La misión de la prensa panameña
La misión de la prensa panameña, algo muy serio y trascendental en estos momentos excepcionales del humano batallar, nos ha acompañado a lo largo del año 2005, predicando y difundiendo mensajes de amor y fraternidad, de educación y cultura, y también de denuncias para combatir la corrupción en todas sus formas, señalando, asimismo, ejemplos para la rectificación y la justicia. Misión a la que debemos reconocer y apoyar con alma y vida si aspiramos a responder de verdad a vivir plenamente en democracia, hoy y siempre.
En los tiempos modernos mucho es lo que se ha escrito en términos generales sobre la función de la prensa -y de la panameña en particular- con el objeto de poner de poner de relieve su importancia como tribuna para la expresión del pensamiento, como vehículo de cultura, como elemento de difusión de noticias e informaciones que permiten al hombre y la mujer corriente estar bien enterados de lo que ocurre en el ámbito de su ciudad, de su nación y del mundo.
La prensa ha sido, en efecto, una de las herramientas de la evolución cumplida por la humanidad en el decurso de los tres últimos siglos. En sus columnas tuvo eco la inquietud de los reformadores políticos y sociales. Y en Panamá ha sido realidad ese proceso, más en la última década.
Desde las páginas de la prensa escrita se señalaron las injusticias y abusos de los sistemas que hasta la Revolución Francesa mantuvieron un régimen de desigualdad entre los hombres en lo que se refiere tanto a la disitribución y usufructo de los bienes prácticos, como el aprovechamiento de los beneficios de la educación y el goce de las prerrogativas fundamentales que garantizan al individuo el respeto a su vida, el derecho a poseer bienes propios, formar una familia y velar por ella asegurándose medios decorosos de existencia, a sentirse a cubierto en su persona, su propiedad, sus ideas, sus creencias, contra cualquier forma de abuso, de despojo, de violencia, de coerción, de sometimiento contraria a los fueros de su condición humana.
Y con su prédica doctrinaria o combativa y su condición propaladora de informaciones, la prensa de la era moderna (incluso la panameña desde luego), ha creado la opinión pública, le ha dado estado efectivo, elevándola al rango de un tribunal que juzga el desempeño de los gobernantes, ministros, diputados, rectores univerisitarios, magistrados y jueces, etc.; vigila celosamente la observancia de los principios inmanentes de la justicia y la buena marcha de los asuntos que interesan a la colectividad.
Por eso es que a la prensa escrita se le ha conferido el título y el rango de cuarto poder del Estado. Y su gravitación decisiva como tal se pone de manifiesto en la hostilidad indisimulada que le profesan los mandatarios absolutistas, para los cuales una prensa independiente representa la fuerza moral capaz de frenarlos en sus avances sobre las libertades y en su avasallamiento de los derechos individuales. De ahí que su preocupación dominante, desde Napoleón, hasta las tiranías totalitarias que hemos conocido en nuestros días, haya sido la de limitar de hecho y por intermedio de leyes especiales (en Panamá llaman leyes mordaza) la libertad de prensa, implantar la censura, calusurar y confiscar diarios y revistas, sobornar conciencias o perseguir, encarcelar y hasta dar muerte a quienes no se dejan amedrentar ni corromper.
La misión de la prensa ha sido encomiable, una jornada anual amplia, llevada a cabo en defensa de los sagrados derechos humanos y, sobre todo, en la lucha tenaz y constante por el imperio de la justicia en el país. Ahí están los ideales que la mueven, nacidos de una concepción humana y de la sociedad troquelada en los principios perennes de la libertad, la justicia y del derecho. Dejamos manifiesta nuestra más sentida felicitación y reconocimiento a la prensa panameña por la patriótica labor rendida en el año 2005, a la que exhortamos a continuar en este nuevo año.
En los tiempos modernos mucho es lo que se ha escrito en términos generales sobre la función de la prensa -y de la panameña en particular- con el objeto de poner de poner de relieve su importancia como tribuna para la expresión del pensamiento, como vehículo de cultura, como elemento de difusión de noticias e informaciones que permiten al hombre y la mujer corriente estar bien enterados de lo que ocurre en el ámbito de su ciudad, de su nación y del mundo.
La prensa ha sido, en efecto, una de las herramientas de la evolución cumplida por la humanidad en el decurso de los tres últimos siglos. En sus columnas tuvo eco la inquietud de los reformadores políticos y sociales. Y en Panamá ha sido realidad ese proceso, más en la última década.
Desde las páginas de la prensa escrita se señalaron las injusticias y abusos de los sistemas que hasta la Revolución Francesa mantuvieron un régimen de desigualdad entre los hombres en lo que se refiere tanto a la disitribución y usufructo de los bienes prácticos, como el aprovechamiento de los beneficios de la educación y el goce de las prerrogativas fundamentales que garantizan al individuo el respeto a su vida, el derecho a poseer bienes propios, formar una familia y velar por ella asegurándose medios decorosos de existencia, a sentirse a cubierto en su persona, su propiedad, sus ideas, sus creencias, contra cualquier forma de abuso, de despojo, de violencia, de coerción, de sometimiento contraria a los fueros de su condición humana.
Y con su prédica doctrinaria o combativa y su condición propaladora de informaciones, la prensa de la era moderna (incluso la panameña desde luego), ha creado la opinión pública, le ha dado estado efectivo, elevándola al rango de un tribunal que juzga el desempeño de los gobernantes, ministros, diputados, rectores univerisitarios, magistrados y jueces, etc.; vigila celosamente la observancia de los principios inmanentes de la justicia y la buena marcha de los asuntos que interesan a la colectividad.
Por eso es que a la prensa escrita se le ha conferido el título y el rango de cuarto poder del Estado. Y su gravitación decisiva como tal se pone de manifiesto en la hostilidad indisimulada que le profesan los mandatarios absolutistas, para los cuales una prensa independiente representa la fuerza moral capaz de frenarlos en sus avances sobre las libertades y en su avasallamiento de los derechos individuales. De ahí que su preocupación dominante, desde Napoleón, hasta las tiranías totalitarias que hemos conocido en nuestros días, haya sido la de limitar de hecho y por intermedio de leyes especiales (en Panamá llaman leyes mordaza) la libertad de prensa, implantar la censura, calusurar y confiscar diarios y revistas, sobornar conciencias o perseguir, encarcelar y hasta dar muerte a quienes no se dejan amedrentar ni corromper.
La misión de la prensa ha sido encomiable, una jornada anual amplia, llevada a cabo en defensa de los sagrados derechos humanos y, sobre todo, en la lucha tenaz y constante por el imperio de la justicia en el país. Ahí están los ideales que la mueven, nacidos de una concepción humana y de la sociedad troquelada en los principios perennes de la libertad, la justicia y del derecho. Dejamos manifiesta nuestra más sentida felicitación y reconocimiento a la prensa panameña por la patriótica labor rendida en el año 2005, a la que exhortamos a continuar en este nuevo año.