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La música alimenta el alma y manipula al ser


Tan sólo pronunciar la palabra música se crea en nosotros cierta predisposición a escuchar sonidos placenteros, que pueden despertar todo tipo de emociones y sensaciones. La música contribuye al relajamiento, a la meditación, ayuda a escapar un poco de la realidad que a veces nos agobia, a concentrarnos a encontrarnos con nosotros mismos, en fin; es ese algo tan inherente al ser humano que a través de los oídos invade nuestro cuerpo y nuestra alma. Aprovechando precisamente esta característica, la música ha sido utilizada para un sinnúmero de fines y manipulaciones que van de lo sublime a lo ignominioso.
La historia de la humanidad nos muestra muchos ejemplos de lo anterior: tenemos el caso de las sociedades primitivas, en las que la música siempre estuvo presente para exacerbar los ánimos guerreros, buscar el agrado de sus dioses para obtener de ellos agua o alimentos, o bien, fue usada por sus curanderos en cánticos que exorcizarían a los espíritus de determinada enfermedad.
La Iglesia Católica mantuvo durante siglos la supremacía en la producción y ejecución de música sacra, cuyos exponentes nos transportan con sus obras a todos los planos religiosos imaginables. A través de la música sacra fue apresado, durante mucho tiempo, el espíritu y el intelecto humano. Igual ocurre con la tan de moda música de adoración y alabanzas de las iglesias evangélicas que controlan y manipulan los sentimientos y a las personas.
Durante la revolución francesa, la música de La Marsellesa fue determinante para las acciones del pueblo que derrocaría a la monarquía. Napoleón Bonaparte hizo constituir enormes orquestas como La Grande Ecurie que seguirían la conformación de sus ejércitos y que tenían a su cargo la tarea de acompañar a los soldados en las batallas, enardeciéndolos con su música marcial y ayudando así a las campañas militares victoriosas del gran Corzo.
De nuestro pasado no tan lejano podemos mencionar a Stalin, quien al triunfo del socialismo en Rusia vetó a músicos de la talla de Prokofiev, a quien obligó a retractarse de su obra musical, que estaba en desacuerdo con las pautas impuestas por la política socialista. Durante la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler hizo un culto de la música de Richard Wagner y su exaltación mitológica germana, pero al mismo tiempo ejerció una terrible represión sobre la obra de músicos como Arnold Schoenberg, Kurt Weil y Wolf Hindemit, por sólo citar unos ejemplos, quienes se vieron obligados a dejar su país al ser vetada su música y vejada sus personas.
La música Rock, que tanta aceptación ha tenido durante tantas décadas, hoy en día resurgida con tremenda fuerza, por ser representativa de la rebelión juvenil contra lo establecido, tomó una nueva dirección, que si bien puede enmarcarse dentro de lo juvenil y rebelde, no tiene justificación en cuanto a sus metas que se han apartado diametralmente del ideal original del "peace and love" del tiempo de los Beatles.
Concretamente podríamos afirmar que persigue ideales totalmente antagónicos. Además del fenómeno del rock, otros dos géneros como lo son el rap y el reggae contribuyen tomando como herramienta de expansión y difusión ideológica y motivo para la desenfrenada delincuencia juvenil de pandillas y bandas delictivas en países como Estados Unidos, México, Salvador, Honduras, Panamá, Colombia y Brasil.
El movimiento neonazi en la Alemania Unificada de hoy, y que ya se expande peligrosamente no sólo en Europa, sino a nivel mundial, toma como elementos motivantes las canciones de rock de grupos que, con sus letras y música perturbadoras, propician violencia, crímenes, uso de drogas, conductas anárquicas y total desprecio por todo tipo de normas morales. Afirmamos que la música, además de ser alimento para el alma... también ha servido y sirve -en malas manos- para manipular, controlar e inducir al individuo.

101 años de Panamá América

 
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