default

La mujer del César


La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo". Esta frase citada con regularidad, aunque por un número reducido de personas, debiera ser memorizada, tanto por funcionarios públicos, como los de las empresas privadas. La honestidad, la cultura, el civismo, las buenas costumbres, son atributos que, generalmente, se inculcan en los hogares, pero, el entorno comunal, el ejemplo de los gobernantes, de los superiores jerárquicos, de los adultos en general son elementos que influyen en la conducta del conglomerado. Por eso es tan importante para la percepción que la comunidad tenga de cada uno de nosotros la actitud que asumamos en todos nuestros actos; así nos percataremos de cuán importante es, no sólo ser honesto, sino parecerlo.
Cuando se realizan actos públicos de licitación, del tamaño o importancia que sea, todos los pre-requisitos deben ser ampliamente divulgados, y la selección de los favorecidos en forma tan diáfana que a nadie se le ocurra insinuar que hubo manejo irregular en la elección del ganador. Todo funcionario público debe estar consciente de que sus actos, tanto públicos como privados, estarán bajo el escrutinio de la comunidad, por lo cual está en la obligación legal y moral de mantener la compostura en todo momento y lugar, pues en ellos descansa el prestigio de la nación. No es cierto, como pretenden creer algunos políticos en el poder, que sus cargos públicos son para disfrutar de privilegios, sin tener que dar explicaciones sobre el usufructo de los mismos.
Debe existir honestidad y responsabilidad a toda prueba para aceptar con humildad, y entereza los cuestionamientos que se les hagan a sus actos, dando las explicaciones correspondientes y acatando con madurez los consejos bien intencionados de los ciudadanos. Los graves problemas del país, no se van a resolver con demagogias; la Patria es de todos, ricos y pobres, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, nadie en particular tiene el control de la verdad. Todos con nuestra entrega ciudadana, unidos en causa común al resto de la comunidad, podemos cambiar el rumbo del país hacia mejores derroteros.
Si todos actuamos con espíritu de equipo, con deseos de lograr el triunfo, el éxito estará asegurado, mas esto sólo se puede garantizar si valientemente pensamos y exigimos a los demás emular el proceder de la mujer del César. La corrupción lleva a los países al descalabro financiero, al perder los inversionistas la confianza en los gobernantes, pues evitan arriesgar su dinero en nuevos proyectos, lo que conlleva al aumento del desempleo, con su secuela de miseria, vicios, violencia.
El mayor aporte para el bienestar de nuestras futuras generaciones es lograr que la hacienda pública sea administrada por gobernantes honestos. Sólo así estaremos construyendo una patria digna.
Sobre el efecto de ambos enfoques, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, autor de la obra "Malestar en la Globalización", expresa que de acuerdo con estudios de costos se ha demostrado en Estados Unidos que arrestar un delincuente joven, juzgarlo y encarcelarlo, es mucho más costoso que invertir en una beca que permita que estudie y logre una formación, con la diferencia que lo segundo reduce la tasa de criminalidad y lo primero no.
Crear un paradigma social diferente, sustentado en el diálogo, la persuasión, los consensos y la concertación, permite erradicar progresivamente los estilos adversativos, confrontativos y violentos que dominan buena parte del comportamiento no sólo de los adultos, sino también de la niñez y la juventud.
En este sentido, la escuela puede ser un escenario apropiado para enseñar a los niños, niñas y jóvenes aprender a vivir de modo pacífico y tolerante, compartir metas y tareas comunes, trabajar juntos en proyectos para el progreso de sus comunidades, utilizar el diálogo como medio de comunicarse, exponer sus ideas, puntos de vista y conocer también los de las otras personas.
Una educación para aprender a vivir con los demás requiere poner atención en el conocimiento de las otras personas. Es decir, aprender la diversidad humana y descubrir a los otros, implica primero conocerse uno mismo, como base para entender, ponerse en el lugar y comprender las actuaciones de las otras personas.
Otra vía importante de este aprendizaje es el trabajo común, en el que sin pretender anular la identidad de cada persona, se busque colectivamente superar las diferencias, el individualismo, los resentimientos, los odios y deseos de venganza. Este enfoque implica una actividad escolar no rutinaria, organizada de modo distinto, que provea experiencias de trabajo grupal, cooperativo y asociativo, con normas sencillas que apunten al análisis crítico y autocrítico de la realidad, identificación de problemas, estrategias y proyectos comunes para la acción dentro de la escuela y en la comunidad.
Organizar la escuela para cumplir con este objetivo, es una tarea compleja, pero no imposible. Algunas escuelas en Panamá y otros países de América Latina y el mundo tomaron la decisión de trabajar por una cultura de paz, para lo cual han requeridos de algunas condiciones básicas, como son: un grupo de docentes formados y sensibilizados en relación con este tema, un currículo con ejes transversales organizado con esta intencionalidad; una dirección con liderazgo y una acción concertada con la familia, los medios de comunicación social, la comunidad, las instituciones del Estado y la sociedad en su conjunto.
Educar para la paz es educar para el progreso, el bienestar y el desarrollo humano.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América