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La mujer detrás de la escritora


El pasado 1º. de julio se cumplieron 200 años del natalicio de "George Sand", seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, la escritora francesa más celebre del siglo XIX. El acontecimiento pasó desapercibido fuera de Francia, aunque no para quienes luchamos por los derechos de las mujeres y por rescatar del olvido a tantas heroínas del pasado y del presente que han promovido la equidad de género, cultura, paz y el desarrollo de los pueblos.
Una de esas heroínas es "George Sand", mujer extraordinaria que traspasó las barreras de los convencionalismos y prejuicios sociales, que ha sido más recordada por sus romances y aventuras o por su excentricidades, como vestir ropa de hombre y fumar puros, que por sus valiosos aportes a la literatura.
Participó en una variedad de actividades como el periodismo, el teatro, la política y la literatura. Fue la única mujer dentro del personal del periódico Le Fígaro y después de la Revolución Francesa de 1848, se desempeñó como Ministra de Propaganda. Su producción fue muy vasta, siendo conocida entre otras, por sus novelas Indiana, Consuelo y Mauprat, sus cuentos y obras teatrales, ensayos y artículos. Sus obras sólo compitieron en popularidad con las de otro célebre escritor francés, Víctor Hugo. Fue una diestra dibujante y pintora, así como hábil jardinera. Crió y educó a sus hijos y participó en las vidas de sus nietos. Se caracterizó por ser una ferviente defensora de la justicia social y la igualdad de derechos entre los sexos y fue muy apreciada por su valor y determinación por su rechazo a la hipocresía, por su bondad y su compasión.
La mujer detrás de "George Sand" no fue una sola, ella tuvo muchas vidas y nos legó a través de ellas lo mejor de una mujer poderosa, vital, misteriosa, inspiradora y subversiva. Tal vez hay quien pueda reclamar la invisibilidad en la celebración de su bicentenario; no ha sido ni por desconocimiento, ni por ignorancia de su vida y sus obras; sino porque su extraordinario legado está permanentemente en el corazón y el actuar de las mujeres que seguimos luchando por una cultura de la igualdad y la equidad de los sexos desde el respeto a la diversidad, y como "George Sand" seguiremos aplicando su principio: "Tanto en mi vida como en mis escritos, voy a incitar a las mujeres a que se subleven contra su abyecta situación".
Por otro lado, es necesario preguntarnos todos, qué estamos haciendo por nuestros niños y jóvenes, para alejarlos de malos comportamientos. Les estamos dando esperanzas, consejos, los apoyamos, les escuchamos, les damos nuestro tiempo. A lo mejor sí, pero en general, no; pues reaccionamos simplemente con castigos, sin tomar en consideración los motivos por los cuales se comportan así.
Para muchos, el problema de la delincuencia es culpa de la crisis de valores en la sociedad y en la familia, y no faltan aquellos que le atribuyen esta responsabilidad a la Convención de los Derechos del Niño, pues según éstos los padres han perdido su autoridad, hecho que no es cierto.
El problema de la delincuencia de niños y adolescentes es sumamente complejo, y los padres deben asumir su responsabilidad educando al menor de hoy, respetando sus derechos, sin darle demasiadas libertades.
En este sentido, cabe señalar, que hay innumerables hábitos y costumbres de niños y jóvenes, tolerados por los padres, que están distorsionando la personalidad de los mismos, y en la que se exige una intervención, como por ejemplo, salir a las fiestas después de las diez de la noche, y llegar a casa después de las cuatro de la mañana, la celebración de quince años en discotecas, la asistencia al cine sin compañía de adultos, que luego más tarde son recogidos por sus padres, las constantes reuniones "chéveres" con cerveza y cigarrillo, entre otros.
Para frenar la delincuencia, debemos conocer a nuestros niños y jóvenes, y estar atentos a su comportamiento, y en este caso el rol de la familia juega un papel decisivo, compartido con el de la escuela, y el de la comunidad.

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