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La Navidad paranoica


Estoy seguro que muchos han leído, o siquiera escuchado, historias en las cuales un monstruo intenta robarse el espíritu navideño. Proporciones guardadas, la navidad panameña del 2008 tiene su propia creatura de terror, que quiere arrebatarnos la paz de estas fiestas cristianas; nos referimos a la inseguridad.

Todos los días recibimos noticias, correos electrónicos y cuentos de cómo nuestra ciudad está siendo invadida por delincuentes que acechan a ciudadanos honestos. Muchas de estas historias podrían ser producto de la imaginación, pero les aseguro que la mayoría está basada en la realidad. Como consecuencia de estas tragedias, sobreviene el temor, la ansiedad, desesperación, pues esto podría pasarnos a nosotros.

¿Estamos paranoicos en estos días? El término paranoia es frecuentemente utilizado en condiciones no patológicas para designar una condición de ansiedad, temor, desesperación o persecución. Éste es el caso de los ciudadanos honestos de la ciudad de Panamá durante el mes de diciembre del 2008, en donde recibimos advertencias 24 horas al día sobre hechos violentos relacionados con robos en centros comerciales. No hay que avergonzarse de esta condición, pues conocedores de la materia aseguran que es común esta sensación cuando nuestro organismo asume una actitud de defensa, cónsono con el afán de supervivencia innato.

Para las autoridades que todavía piensan que estas situaciones son producto de nuestra imaginación, detallamos anécdotas reales:  

1. Esta joven ejecutiva concurre junto a su hijo a uno de los centros coemerciales más prestigiosos. Al acercarse a su auto, observa impávida cómo se aproxima una figura masculina con un pasamontañas. En pánico y con una fuerza producto de la adrenalina, sube al niño de un brinco. Luego, en menos de dos segundos, logra llegar a su asiento. Decide encender el vehículo y arremeter contra el agresor. Gracias a Dios el supuesto atacante pasa de largo y es cuando la madre logra apreciar la máquina de cortar césped del sujeto.

2. Esta joven recibe consejos de su esposo, por llevar tantas tarjetas en su cartera. Por lo que, de tanta insistencia, saca sus tarjetas de crédito y débito cada vez que las utiliza. En un día de compras se olvidó que las tenía en las piernas al subirse a su automóvil, y, sin percatarse, las deja caer en pleno estacionamiento. Ya en el centro comercial, cree que han sido robadas en algún almacén. Su pánico finaliza al verlas en el pavimento.

Esta paranoia por la inseguridad se ha incrementado en épocas navideñas. Lamentablemente, en el tiempo en que debe abundar la paz, la hermandad y la felicidad. Qué pena que dejemos de ser el país al que otras nacionalidades envidiaban por la seguridad de sus calles y costumbres.

101 años de Panamá América

 
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