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La mies es mucha, los trabajadores pocos


El título de este artículo se lo debo a la homilía de este domingo, sacado del evangelio de San Mateo, en el cual el Señor daba cuenta que había mucho trabajo por hacer a favor de la colectividad, pero muy poca gente dispuesta a realizarlo.

Si trasladamos ese pensamiento 2000 años después, seguimos viendo que la situación no ha cambiado nada y que lo que hace falta en el mundo, y en especial en nuestro querido país, son funcionarios, empresarios y personas que cumplan con sus deberes comunitarios tanto públicos como privados.

Cuantas veces repetimos la frase "hay que hacer", pero muy pocos dicen "voy a hacer". Por lo general nos encanta pasar la responsabilidad de resolver los problemas a terceros incluyendo al gobierno de turno y muy pocas veces asumimos nuestro deber de ciudadanos, de padres de familia, de empresarios socialmente responsables. Preferimos por conveniencia ser más parte de los problemas que de las soluciones.

Igual pasa en los partidos políticos, los gremios, la iglesia y las comunidades, donde menos de un 10% participa activamente en la búsqueda de soluciones, el resto no asiste a las reuniones ni hace propuestas; pero cuando las decisiones no están alineadas con sus intereses, protestan, cierran calles o critican a quienes bien o mal tratan de hacer algo.

En la política vemos con tristeza cómo los intereses económicos financian campañas y se acomodan alrededor de los candidatos sin propuestas, pero con mayores opciones, para luego obtener su cuota de poder y ejercer a su debido momento la necesaria influencia que les permitirá acceder a quienes toman las decisiones y así ampliar sus ingresos y canonjías.

El resto, o sea la gran mayoría de los ciudadanos, prefiere ver los toros desde la barrera y, convenientemente, dejan que los políticos profesionales les laven otra vez la mente con promesas, les abrumen de anuncios y el día de las elecciones van a votar en la mayoría de los casos por "más de lo mismo".

En este bello país hay mucho que hacer, pero resolver los problemas de seguridad, de transporte, de energía, de salud y de educación, no es un imposible. Aún son relativamente pequeños. Lo que hace falta son funcionarios honestos, que tomen decisiones y que ejecuten políticas a favor de las mayorías.

A pesar de la inflación, el petróleo y la devaluación del dólar, la economía continúa pasando por un buen momento.

Hay mucha mies que cosechar, pero muy poca gente con verdadera vocación y deseos de trabajar por un país mejor para todos y no sólo para unos cuantos.

101 años de Panamá América

 
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