La Navidad, las calendas y el chivo emisario
La época de Navidad, es decir, de la fecha en que se presume nació Jesús de Nazaret, el Cristo de los griegos, coincide con las de finales de año y comienzos del nuevo.
Hoy esa conmemoración se festeja en un sincretismo pagano y religioso con fuertes raíces antropológicas y sociológicas. El tiempo dedicado a la reflexión se reduce a los villancicos y a los pesebres. De Jesús sólo queda un niño sonriente en una cuna de paja debajo de una rama de pino adornada de luces y colores. A su alrededor, paquetes y más paquetes.
Tal cambio parece venir de la mano de los ritos y festejos en época de siembras y cosechas. Era el tiempo en que los hebreos expiaban sus demonios y se los incorporaban a un chivo desterrado en el desierto, donde perecía, purificando así los pecados del pueblo. Se lo conocía como el chivo emisario.
En la Roma primitiva, se celebraban las Calendas de Marzo que era el primer día del calendario lunar. Allí las vestales apagan una vela y la volvían a encender como señal del término e inicio de un nuevo ciclo en un rito de renovación.
Esta cercanía de fechas religiosas y paganas, con el tiempo han modificado la trascendencia que tuvo la revolución cristiana en el mundo judío y su influencia en el credo musulmán, seis siglos más tarde, tal como consta en el Corán, su libro sagrado.
Hasta entonces la religión judía se limitaba al fortalecimiento y unión del pueblo hebreo y a la interpretación judía del mensaje mosaico, cosa no siempre aceptada por todas las tribus de Israel. El nacimiento del cristianismo llevó un nuevo y renovador mensaje, mucho más universal y aunque fundado en las antiguas enseñanzas bíblicas del Antiguo Testamento y sus cinco libros fundamentales, le añadió la suya. El cristianismo produjo así un profundo cambio político y social en la sociedad judía y en el mundo greco romano, el Occidente de entonces.
Para los creyentes, como para los no creyentes, ésta es época de acción de gracias y tal vez por estos lados de influencia anglosajona, el pavo de los pioneros puritanos haya sustituido también al cordero de los antiguos cristianos.
De todas formas la mesura austera y una sincera reflexión sobre nosotros, sobre nuestra familia y nuestra sociedad nos hará volver a aquellas raíces primitivas donde todo el pueblo era uno sólo.
Hacer una renovada necesidad de auténticas amistades y esforzarnos en ser mejores ciudadanos con el objetivo de entregarle a las futuras generaciones un mundo más pacífico, más próspero, justo y solidario en un medio ambiente mejor, es siempre un buen comienzo.
Un abrazo fraterno a mis amigos del Panamá América y a sus lectores, junto con un sincero deseo para que se fortalezcan y renueven las esperanzas de un futuro mejor para todos.