La metáfora del primer mundo
EL PRESIDENTE de la República, Martín Torrijos, en una fastuosa ceremonia realizada en el Centro de Convenciones Atlapa, pronunció el 24 de abril de 2006 un discurso en el cual declaró haber recibido ese día "La Propuesta de Ampliación del Canal de Panamá preparada por la ACP y su Junta Directiva que sustenta la viabilidad de la construcción de un tercer juego de esclusas". Anunció que toda la información pertinente "será pública y estará disponible, sin ninguna restricción." Agregó que "también estarán a disposición de la ciudadanía centros de información, así como los más de 120 estudios y las más de 55 mil páginas de documentos relativos al Canal de Panamá y a su ampliación."
Lo que candorosamente no anticipó el Mandatario fue que parte considerable de esa documentación estaba en idioma inglés y que en respuesta a algunos incautos que pidieron versiones en español, el Administrador del Canal, Ing. Alberto Alemán Zubieta, no vaciló en expresar que el inglés era el idioma de los negocios y que quienes quisieran el texto en español se hicieran cargo de hacer por su cuenta la traducción, lo cual más tarde fue objeto de parcial rectificación.
A nadie escapa el nivel e intensidad de las reacciones provocadas por la parte capital de ese discurso, en que el Primer Mandatario sostiene que lo que vamos a decidir en el referéndum no es sólo lo que va pasar con el Canal. Aboga porque "logremos poner en marcha una visión compartida de desarrollo nacional"; pero asimismo invoca nuestra posición geográfica y la nueva realidad internacional, para resaltar que "nos encontramos ante una verdadera oportunidad de romper la barrera del subdesarrollo y de acceder a ser un país del primer mundo".
Es natural que el ciudadano común y corriente se pregunte ¿qué es un país del primer mundo? En un principio se denominó así a los países altamente industrializados de Occidente, pero quienes alcanzan esta jerarquía dentro del marco de las relaciones económicas de carácter universal, son aquellos que bajo el prisma de las relaciones de poder, tienen como eje a los siete países de mayor desarrollo industrial que integran el llamado "Grupo de los Siete" como núcleo central formado por Alemania, Canadá, Italia, Japón, Estados Unidos de América, Inglaterra y Francia, al cual se ha incorporado después de la caída de la URSS, la Federación Rusa (Rusia) que abrió el camino para la formación del llamado "Grupo de los Ocho".
Sin embargo, en el presente escenario del sistema económico mundial, el Grupo de los Siete y aún el de los Ocho, a juicio de reputados economistas, pierde totalmente su rol hegemónico, lo cual nos hace pensar hasta qué punto puede justificarse la aspiración de un estadista del tercer mundo de "acceder a ser un país del primer mundo", cuando en la actualidad no se encara el llamado tercer mundo como una expresión de pobreza y atraso, y se reconoce su rol creciente en la rearticulación de la economía mundial con la participación, que se estima imprescindible, de China, India, Brasil y África del Sur.
La marcada insistencia de nuestro Primer Mandatario en vincular la construcción del tercer juego de esclusas al acceso de Panamá a ser un país del primer mundo, ha dado lugar a reacciones de acerba disconformidad de parte de respetables profesionales panameños.
Jorge F. Marengo H., Economista y Abogado de vasta experiencia en el ejercicio de importantes cargos públicos, señala que "Independientemente que se esté o no de acuerdo con la ampliación del Canal de Panamá , es necesario que al país se le hable en forma clara, honesta y precisa sobre los aspectos positivos y negativos de dicho proyecto, ya que hasta ahora solamente hemos escuchado los primeros". Al referirse a la probabilidad de que la ampliación del Canal tenga un impacto positivo en la economía del país, Marengo expresa que "Sin embargo, esta situación de una eventual bonanza no puede ni debe interpretarse como el trampolín que nos catapultaría y nos ha de convertir o encaminar a ser un país del primer mundo con todos sus beneficios, tal como se dejó ver el día que se anunció oficialmente la intención de realizar dicha obra". Con cruda severidad, Marengo, expresa de modo concluyente que "Nuestras pretensiones de aspirar a ingresar al privilegiado club de países desarrollados, si bien es un buen sueño, no es realista, es no tener los pies sobre la tierra y, más aún, es criticable, al estar haciéndole ver al país con estos cantos de sirena que por eso el proyecto es bueno, como si el mismo nos fuera a transformar radicalmente de la noche a la mañana." ("La demagogia de una ampliación", La Prensa, 12 de agosto de 2006).
Con la misma preocupación expuesta por Jorge Marengo, al referirse a los indicadores sociales de Panamá, que deja mucho que desear, como por ejemplo, la pobreza y pobreza extrema, la educación, salud, etc., el antiguo Embajador ante la O.E.A., Juan Manuel Castulovich, en su crónica del martes pasado pone de relieve que "La urgencia de la ampliación nadie la ha podido justificar; pero la urgencia de enfrentar la pobreza a nadie hay que demostrársela; es una caldera a punto de explotar". "Si pensáramos con lógica y sensatez -agrega Castulovich- en lugar de lanzarnos a la aventura incierta de la ampliación a tambor batiente, debiéramos reconsiderar y convocar a un diálogo nacional diferente al que ahora se instrumenta y que no es el que necesita el país. El diálogo que necesitamos, y para el que no requerimos de los buenos oficios del PNUD ni de ninguna otra instancia internacional, es uno que responda a nuestra verdadera urgencia: Cómo solucionar, ahora, no mañana, sin muchas teorías y con sentido de la realidad panameña, el hambre y la miseria que son las que amenazan nuestro futuro como nación." ("La pobreza, señores; primero la pobreza", Panamá América, 12 de septiembre de 2006).
Lo que candorosamente no anticipó el Mandatario fue que parte considerable de esa documentación estaba en idioma inglés y que en respuesta a algunos incautos que pidieron versiones en español, el Administrador del Canal, Ing. Alberto Alemán Zubieta, no vaciló en expresar que el inglés era el idioma de los negocios y que quienes quisieran el texto en español se hicieran cargo de hacer por su cuenta la traducción, lo cual más tarde fue objeto de parcial rectificación.
A nadie escapa el nivel e intensidad de las reacciones provocadas por la parte capital de ese discurso, en que el Primer Mandatario sostiene que lo que vamos a decidir en el referéndum no es sólo lo que va pasar con el Canal. Aboga porque "logremos poner en marcha una visión compartida de desarrollo nacional"; pero asimismo invoca nuestra posición geográfica y la nueva realidad internacional, para resaltar que "nos encontramos ante una verdadera oportunidad de romper la barrera del subdesarrollo y de acceder a ser un país del primer mundo".
Es natural que el ciudadano común y corriente se pregunte ¿qué es un país del primer mundo? En un principio se denominó así a los países altamente industrializados de Occidente, pero quienes alcanzan esta jerarquía dentro del marco de las relaciones económicas de carácter universal, son aquellos que bajo el prisma de las relaciones de poder, tienen como eje a los siete países de mayor desarrollo industrial que integran el llamado "Grupo de los Siete" como núcleo central formado por Alemania, Canadá, Italia, Japón, Estados Unidos de América, Inglaterra y Francia, al cual se ha incorporado después de la caída de la URSS, la Federación Rusa (Rusia) que abrió el camino para la formación del llamado "Grupo de los Ocho".
Sin embargo, en el presente escenario del sistema económico mundial, el Grupo de los Siete y aún el de los Ocho, a juicio de reputados economistas, pierde totalmente su rol hegemónico, lo cual nos hace pensar hasta qué punto puede justificarse la aspiración de un estadista del tercer mundo de "acceder a ser un país del primer mundo", cuando en la actualidad no se encara el llamado tercer mundo como una expresión de pobreza y atraso, y se reconoce su rol creciente en la rearticulación de la economía mundial con la participación, que se estima imprescindible, de China, India, Brasil y África del Sur.
La marcada insistencia de nuestro Primer Mandatario en vincular la construcción del tercer juego de esclusas al acceso de Panamá a ser un país del primer mundo, ha dado lugar a reacciones de acerba disconformidad de parte de respetables profesionales panameños.
Jorge F. Marengo H., Economista y Abogado de vasta experiencia en el ejercicio de importantes cargos públicos, señala que "Independientemente que se esté o no de acuerdo con la ampliación del Canal de Panamá , es necesario que al país se le hable en forma clara, honesta y precisa sobre los aspectos positivos y negativos de dicho proyecto, ya que hasta ahora solamente hemos escuchado los primeros". Al referirse a la probabilidad de que la ampliación del Canal tenga un impacto positivo en la economía del país, Marengo expresa que "Sin embargo, esta situación de una eventual bonanza no puede ni debe interpretarse como el trampolín que nos catapultaría y nos ha de convertir o encaminar a ser un país del primer mundo con todos sus beneficios, tal como se dejó ver el día que se anunció oficialmente la intención de realizar dicha obra". Con cruda severidad, Marengo, expresa de modo concluyente que "Nuestras pretensiones de aspirar a ingresar al privilegiado club de países desarrollados, si bien es un buen sueño, no es realista, es no tener los pies sobre la tierra y, más aún, es criticable, al estar haciéndole ver al país con estos cantos de sirena que por eso el proyecto es bueno, como si el mismo nos fuera a transformar radicalmente de la noche a la mañana." ("La demagogia de una ampliación", La Prensa, 12 de agosto de 2006).
Con la misma preocupación expuesta por Jorge Marengo, al referirse a los indicadores sociales de Panamá, que deja mucho que desear, como por ejemplo, la pobreza y pobreza extrema, la educación, salud, etc., el antiguo Embajador ante la O.E.A., Juan Manuel Castulovich, en su crónica del martes pasado pone de relieve que "La urgencia de la ampliación nadie la ha podido justificar; pero la urgencia de enfrentar la pobreza a nadie hay que demostrársela; es una caldera a punto de explotar". "Si pensáramos con lógica y sensatez -agrega Castulovich- en lugar de lanzarnos a la aventura incierta de la ampliación a tambor batiente, debiéramos reconsiderar y convocar a un diálogo nacional diferente al que ahora se instrumenta y que no es el que necesita el país. El diálogo que necesitamos, y para el que no requerimos de los buenos oficios del PNUD ni de ninguna otra instancia internacional, es uno que responda a nuestra verdadera urgencia: Cómo solucionar, ahora, no mañana, sin muchas teorías y con sentido de la realidad panameña, el hambre y la miseria que son las que amenazan nuestro futuro como nación." ("La pobreza, señores; primero la pobreza", Panamá América, 12 de septiembre de 2006).