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La mujer del César


Cuentan que el emperador Julio César dijo a su mujer: "la mujer del César no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo". No sé si el César dijo tal cosa, pero de ser cierta la historia, ¡qué dolores de cabeza le estaría dando su mujer para que él se viera obligado a halarle las orejas!.
Como la sabiduría que encierran las palabras nunca ha perdido su vigencia, me parece oportuno recordárselas a la señora Moscoso, sus ministros, altos funcionarios y amigos (con amigos así, ¿quién necesita enemigos?). Si hacemos un recorrido cronológico nos daremos cuenta que a escasas semanas de asumir la presidencia la señora Moscoso, empezaron a surgir hechos criticables que han ido deteriorando la imagen y la credibilidad del gobierno, amén de que, cual los Hunos de Atila, han ido asolando las esperanzas de muchos. Resulta harto "sopeteado" hablar de los relojes Cartier para los legisladores que no sabemos quién pagó, si pagaron impuesto de introducción, etc.; ni si la Casa Buena de Punta Mala fue refaccionada con donaciones, con la generosa cartera de la Presidenta o con fondos del gobierno, pues seguimos esperando las cuentas, con facturas por delante; en pocas semanas se han destapado las malolientes ollas de los negocios que atañen a la Autoridad Marítima, pero hasta ahora, sólo "a los perros más flacos se les han pegado las pulgas" (y perdón por el perruno refrán) mientras el embajador Escalona sigue en Manila en su embajada/consulado/empresa privada, debidamente fumigado contra los malsanos bichitos; y sobre el asunto de los rayos X para los contenedores, que no era así, que la presidente no sabía, que su ministra de compañía tampoco, que ningún apellido que empieza con doble u estaba en el lío y qué perversa y chismosa que es la gente y, sobre todo, los periodistas. Y un alegre domingo, del cielo cayeron estrellas y un helicóptero al que le viene bien la canción "no soy de aquí ni soy de allá", hijo de padre y madre desconocidos; y su piloto, querido amigo de palacio/FIS, no sabemos si emplanillado o si pilotea por puro amor al espacio aéreo, ya que no al arte, y "Hanta" aquí llego y "Hanta" luego, porque la cofradía arnulfista es más cerrada que las logias masónicas y "Hanta" cerraron este caso.
El vicepresidente Vallarino dice que no ve ningún "ribete de la corrupción que denuncian los medios de comunicación social", campañas para desestabilizar y empañar la gestión de la señora Moscoso y que con el tiempo "uno se ríe de ellas". Creo que a Vallarino voy a tener que llevarlo al oftalmólogo y al otorrinolaringólogo para ver si es que sufre de miopía severa y sordera, pues parece que no ha leído ni oído lo que han dicho CONEP, APEDE, la Cámara de Comercio, la Iglesia, los campesinos, los maestros, los buhoneros, la SPIA, los ciudadanos comunes y el dirigente marino, David Cockroft, quien por $4,500, quedó convertido en primer oficial de marina sin siquiera saber acomodar un cayuco. Para empezar, los medios de comunicación social no hunden helicópteros, no regalan relojes Cartier a los legisladores, ni hacen carreteras que por pura casualidad y un tremendo golpe de suerte van a dar a las propiedades de dos ministros; tampoco inventan que hay líos gordos en el Tránsito y que el PARVIS ha sido denunciado por su manejo político (y eso que aún no estamos en elecciones). Y ni hablar de las contradicciones entre ministros y viceministros, entre la presidente y sus ministros y para muestra, ésta que nos regaló Ricardo J. Bermúdez Dutari, en su escrito "Trabalenguas entre el agro y el ALCA"(El Panamá América), que señala la incongruencia entre las declaraciones de la Presidenta sobre el papel del sector empresarial como generador de crecimiento y desarrollo, y las del ministro Gordón, señalando que el gobierno debe invertir B/. 700 millones en tres años para activar el sector agropecuario nacional. Como dice Bermúdez Dutari, ¿es que estaban hablando de dos países diferentes? Y señores, ese es el pan nuestro de cada día, lo que trae a tanta gente por la calle de la amargura.
En Argentina renunció Machinea, ministro de Economía, por su fracaso en reactivar la economía; en Guatemala renunció el ministro de Finanzas, Manuel Maza, tras un escándalo en el manejo de 19 millones de dólares a cargo de la presidencia; en Paraguay el presidente Macchi, en un intento de reorganizar su alicaído gobierno pidió la renuncia a todo su gabinete; en Turquía renunció por dignidad el jefe de la Junta Supervisora de Bancos, porque no aceptó que a su institución, independiente, le cambiaran las reglas del juego (no sé por qué pienso en la señora Cárdenas). A la señora Moscoso, encerrada en almibarada colmena, sólo le molesta la impertinencia de quienes critican su débil gestión y la de un Gabinete que no ha estado a la altura de las circunstancias aunque diga que son los mejores ministros de la bolita del mundo, amén. Si la señora Moscoso y sus funcionarios/amigos quieren que las críticas cesen, y que amaine el temporal del descontento, entonces deben recordar lo que dijo el enojado César. El problema es que las apariencias ya han dejado de ser lo más importante. Lo verdaderamente importante es todo lo demás.

101 años de Panamá América

 
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