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La niñez, nuestra prioridad


Tanto la sociedad civil como los políticos hablan de proteger a los niños; "ellos son el futuro de la patria, ellos deben ser los protegidos"; sin embargo, poco hacen los gobiernos por los niños. Los presupuestos no contemplan un renglón específico que dediquen a las criaturas desamparadas.
Nada hay como la mirada de un niño; nada nos perturba más que sus sufrimientos; pero, sus necesidades son múltiples aunque sencillas. La salud es indispensable para ellos; su cuidado, sus vacunas, la prevención de enfermedades, la nutrición para su crecimiento físico y su formación intelectual.
Si buscamos las organizaciones que se ocupan del cuidado de los niños, tenemos Nutrehogar, Niños del Darién, las obras de la Primera Dama que han sido excelente en estos cinco años, el Hogar Esperanza para los niños de la calle, la casa para niños con leucemia, la Fundación Obsequio de vida y muchas más. ¿Qué tienen en común? Todas son auspiciadas por la sociedad civil, por las donaciones de personas o empresas privadas, por voluntarios que trabajan para ellos desinteresadamente, y siempre andan sin dinero para sus necesidades.
Nos quedan aquellos pedacitos de gente que son maltratados por sus padres o familiares; los que son abusados sexualmente y que muchas veces desconocemos. Debemos pensar en los niños que trabajan desde temprana edad cuando debieran jugar como es propio de la edad. El trabajo infantil que más maltrata es el que les impide asistir a la escuela a aprender, a tener oportunidades de ser mejores hombres o grandes hombres. Existen países en donde el trabajo infantil es un verdadero problema social porque aumenta el analfabetismo y sume en la pobreza a su población.
Hace unos días escuché un informe de las Naciones Unidas que hablaba de los millones de niños en el mundo que abandonan las escuelas sin tener acceso a una educación completa. Decía también que en Africa, las 3/4 partes de los niños no saben leer ni escribir. ¿Saben lo que eso significa, qué mundo estamos formando? O un mundo elitista en donde sólo una minoría tiene acceso a la educación y lo tendrá al poder económico, intelectual y político, en detrimento de una mayoría sumisa e ignorante, o un mundo de vicios, de pobreza, de ignorancia por falta de educación. Ninguno de los dos es el ideal para una era tecnológica porque sería de contrastes que no deseamos, de desarmonía y desequilibrio.
Pensemos en lo que es una sociedad que supera el subdesarrollo, que más bien va en retroceso. Una sociedad donde la brecha entre ricos y pobres es enorme e insalvable; en donde la diferencia entre los que pueden protestar y los que no saben hacerlo, alcanza índices indescriptibles. Imaginemos un mundo gobernado por un grupo minúsculo de sabiondos sobre una mayoría sin oportunidades. Esto no es lo que quiero para mis nietos; este no es el futuro que aspiramos para que sea el resultado de tantos esfuerzos. Pero si no atendemos la niñez, si no los alimentamos, los educamos, los protegemos contra la violencia, tendremos un mundo de grandes contrastes y por lo tanto, de desigualdades y mala distribución de las riquezas.
Tenemos la obligación de atender a la niñez, de ayudarla, de velar por ella para que sean pilares de una sociedad moderna, reconvertida y lo más cerca posible de lo ideal.
Si logramos más atención y ayuda, tendremos un mundo de paz, de igualdad de oportunidades y menos vicios en la niñez y la juventud.

101 años de Panamá América

 
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