La modernización de las fuerzas de seguridad en Panamá
Hace aproximadamente un año y medio propusimos unificar criterios y establecer una fórmula o mecanismos que permitieran una nueva política de seguridad pública que garantiza la soberanía y el Estado nacional. La propuesta no era más que regular la instrumentación legal existente y complementarla con la situación política de aquel entonces, al parecer esta oferta no fue considerada. La negociación del Centro Multilateral Antidrogas constituía el tema principal. Pues bien queridos lectores la realidad de nuestro país, en los momentos actuales, es bien diferente y peligrosa, al concluir el proceso electoral y ante el fracaso del C.M.A., no contamos con absolutamente nada concreto, es más carecemos del marco legal adecuado y moderno para hacerle frente a la narcoguerrilla, y al aparato del narcotráfico en todas sus facetas. Recientemente, en Washington, D.C., el Presidente del Subcomité de Justicia Criminal y Política Antidrogas de la Cámara de Representantes, congresista, John Mica, señalaba que las guerrillas y sus secuelas ya operaban en Panamá, lo cual nos lleva a pensar que tal afirmación posee un trasfondo que a todas luces no es el más conveniente para nuestra nación.
Mantengo el criterio que debemos fortalecer los organismos de seguridad del país, que por cierto se encuentran bastante disgregados, y fusionarlos en un ente que permita viabilizar y operar de acuerdo a la realidad en que vivimos. El pueblo panameño debe entender de una manera clara que el proceso de paz en Colombia culminará y muy bien pudiera exportarse la violencia hacia nuestro país ante la falta de oportunidades de los combatientes de las FARC que serán caldo de cultivo para los grupos de narcotraficantes, paramilitares, etc. Esto sin menoscabo que algunos sectores siniestros en Washington prepararían un escenario preconcebido para lograr el interés claro, que es la presencia de tropas o grupos de trabajo en Panamá, para el control y vigilancia de la zona en función de un principio elemental de geoestrategia del interés vital norteamericano dentro del esquema de seguridad nacional y la aplicación de la ley para el control del narcotráfico. La explosión social en la región del Darién pudiera trasladarse a sectores urbanos y delitos desconocidos en nuestra sociedad ocuparían las primeras planas de los diarios locales. Dejemos a un lado los complejos y la falta de visión, creo que sería una gran irresponsabilidad no alertar a los conciudadanos sobre el escenario que paso a paso se edifica.
Nuestra inquietud es consolidar el Estado Nacional panameño con el nacimiento del Ministerio del Interior que sería la fusión de todos los cuerpos de vigilancia y seguridad, la creación de una policía nacional de fronteras con especialización en guerra subversiva y antiguerrillera de al menos 5,000 hombres. En la actualidad la policía nacional cumple con esta función pero, en gran medida por razones presupuestarias y humanas, desatiende otros sectores de la sociedad. El establecimiento de esta fuerza de tarea muy bien pudiera coordinar aspectos de trasiego de drogas y brindar colaboración al gobierno de los Estados Unidos, lo cual sería altamente beneficioso para ambos países. Así estableceríamos una política pública de seguridad acorde con la situación real que vive el país, sin la tutela norteamericana, ello no sería oneroso para el Estado y permitirá un arquetipo legal moderno basado en la seguridad ciudadana y no excluyente de niveles de cooperación y ayuda con los interesados, el gobierno de los Estados Unidos. Igualmente se establecerían canales de comunicación más viables para la custodia y vigilancia del Canal de Panamá, que requiere todo un sistema de inteligencia que incluso supera nuestras fronteras.
Caminemos hacia el próximo siglo, como un país consciente de sus responsabilidades para los asociados y sobre todo con los pantalones largos.
Mantengo el criterio que debemos fortalecer los organismos de seguridad del país, que por cierto se encuentran bastante disgregados, y fusionarlos en un ente que permita viabilizar y operar de acuerdo a la realidad en que vivimos. El pueblo panameño debe entender de una manera clara que el proceso de paz en Colombia culminará y muy bien pudiera exportarse la violencia hacia nuestro país ante la falta de oportunidades de los combatientes de las FARC que serán caldo de cultivo para los grupos de narcotraficantes, paramilitares, etc. Esto sin menoscabo que algunos sectores siniestros en Washington prepararían un escenario preconcebido para lograr el interés claro, que es la presencia de tropas o grupos de trabajo en Panamá, para el control y vigilancia de la zona en función de un principio elemental de geoestrategia del interés vital norteamericano dentro del esquema de seguridad nacional y la aplicación de la ley para el control del narcotráfico. La explosión social en la región del Darién pudiera trasladarse a sectores urbanos y delitos desconocidos en nuestra sociedad ocuparían las primeras planas de los diarios locales. Dejemos a un lado los complejos y la falta de visión, creo que sería una gran irresponsabilidad no alertar a los conciudadanos sobre el escenario que paso a paso se edifica.
Nuestra inquietud es consolidar el Estado Nacional panameño con el nacimiento del Ministerio del Interior que sería la fusión de todos los cuerpos de vigilancia y seguridad, la creación de una policía nacional de fronteras con especialización en guerra subversiva y antiguerrillera de al menos 5,000 hombres. En la actualidad la policía nacional cumple con esta función pero, en gran medida por razones presupuestarias y humanas, desatiende otros sectores de la sociedad. El establecimiento de esta fuerza de tarea muy bien pudiera coordinar aspectos de trasiego de drogas y brindar colaboración al gobierno de los Estados Unidos, lo cual sería altamente beneficioso para ambos países. Así estableceríamos una política pública de seguridad acorde con la situación real que vive el país, sin la tutela norteamericana, ello no sería oneroso para el Estado y permitirá un arquetipo legal moderno basado en la seguridad ciudadana y no excluyente de niveles de cooperación y ayuda con los interesados, el gobierno de los Estados Unidos. Igualmente se establecerían canales de comunicación más viables para la custodia y vigilancia del Canal de Panamá, que requiere todo un sistema de inteligencia que incluso supera nuestras fronteras.
Caminemos hacia el próximo siglo, como un país consciente de sus responsabilidades para los asociados y sobre todo con los pantalones largos.