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La morosidad del Seguro Social


Cuando había algo repetitivo, una amiga decía: "vuelve y ataca Joselito". Vuelvo yo sobre el Seguro Social, aunque había pensado no hacerlo; pero, parece que está de moda el tema y tampoco puedo evadirlo. Ahora se trata de la morosidad por parte de los patronos.
Desde luego, no es esto lo que tiene quebrado al Seguro; sin embargo, 64 millones es mucha plata y ayudaría en algo a conseguir equipos e insumos. Lo más triste es la inmoralidad de quitarles el dinero a los empleados y no pagarlo a la institución, además que no es justo porque son empleados humildes que no tienen otra forma de cubrir su atención médica, y menos aún, de dejar un porcentaje de su sueldo para que los patronos se lo embolsen.
Pero, lo que considero más bochornoso son las deudas que alcanzan las dependencias estatales. Aprovechado que el Seguro no les detiene la atención médica a esos empleados, se convierten en infractores que son igualmente inmorales. Nos asombra que la Universidad de Panamá, que debe ser ejemplo para todos los panameños, tenga morosidad con el pago de la las cuotas de sus empleados.
No estoy de acuerdo con ninguna discriminación; no es correcto que los empleados privados cuyos patronos no pagan las cuotas, no gocen de los servicios del Seguro. ¿Qué corona tienen los empleados públicos? ¿Por qué la diferencia entre unos y otros?.
Espero que, después de tanto despliegue por la morosidad de las cuotas, las actuales autoridades no queden en llamarada de capullo en la simple denuncia, sino que de veras recuperen lo que le pertenece y que tanta falta le hace al seguro.
Insisto en decir que mientras no disminuyan los gastos de la institución; mientras no recorten el personal; mientras no acaben con la corrupción en las compras y en el uso y abuso que se da a las pertenencias del Seguro; mientras el Ministerio de Salud continúe recostado al Seguro para que este le haga su trabajo y cargue con sus responsabilidades y no se equilibren las entradas con las salidas, no tendremos nunca más la fuerza económica que tuvo el Seguro en su época de oro.
¿Podremos, algún día, recuperar la autonomía del Seguro? ¿Podrá nuestra institución (porque es nuestra), manejar bien las finanzas y decir: ahora el Seguro pertenece de verdad a los asegurados, porque el gobierno central asumió su responsabilidad, así como también los demás?
Si no sacamos las manos de los políticos del pastel que, pareciera, representa el Seguro, será una succión permanente a los haberes del Seguro. No es un pozo sin fondo. Los millones que se gastan en medicinas, por poner sólo un ejemplo, no alcanzarán nunca si no se cambia el sistema del Cuadro Básico y de hacer las compras. Si no atienden el malgasto que se hace de las medicinas, jamás alcanzará para cumplir con las necesidades de los asegurados.
Señores, no nos llamemos a engaños; o tenemos voluntad para salvar al Seguro, o lo hundimos del todo y no tendremos más esa bella oportunidad de servirnos de la seguridad social. Aprovechemos lo que tenemos antes de que sea tarde; si lo perdemos será irrecuperable. Aunque el Seguro es como un porfiado, no abusemos, porque algún día puede caerse sin levantarse.

101 años de Panamá América

 
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