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La Norma 388-98 y el desastre con el peso del pan


De acuerdo con investigaciones realizadas recientemente por los funcionarios de la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC), el 97% de las panaderías en la ciudad de Panamá y el distrito de San Miguelito no cumplen con las disposiciones establecidas en la Norma 388-98. Esta norma fue publicada en la Gaceta Oficial del 20 de noviembre de 1998, y tiene por objeto definir las características y establecer las normas sanitarias en la fabricación del pan.
El hecho de que las diferentes versiones del pan, específicamente las michitas, viriles y flautas no cumplen con el peso establecido en dicha norma, es de mucha preocupación para la CLICAC debido a una serie de factores importantes. Primeramente, las desviaciones encontradas que oscilan entre 20 y 30 por ciento en comparación con el peso requerido son inaceptables debido a que no le están dando al consumidor la cantidad que se espera del producto que se está adquiriendo. En otras palabras, al incumplir con la Norma 388-98, las panaderías se están quedando con una parte substancial del producto y están produciendo una pérdida en el bienestar de todos los panameños que consumen pan como parte esencial de su dieta diaria.
Si proyectamos el consumo promedio de harina de las panaderías artesanales a nivel nacional, se obtiene que diariamente los consumidores pierden aproximadamente 10,000 balboas debido a la diferencia en el peso del pan por concepto de harina y otras materias primas que no se adicionan en la fabricación del producto. Es decir, se trata de una pérdida millonaria anual en perjuicio de todos los consumidores panameños.
En segundo lugar, son intolerables las condiciones insalubres y antihigiénicas que existen en ciertas panaderías, lo que demuestra el nivel de relajamiento en las exigencias y normas de sanidad, higiene y salubridad. Esta situación, además, puede contribuir a la propagación incontrolable de enfermedades y epidemias. La Norma 388-98 es muy clara en el sentido de que el pan debe ser fabricado con materias primas de primera calidad, exento de materia terrosa, parásitos y en perfecto estado de conservación. La realidad es que si tuviéramos la oportunidad de observar lo que ocurre dentro de estas panaderías, no nos quedarían ganas de comer el "bendito pan de cada día", porque a través de investigaciones, la CLICAC ha evidenciado y denunciado la existencia de pailas y utensilios contaminados, hornos oxidados e infestados de ratones, harina con levadura fermentada de varios días, trabajadores que manipulan el pan sin utilizar guantes ni gorros, y cajeras que cobran el dinero y despachan el pan con la misma mano. Y como si fuera poco, ¡no dan facturas!
El tercer factor de preocupación es que, aún después de haber participado en la elaboración, confección y publicación de la Norma 388-98, los propietarios de las panaderías no comprenden el alcance de dicha norma. Ya la excusa de que no sabían, no los va a ayudar en esta ocasión; no hay peor ciego que el que no quiere ver y sordo que el que no quiere escuchar. Para aquellos que quieren seguir jugando con el pan del pueblo, mi opinión es que la falta de conocimiento no los debe eximir de sus responsabilidades.
Es importante también resaltar la realidad de que las panaderías ubicadas en los corregimientos de Curundú, San Felipe, Chorrillo y Juan Díaz, los cuales son precisamente los más marginados de la ciudad capital, son las que están fabricando y vendiendo el pan con menos peso, incidiendo tremendamente en el bienestar de los más necesitados y de los que más lo requieren como sustento alimenticio. Mi opinión de estas panaderías es que, además de estar infringiendo la Ley 29 de 1996 e incumpliendo una norma oficial, reflejan una alta dosis de inmoralidad e injusticia por mermarle al consumidor la fuente más importante de sus calorías.
Y finalmente, un motivo más de preocupación es la poca sensibilidad ciudadana que se tiene con relación al uso de medidas exactas. Los temas de la metrología (que es la ciencia de las mediciones) y la normalización (que es el proceso para establecer modelos y patrones a seguir) son necesarios para alcanzar un grado deseado de calidad y poder satisfacer las necesidades de los consumidores. Para que las medidas y normas sean realmente valederas, tienen que ser conocidas ampliamente, aplicadas con seriedad y verificadas con imparcialidad. No escapa de nuestras observaciones que el concepto de exactitud no es comprendido por nuestros industriales y comerciantes, quienes aducen que errores de esta naturaleza son insignificantes para los consumidores.
Somos de la opinión que la metrología, al ser la ciencia de las mediciones, requiere de exactitud y precisión, y de acuerdo a la Norma 388-98 se debe respetar con los pesos establecidos y la tolerancia permitida. Es evidente e imprescindible que el país necesita de normas y reglamentos técnicos de uso obligatorio, y por eso la CLICAC, en su función de proteger los derechos del consumidor y vigilar el fiel cumplimiento de las normas oficiales, ratifica su compromiso de realizar no solamente mediciones y verificaciones sino de promover el comercio nacional utilizando la metrología legal como mecanismo de uniformidad.
A aquellas panaderías que sí cumplen con la Norma 388-98, aprovechamos para felicitarlas por brindarle al consumidor productos de calidad, en condiciones aceptables de salubridad e higiene. Continúen así en beneficio de los consumidores que sí se lo merecen.
Los problemas complejos requieren de soluciones integrales. El problema del peso del pan es un desastre y la CLICAC se va a hacer sentir en la comunidad sancionando de forma ejemplar a aquellas panaderías que no cumplen con su obligación de informar clara y verazmente el peso del producto ofrecido. No obstante, con relación a la situación caótica de sanidad y salubridad, no hay la menor duda que es responsabilidad del Ministerio de Salud intervenir de inmediato y brindar el apoyo a la CLICAC para que las verificaciones de las normas oficiales no queden en el olvido en perjuicio de los consumidores. Nuestra opinión es que el Gobierno debe trabajar como un equipo inseparable en la solución de los problemas que aquejan a los consumidores. ¡A la carga se ha dicho que juntos hacemos la diferencia!

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