"La mujer: piedra angular
Hace algún tiempo escribí que la historia de las mujeres es la historia por un lugar más allá de los muros del hogar, nicho de aparentes seguridades y de dominio femenino, en que los temores existenciales parecen desvanecerse; pero, sin duda, nos mantiene aferradas al hogar como ámbito de constitución de nuestra identidad y valor.
Ha sido este refugiarnos en el hogar lo que ha hecho del trabajo femenino una actividad invisible y originado frases de aparente reconocimiento :"detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer", por ejemplo, pero que no reivindican plenamente ni el trabajo ni la imagen pública de las mujeres.
Hoy cuando estamos en el umbral de un nuevo milenio y hay pocos meses de terminar un siglo más, nos encontramos que el siglo XX ha sido una centuria favorable para la causa a favor de la valoración y participación activa como creciente de las mujeres en la vida pública panameña.
La década de 1910 es la marca histórica a partir de la cual mujeres panameñas dignas y valientes inician la lucha, una lucha que tiene visos de peregrinación, por los derechos socio-económicos y políticos de la población femenina del país. En esa lucha histórica y generacional encontramos a damas de altura moral, intelectual y profesional como Juana Oller, Clara González, Ester Neira, Gumercinda Páez, Thelma King, entre otras, que con tesón y abnegación hicieron frente a la burla, crítica e indiferencia machista de su época, conscientes de que su causa trascendía al ámbito de lo individual y se solidarizaban con las aspiraciones de sus ciudadanos del campo y la ciudad, para quienes vinieron a ser líderes y su voz ante los círculos de toma de decisión a nivel estatal. A ellas y sólo a ellas debemos el que se hayan abierto las posibilidades reales para que las mujeres, sin distinción de clase o etnia y nivel cultural, llegáramos a la ciudadanía plena hacia mediados de este siglo, habiendo ya ganado el derecho a una formación académica y profesional libre e igualitaria como la recibida por nuestros compañeros varones.
Hoy esas luchas llenas de sacrificio e incomprensiones recuerdan no sólo la voluntad férrea de mujeres iluminadas y comprometidas con su género, sino que rinden frutos gracias a la capacidad de organización que hemos demostrado en todos los años transcurridos desde entonces, como a la voluntad inquebrantable de auto-superación profesional y personal que poseemos. Prueba de lo que digo es la diversidad de profesiones que ejercemos en forma idónea y los cargos administrativos de relevancia que ocupamos en las empresas privadas y la gestión pública en todos sus niveles; como en el hecho de que somos el sector de la población panameña que más se educa y culmina estudios a nivel superior. Ello ha hecho posible que se comience a hacer visible el trabajo de todas aún cuando todavía la presencia y participación del género no alcanzan los indicadores porcentuales deseados.
Esto último es importante porque plantea cuestiones relativas a la pobreza de género, la participación en el mercado laboral, las condiciones de desigualdad y el impacto que tienen sobre la población femenina la modernización y globalización de la sociedad panameña, en un periodo de transición y readaptación socioeconómica, política y cultural, que pasa por un cambio de actitud en los hombres y mujeres desde la perspectiva de género.
Volviendo sobre los frutos recientes de la lucha histórica que hemos librado las mujeres panameñas, debo decir que me siento orgullosa de que en Panamá las Políticas hayamos constituido el Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos, que aglutina a las líderes de los diversos colectivos comprometidas con el debate de la situación integral de la mujer panameña y del desarrollo de acciones socioeconómicas y políticos que contribuyan a la solución de la problemática femenina en nuestro país. Por ello mi reconocimiento a las gestoras del Foro, Dras. Marisín Villalaz de Arias y Matilde Real de González, como a cada una de sus coordinadoras y presidentas hasta la fecha, que han hecho de éste un espacio permanente de participación, diálogo y concertación pluripartidista. Tarea en la cual sé que su nueva presidenta, Nilda Moreno, habrá de esforzarse gracias a su vocación patriótica y democrática, como por sus virtudes humanas.
Un logro significativo del Foro en los últimos años ha sido la inclusión, en las reformas al Código Electoral, de la norma que establece que el 30% de las candidaturas a puestos de elección a lo interno de los partidos políticos como para las elecciones populares sean para aspirantes mujeres, lo cual ha elevado la participación a activismo político de los sectores femeninos en cada colectivo, que trasciende poco a poco al resto de las ciudadanas que reconocen el papel protagónico que debemos cumplir en nuestra nación.
En este fin de siglo en que las mujeres panameñas hemos alcanzado grandes logros en la lucha reivindicativa de nuestros derechos humanos, dos figuras femeninas están llamadas a asumir roles protagónicos en esferas de acción y poder político de gran relevancia. Ellas son Mireya Moscoso y Balbina Herrera.
Por primera vez, en noventa y seis años de vida republicana, una mujer logra acceder a la Presidencia del gobierno estatal con un respaldo electoral significativo y tras un trabajo político intenso y constante a lo interno de su partido y de comunidad en comunidad a través del Panamá profundo, el Panamá del panameño de "carne y hueso", no el de estadísticas frías y deshumanizante.
El logro de Mireya Moscoso es más significativo porque le corresponde trazar el rumbo y conducir los destinos de la República al inicio de un siglo y milenio en que las panameñas y los panameños aspiramos a tener el control pleno sobre los recursos del país y uso para beneficio de todos sus habitantes. Labor en la que, sin duda, la presidenta Mireya Moscoso habrá de contar con la colaboración de mujeres profesionales y políticas capaces con visión de futuro y claros objetivos nacionalistas, las cuales trabajarán a la par de su colegas varones, porque la meta es una: lograr el desarrollo del país en condiciones de equidad.
En el caso de la H.L. Balbina Herrera es hoy la presidenta del colectivo político más grande y mejor organizado con que contamos en este fin de siglo; el Partido Revolucionario Democrático, con tradición nacionalista y popular desde su fundación. Balbina Herrera accede a este cargo no por canonjías graciosas de sus pares sino como reconocimiento a su labor político, tenacidad y liderazgo de muchos años que le han permitido evolucionar y madurar políticamente, haciéndola una mujer sin dobleces, de arraigados principios nacionalistas, como una voz alta y clara de las aspiraciones de las mujeres y hombres de los sectores populares con que naturalmente guarda relación de lucha y de superación.
El reto de Balbina Herrera no sólo es dirigir al mayor partido político del país, de base pluriclacistas e ideológico aglutinada por el ideal de desarrollo torrijista, sino al hacerlo como presidenta de un partido en oposición y con fuerte incidencia sobre la gobernabilidad de la sociedad panameña en el próximo lustro de actividad política que se inicia el primero de septiembre. No dudo que su experiencia política, como su formación profesional y personal, la capacitan para ejercer esta gran responsabilidad; ya lo ha demostrado cuando fue elegida como presidenta de la Asamblea Legislativa, y en 1994, siendo la primera política, panameña en ejercer tan alto cargo y hacerlo en forma digna y ejemplar.
En el nuevo amanecer que le espera a la República de Panamá, las mujeres somos llamadas históricamente a asumir el rol que nos corresponde sin mengua alguna, porque si nuestro país ha evolucionado hasta el día de hoy ha sido gracias al trabajo visible o no de cada mujer que en el habita, constituyéndose así en piedra angular del desarrollo nacional en forma integral. Ciertamente queda mucho por hacer, los retos para la mujer panameña aún son múltiples y variados, nos corresponde a cada una luchar contra nuestros propios miedos, valorando el trabajo que hacemos, reconociendo los esfuerzos y logros de otras mujeres, que al igual que nosotras trascienden los muros de su hogar y abren caminos conquistando nuevos espacios de auto-realización femenina.
Porque somos reproductoras no sólo biológicas, sino de un modelo de sociedad, hagamos del próximo siglo y milenio el tiempo propicio para que los más caros anhelos individuales y colectivos de las panameñas se hagan realidad con nuestra participación activa, creciente y significativa.
A la honorable señora, Dora Boyd de Pérez Balladares, primera dama, mi respeto y admiración, porque en todo momento estuvo comprometida en la búsqueda de nuevos horizontes, para las clases más necesitadas y humildes de nuestro país sobre todo la niñez. Encomiable y ejemplar ha sido el trabajo realizado por ella, nos ha dejado en alto nivel nacional e internacional, por su capacidad de organización, su don de gente y sabiduría.
Termino este escrito con un mensaje papal.
"Los destinos de la humanidad en el tercer milenio se conjugarán en el corazón y la inteligencia de cada mujer". Papa Juan Pablo II
Ha sido este refugiarnos en el hogar lo que ha hecho del trabajo femenino una actividad invisible y originado frases de aparente reconocimiento :"detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer", por ejemplo, pero que no reivindican plenamente ni el trabajo ni la imagen pública de las mujeres.
Hoy cuando estamos en el umbral de un nuevo milenio y hay pocos meses de terminar un siglo más, nos encontramos que el siglo XX ha sido una centuria favorable para la causa a favor de la valoración y participación activa como creciente de las mujeres en la vida pública panameña.
La década de 1910 es la marca histórica a partir de la cual mujeres panameñas dignas y valientes inician la lucha, una lucha que tiene visos de peregrinación, por los derechos socio-económicos y políticos de la población femenina del país. En esa lucha histórica y generacional encontramos a damas de altura moral, intelectual y profesional como Juana Oller, Clara González, Ester Neira, Gumercinda Páez, Thelma King, entre otras, que con tesón y abnegación hicieron frente a la burla, crítica e indiferencia machista de su época, conscientes de que su causa trascendía al ámbito de lo individual y se solidarizaban con las aspiraciones de sus ciudadanos del campo y la ciudad, para quienes vinieron a ser líderes y su voz ante los círculos de toma de decisión a nivel estatal. A ellas y sólo a ellas debemos el que se hayan abierto las posibilidades reales para que las mujeres, sin distinción de clase o etnia y nivel cultural, llegáramos a la ciudadanía plena hacia mediados de este siglo, habiendo ya ganado el derecho a una formación académica y profesional libre e igualitaria como la recibida por nuestros compañeros varones.
Hoy esas luchas llenas de sacrificio e incomprensiones recuerdan no sólo la voluntad férrea de mujeres iluminadas y comprometidas con su género, sino que rinden frutos gracias a la capacidad de organización que hemos demostrado en todos los años transcurridos desde entonces, como a la voluntad inquebrantable de auto-superación profesional y personal que poseemos. Prueba de lo que digo es la diversidad de profesiones que ejercemos en forma idónea y los cargos administrativos de relevancia que ocupamos en las empresas privadas y la gestión pública en todos sus niveles; como en el hecho de que somos el sector de la población panameña que más se educa y culmina estudios a nivel superior. Ello ha hecho posible que se comience a hacer visible el trabajo de todas aún cuando todavía la presencia y participación del género no alcanzan los indicadores porcentuales deseados.
Esto último es importante porque plantea cuestiones relativas a la pobreza de género, la participación en el mercado laboral, las condiciones de desigualdad y el impacto que tienen sobre la población femenina la modernización y globalización de la sociedad panameña, en un periodo de transición y readaptación socioeconómica, política y cultural, que pasa por un cambio de actitud en los hombres y mujeres desde la perspectiva de género.
Volviendo sobre los frutos recientes de la lucha histórica que hemos librado las mujeres panameñas, debo decir que me siento orgullosa de que en Panamá las Políticas hayamos constituido el Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos, que aglutina a las líderes de los diversos colectivos comprometidas con el debate de la situación integral de la mujer panameña y del desarrollo de acciones socioeconómicas y políticos que contribuyan a la solución de la problemática femenina en nuestro país. Por ello mi reconocimiento a las gestoras del Foro, Dras. Marisín Villalaz de Arias y Matilde Real de González, como a cada una de sus coordinadoras y presidentas hasta la fecha, que han hecho de éste un espacio permanente de participación, diálogo y concertación pluripartidista. Tarea en la cual sé que su nueva presidenta, Nilda Moreno, habrá de esforzarse gracias a su vocación patriótica y democrática, como por sus virtudes humanas.
Un logro significativo del Foro en los últimos años ha sido la inclusión, en las reformas al Código Electoral, de la norma que establece que el 30% de las candidaturas a puestos de elección a lo interno de los partidos políticos como para las elecciones populares sean para aspirantes mujeres, lo cual ha elevado la participación a activismo político de los sectores femeninos en cada colectivo, que trasciende poco a poco al resto de las ciudadanas que reconocen el papel protagónico que debemos cumplir en nuestra nación.
En este fin de siglo en que las mujeres panameñas hemos alcanzado grandes logros en la lucha reivindicativa de nuestros derechos humanos, dos figuras femeninas están llamadas a asumir roles protagónicos en esferas de acción y poder político de gran relevancia. Ellas son Mireya Moscoso y Balbina Herrera.
Por primera vez, en noventa y seis años de vida republicana, una mujer logra acceder a la Presidencia del gobierno estatal con un respaldo electoral significativo y tras un trabajo político intenso y constante a lo interno de su partido y de comunidad en comunidad a través del Panamá profundo, el Panamá del panameño de "carne y hueso", no el de estadísticas frías y deshumanizante.
El logro de Mireya Moscoso es más significativo porque le corresponde trazar el rumbo y conducir los destinos de la República al inicio de un siglo y milenio en que las panameñas y los panameños aspiramos a tener el control pleno sobre los recursos del país y uso para beneficio de todos sus habitantes. Labor en la que, sin duda, la presidenta Mireya Moscoso habrá de contar con la colaboración de mujeres profesionales y políticas capaces con visión de futuro y claros objetivos nacionalistas, las cuales trabajarán a la par de su colegas varones, porque la meta es una: lograr el desarrollo del país en condiciones de equidad.
En el caso de la H.L. Balbina Herrera es hoy la presidenta del colectivo político más grande y mejor organizado con que contamos en este fin de siglo; el Partido Revolucionario Democrático, con tradición nacionalista y popular desde su fundación. Balbina Herrera accede a este cargo no por canonjías graciosas de sus pares sino como reconocimiento a su labor político, tenacidad y liderazgo de muchos años que le han permitido evolucionar y madurar políticamente, haciéndola una mujer sin dobleces, de arraigados principios nacionalistas, como una voz alta y clara de las aspiraciones de las mujeres y hombres de los sectores populares con que naturalmente guarda relación de lucha y de superación.
El reto de Balbina Herrera no sólo es dirigir al mayor partido político del país, de base pluriclacistas e ideológico aglutinada por el ideal de desarrollo torrijista, sino al hacerlo como presidenta de un partido en oposición y con fuerte incidencia sobre la gobernabilidad de la sociedad panameña en el próximo lustro de actividad política que se inicia el primero de septiembre. No dudo que su experiencia política, como su formación profesional y personal, la capacitan para ejercer esta gran responsabilidad; ya lo ha demostrado cuando fue elegida como presidenta de la Asamblea Legislativa, y en 1994, siendo la primera política, panameña en ejercer tan alto cargo y hacerlo en forma digna y ejemplar.
En el nuevo amanecer que le espera a la República de Panamá, las mujeres somos llamadas históricamente a asumir el rol que nos corresponde sin mengua alguna, porque si nuestro país ha evolucionado hasta el día de hoy ha sido gracias al trabajo visible o no de cada mujer que en el habita, constituyéndose así en piedra angular del desarrollo nacional en forma integral. Ciertamente queda mucho por hacer, los retos para la mujer panameña aún son múltiples y variados, nos corresponde a cada una luchar contra nuestros propios miedos, valorando el trabajo que hacemos, reconociendo los esfuerzos y logros de otras mujeres, que al igual que nosotras trascienden los muros de su hogar y abren caminos conquistando nuevos espacios de auto-realización femenina.
Porque somos reproductoras no sólo biológicas, sino de un modelo de sociedad, hagamos del próximo siglo y milenio el tiempo propicio para que los más caros anhelos individuales y colectivos de las panameñas se hagan realidad con nuestra participación activa, creciente y significativa.
A la honorable señora, Dora Boyd de Pérez Balladares, primera dama, mi respeto y admiración, porque en todo momento estuvo comprometida en la búsqueda de nuevos horizontes, para las clases más necesitadas y humildes de nuestro país sobre todo la niñez. Encomiable y ejemplar ha sido el trabajo realizado por ella, nos ha dejado en alto nivel nacional e internacional, por su capacidad de organización, su don de gente y sabiduría.
Termino este escrito con un mensaje papal.
"Los destinos de la humanidad en el tercer milenio se conjugarán en el corazón y la inteligencia de cada mujer". Papa Juan Pablo II