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La minería: Efectos y precauciones


Sin lugar a dudas, la industria minera ha contribuido positivamente al desarrollo económico, social y cultural de muchos países, y significativamente al progreso de la humanidad. Los minerales han contribuido al desarrollo de otras industrias y hecho posible grandes progresos en la ciencia y la tecnología. Hoy día ningún país civilizado subsiste ni progresa sin tener acceso a productos mineros, sin menosprecio de las piedras preciosas que son importantes contribuyentes a las riquezas nacionales.
En varios países aquella industria es extensa, ocupa mano de obra productiva a elevadas proporciones de las poblaciones económicamente activas y, contrario a las opiniones que se fundamentan en experiencias del siglo pasado que impactaron negativamente sobre el medio ambiente, los avances de la tecnología moderna pueden evitar las ineficiencias históricas y hacer compatibles las actividades extractivas con las de protección del medio ambiente. Entendiendo esto último para incluir la atmósfera, la flora y la fauna comprende las áreas de biodiversidad con especies únicas de importancia universal las aguas superficiales y subterráneas, los paisajes salientes, las áreas de potencial turístico, y el mismo hombre.
Aquellas experiencias adversas se produjeron por las extracciones de cielo abierto promovida por movimientos de grandes volúmenes de tierra que modificaron la geografía física, social y económica de los entornos. La acumulación de residuos producidos por las extracciones contaminaron la atmósfera y, junto con las deficiencias sanitarias de los asentamientos afectaron la salud humana, facilitaron la transmisión de enfermedades, y hasta ocasionaron muertes; eliminaron las capas vegetales que precipitaron erosiones de extensas áreas y, cuando en casos sustituían las coberturas vegetales por otro tipo de vegetación, cambiaron los ecosistemas. Al centrar el interés primordial en las actividades extractivas, modificaron los patrones de circulación de personas y el transporte de productos y destruyeron los paisajes. En síntesis, se produjeron cambios en los entornos regionales y actividades predominantemente agrícolas y forestales fueron sustituídas por las extractivas mineras. Al concluir esas tareas, muchos asentamientos desaparecieron o quedaron en las ruinas.
Por ser la minería actividad que genera cuantiosos recursos, es más fácil contabilizar en términos monetarios las contribuciones que ha hecho a las economías nacionales. No obstante, resulta difícil cuantificar la magnitud de los costos de reparación de los daños ocasionados que se sabe son brutalmente altos. A título de ejemplo traduzco resumidamente el artículo, "Un Tipo Diferente de Riqueza en la Explotación Minera en Montana ("Mining a Different Type of Wealth in Montana", aparecido en el diario "Daily Journal" de Caracas, de fecha 23 de octubre de 1997. Relata lo siguiente:
Hace 100 años la ciudad de nombre Butte en el Estado Montana, Estados Unidos de Norteamérica, era llamada el cerro más rico del mundo. Una ciudad de inmigrantes, se desarrolló en base al cobre explotado cielo abierto y suplía la tercera parte de las necesidades de cobre para la expansión del sistema eléctrico del país. Las excavaciones dejaron en el corazón de la ciudad una zanja de 0.4 kms. de 1.6 kms. de ancho por 2.4 kms. de largo que contiene 28 mil millones de galones de agua contaminada, ahuyentando así las aves migrantes que allí solían converger en períodos previos. Desde hace 80 años Butte es considerada uno de los mayores desastres ocasionados por la minería. Su riqueza de otrora es historia. Cabe nombrarla La Villa Venenosa. Acceso al área fue restringido en 1985, y es uno de los sitios cuya limpieza se estima está entre las más costosas del mundo. La ambición de los ambientalistas es convertir al área, ya despoblada, en un sitio turístico en homenaje a los que trabajaron, vivieron y murieron como consecuencia de este costoso desastre, ocasionado por el uso de un recurso mineral. Es decir, una necesidad nacional y la avaricia corporativa.
Como consecuencia de aquella y otras experiencias semejantes los países desarrollados, de donde provienen las empresas mineras del mundo, han preparado legislaciones e instituído reglamentos, normas y controles rígidos, para evitar en sus territorios las ocurrencias desastrosas altamente costosas del pasado. Las restricciones que buscan proteger el medio ambiente, elevan los costos, y reducen los niveles de retorno de beneficios económicos que van mayormente a las empresas explotadoras. No obstante, ésta es la forma de hacer sostenibles los proyectos que se ejecutan.
Panamá, como país en proceso de desarrollo, no puede aceptar menos que aquello en todos los proyectos que potencialmente son numerosos ubicados a lo largo y ancho del país. Tiene que exigir la aplicación de las más modernas técnicas disponibles para proteger la integridad física de los recursos naturales, patrimoniales y humanos en su territorio. Este ejercicio es una tarea de ordenamiento territorial regional, en que se pondera la importancia relativa de los diferentes recursos de esos entornos desde el punto de vista del interés nacional/regional, en sus aspectos socioeconómicos y culturales. En el inicio de un proceso consultado para orientar la toma de decisiones que conformarán un plan serio de desarrollo regional integral sostenido.
Las reiteradas protestas de los moradores de Cerro Colorado, Cerro Quema y Cerro Petaquilla son consecuencias de la falta de aquel estudio previo. Cuando dichos estudios favorecen la exploración/explotación minera en tiempo y espacio, por ley, las empresas deberían de estar obligadas a utilizar las mejores tecnologías disponibles, aceptadas internacionalmente, y orientada por una legislación nacional consistente con la de los países desarrollados sedes de las empresas mineras, para salvaguardar los mejores intereses del país y de los moradores de esas áreas. Esto es justamente lo que se hace en algunos países, entre ellos Venezuela.
Teniendo presente las observaciones anteriores, bien se haría en reconsiderar las decisiones concesionarias hasta verificar el cumplimiento de los requisitos apuntados que son importantes para asegurar que aquellos proyectos generarán beneficios positivos a corto y largo plazo para Panamá.
Las actividades mineras son muy vigiladas mundialmente por los ambientalistas; boicotean los productos de todo proyecto que afecta adversamente al medio ambiente. La iniciativa reciente de la Cámara Minera de Panamá (CAMIPA) de ofrecer una jornada de capacitación en la ciudad de Panamá sobre las normas universales de calidad y administración ambiental ISO 9000 e ISO 14000, respectivamente de la Organización Internacional de Estandarización (ISO) de Europa es importante (El Panamá América, octubre 19 de 1997). Esta iniciativa debería extenderse a la población de las áreas afectadas. Ello no exime, sin embargo, a CAMIPA de la responsabilidad de hacer cumplir a cabalidad las disposiciones de la ISO, a la cual se debería gestionar su certificación si acaso no lo ha hecho, para no exponer a nuestro pequeño país a una catástrofe ecológica de proporciones incalculables a lo largo y ancho del territorio nacional.

101 años de Panamá América

 
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