas pasadas. Recordemos cuando el Nuncio Sebastián Laboa y sus asistentes lograron reafirmar un acuerdo formal con las autoridades norteamericanas, con el fin de garantizarle un trato justo a Noriega (trato justo al injusto). El acuerdo excluía, expresamente, toda posibilidad de aplicación de la pena de muerte o de prisión perpetua, a pesar que disposiciones legales adoptadas por Estados Unidos así lo permitían.
La Nunciatura reclamaba para el dictador un tratamiento justo y respetuoso que dejara plenamente a salvo los derechos humanos del General y la dignidad del mismo. De la Nunciatura y del cuerpo de abogados del dictador se les atribuyen las gestiones y beneficios anteriormente descritos, los cuales sirvieron de ayuda para que Noriega se entregara voluntariamente a la justicia americana, ya que era lo mejor que le convenía a sus intereses.
Hoy en día ocurre similarmente lo mismo. Ya sus abogados en Estados Unidos están trabajando para ver en qué forma alejan al dictador de la justicia francesa y regrese a Panamá a disfrutar de la vida y sus nietos sin ningún tipo de apremio.
Para ello, la defensa de Noriega presentó un recurso de Hábeas Corpus tendiente a lograr que los tribunales americanos ordenen la repatriación del dictador a Panamá, y poner un alto a los esfuerzos del gobierno de Washington para extraditar al General a Francia.
En vista del panorama halagador, es preferible que el dictador esté lejos de Panamá y del pueblo panameño, para que este último no tenga otra desilusión sobre la justicia.
Noriega no sería un caso aislado; por consiguiente, es preferible que sea entregado a manos de la justicia de Francia, país que por lo menos goza y ostenta un sistema de justicia más serio y más transparente que el nuestro, el cual pienso que garantizará que el dictador pague las injusticias que cometió en contra de muchos ciudadanos y del Estado panameño.
De ser Noriega entregado a la justicia de Francia, estoy seguro que le será más difícil sentarse en la mecedora que le tiene dispuesta Rubino y tal vez otros amigos panameños, quienes se quedarán con las ganas de ver sentado al dictador tomando café en los paladares frente al Champs-Elysees.

101 años de Panamá América

 
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