La nobleza del espíritu
Si la efigie moral de un hombre hubiera de caracterizarse con un solo rasgo dominante, la nobleza sería en Belisario Porras y en Pancho Arias la virtud simbólica de su personalidad. No la nobleza de la sangre que para ellos no tuvo significación primordial, sino la nobleza del espíritu que se traduce en el sentir magnánimo, en el pensar alto y en el obrar justiciero. Ambos fueron políticos, cada uno en su tiempo: Belisario Porras fue tres veces Presidente de la República y uno de los más destacados dirigentes políticos de todos los tiempos. Pancho Arias, en cambio, no pudo llegar a ser Presidente. Por ser noble de espíritu, resplandecieron en Belisario Porras y en Pancho Arias esas cualidades superiores que hicieron de ellos figuras singularmente prestigiosas: el valor con que afrontaron todas las situaciones; el estoicismo con que sobrellevaron los infortunios; el sentido humano e igualitario con que se adentraron en el corazón de las masas; la cortesía de buena ley y la campechanía genuina por las cuales fueron gentiles hombres de la ciudad y del campo, del palacio y de la choza.
Por ser nobles de espíritu amaron la justicia y detestaron la opresión; dijeron sin ambages la verdad y aborrecieron la mentira; hicieron de la lealtad un culto y de la franqueza un hábito; miraron de frente y atacaron de frente; hablaron con voz de trueno para proclamar sus convicciones y no se arredraron ni se abatieron ante las iras de los poderes arbitrarios. Por ser noble de espíritu amaron sus ideales, veneraron los principios, y abrazaron con fervor la causa de ese liberalismo avanzado, de fuerte contenido social, que concilia en armoniosa conjunción los derechos del hombre, las necesidades de la colectividad y los poderes del Estado.
Por esa nobleza espiritual que irradiaban a través de un clarísimo talento, como pasan por un prisma los colores del iris, Belisario Porras, de origen humilde; y Pancho Arias, el vástago de una familia procera, fueron revelándose paulatinamente como hombres profundamente serios y concienzudos; como unas mentalidades sensibles a las palpitaciones y problemas de la vida; como unos conductores dinámicos, idealistas, dotados de poderoso magnetismo personal; como dirigentes cuya envergadura se podía medir por la claridad de criterio y por la elevación de los propósitos; como estadistas, en fin, a quienes la Patria podía encomendarse con la confianza que inspiran la integridad incorruptible y el carácter acendrado.
Y por esto, Belisario Porras, considerado como el más esclarecido presidente de nuestra historia republicana, y Pancho Arias, llamado con orgullo “el caballero de la política”, modelos magníficos de ciudadano, de amigo y de hombre, vivirán eternamente en el corazón del pueblo panameño como grandes señores de la simpatía y príncipes de la democracia.