La nueva cara de la Iglesia Católica
Dificulto que haya quienes justifiquen los actos de pederastia de sacerdotes que han ido apareciendo en diversas partes del orbe. Que lo que ocurre sea producto de la intolerancia eclesial de mantener el celibato entre sus sacerdotes, es algo difícil de determinar. Más bien habría que decir que lo que se está descubriendo es parte de la naturaleza humana de la cual también están compuestos quienes se consagran al sacerdocio. Por eso la Iglesia debe ser lo más severa posible cuando se descubra alguna de estas fallas, entregando a los sospechosos a las autoridades competentes, impidiendo a quienes resulten culpables su reincorporación al magisterio. No puede convertirse en cómplice y menos en encubridora de estos deleznables comportamientos.
Lo extraño de todo el fenómeno es la especie de orquestación mundial que se da contra la Iglesia por los casos de pederastia que salen a la luz pública, sobre los cuales las autoridades eclesiásticas están ayudando a descubrirlos, sancionando a los responsables, aún si los mismos sean inclusive Obispos. Cuando de atacar se refiere a los únicos que le encuentran defectos y pecados es a los católicos. No es nada nuevo: es al árbol con frutos al que se le tiran piedras.
Desconocemos lo que pasa con las demás Iglesias porque los católicos no estamos cazando brujas para justificar los males internos. Semanas atrás hubo una Obispa de la Iglesia Episcopal alemana que fue detenida porque manejaba en estado de embriaguez; en otras ha habido permisividad en cuanto a la ordenación de homosexuales. Frente a esos actos a nadie se le ocurrió lanzar un ataque feroz contra toda la estructura de una Iglesia. De todo hay en la viña del Señor. Igual sucede con los sacerdotes que cometido tan despreciables faltas, son desafortunadamente los menos, frente a una mayoría que a diario da testimonio de dedicación, sacrificio y de su entrega a los Evangelios. En esa mayoría de gente de testimonio no sólo encontramos a los sacerdotes sino a laicos comprometidos y a todos como, las monjas que forman parte integral de esa Iglesia nuestra y que su silencioso trabajo llega a tantos pobres, enfermos y necesitados.
En este delicado proceso que vivimos debemos cerrar filas frente a nuestra jerarquía, hoy bajo el liderazgo de un nuevo Arzobispo, José Domingo Ulloa. No para pedirle que oculte nada, sino por el contrario, para que enfrente con valentía y coraje cualquier error que encuentre en su camino, reto de su nuevo apostolado. El que este exento de pecado que tire la primera piedra, nos enseña el Evangelio.
La más antigua de las Iglesias, al igual que ha ocurrido con abatidas similares en el pasado, sabrá sobreponerse a esa minoría que poco a poco será desterrada de la Iglesia, para que nueva sangre, tanto de religiosos como de laicos, sepan darle una nueva cara a nuestra Iglesia Católica, Apostólica y Romana.