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La norteamericanización del conflicto colombiano y Panamá


Los panameños tenemos que observar con mucho cuidado y recelo, el denominado "Plan Colombia", propuesto por los Estados Unidos, mismo que consiste en el desembolso de mil 300 millones de dólares que serán destinados en la dotación al gobierno colombiano, de equipos y enseres de alta tecnología militar, para combatir supuestamente el flagelo del narcotráfico. Evidentemente, se trata de una estrategia político militar, que se perfila a militarizar, se dice, la lucha contra el lucrativo negocio de las drogas. No perdamos de vista que este enfoque, tipo imperial, es para los Estados Unidos un enfoque estratégico que hace parte de la política exterior de ese país, en tanto que han elevado el tema de las drogas y el narcotráfico al rango de seguridad nacional. Ahora bien, se trata de un nuevo pretexto para continuar desarrollando, lo que han considerado como designio histórico, su paraguas defensista sobre toda la región latinoamericana. Los Estados Unidos tiene un concepto de seguridad nacional que no se limita a su territorio nacional. Con el Plan Colombia, los Estados Unidos, pretende pasar de un enfoque estrátegico defensivo a uno de carácter político- militar ofensivo.
No hay que ser un ducho o experto en asuntos de estrategia o geopolítica (militar) para preveer que esta aventura "idiota", del Plan Colombia, pudiera tener efectos expansivos, que eventualmente comprometieran la integridad territorial de los países de la región latinoamericana; en particular, los que hacemos parte de la franja ístmica y muy específicamente, nosotros los panameños, que tenemos fronteras con Colombia. Conocedores de la situación colombiana y de los conflictos que a menudo ocurren en las fronteras (Darién), han señalado que una norteamericanización del conflicto colombiano, pudiera comprometer la integridad nacional y la propia seguridad interna. Nosotros, vamos más lejos. El Plan Colombia pudiera convertir el Canal de Panamá en un objetivo de guerra, lo que bien pudiera ser el pretexto o la justificación para aducir, unilateralmente, su protección y defensa. De manera que este asunto hay que analizarlo con mucho cuidado y recelo.
Con esto del Plan Colombia, los Estados Unidos se apresta a jugar la política de "tres pájaros de un solo tiro". 1. Apunta a atacar y desmantelar la red de producción y distribución del negocio de la droga; 2. controlar y limitar el creciente consumo de droga y la corrupción que se deriva de este ilícito negocio, en los Estados Unidos y 3. por carambola estratégica, propinarle un golpe certero a las fuerzas revolucionarias colombianas. No por casualidad, los mentores del "Plan Colombia", han invertido sumas millonarias en publicidad, al mejor estilo de la guerra de baja intensidad, para persuadir y convencer a la opinión pública mundial que guerrilla y narcotráfico, son las mismas cosas. Precisamente, este enfoque, que tiende a soslayar que existen mediaciones, que hacen énfasis en lo social y lo democrático y que dan vida al conflicto de la violencia social, lo que pudiera llevar a los Estados Unidos a un empantamiento tipo Vietnam. Esta aventura loca, no se compagina con los esfuerzos, que detractando del narcotráfico, vienen haciendo algunos países europeos para que en Colombia se viva la paz y la plena democracia.
Como señalábamos, los panameños debemos tener cuidado que se nos integre o articule como cabeza de playa para ciertas y permanentes tareas de logísticas e inteligencia de alcance militar que pudieran convertir al territorio nacional en un escenario de un conflicto que no nos pertenece. Es dentro de este contexto que Panamá debe asumir una posición clara, diáfana y firme. Sin rodeos de ninguna clase debe pronunciarse en el sentido que no aceptemos a que se nos haga parte de una estrategia político-militar, que pretextándose el problema del narcotráfico, constituya una abierta intervención, no sólo en el hermano país de Colombia, sino en el nuestro. Los panameños queremos vivir en paz y ese "Plan Colombia", presagia conflictos internos que pudieran comprometer nuestra soberanía.
Sentimos que el gobierno no está manejando estas situaciones con la suficiente responsabilidad. Se requiere de una política, tanto nacional como exterior, que nos permita enfrentar los eventuales problemas que sobrevendrán como consecuencia de una norteamericanización del conflicto colombiano. Nos identificamos, con la idea de apelar a la Organización de las Naciones Unidas, en el sentido de solicitarle el apostamiento de la fuerza de paz (Cascos Azules) en la frontera con Colombia, junto con los dispositivos de Seguridad Nacional, para evitar con ello, que el teatro de la guerra se desplace a territorio nacional. Esta medida debe venir acompañada de una ley que declare la República de Panamá como territorio neutral.
Aclaro que una eficiente política exterior debe descansar en el manejo transparente de la información. El secretismo en asunto tan delicado, que tienen que ver con la soberanía y la integridad territorial, no pueden manejarse al margen de la opinión pública.

101 años de Panamá América

 
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