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La objetividad política no tiene precio


La política o el arte de lo político en Panamá ha ido en aumento. Ya son más los artículos o programas de opinión en los diferentes medios de comunicación que han ido pasando de la retórica de alabar a ciertos candidatos o partidos, para darle paso a la objetividad política, tocando temas importantes sin tener el temor a la represalia de antaño, la cual venía de los cuarteles, o bien, de las poderosas familias que controlaban los medios.

Hoy tenemos forjadores de opiniones y generadores de la misma, más serios y comprometidos con decirnos la verdad en la cara y, principalmente, a los políticos que detrás de "slogan", campañas costosas o haciendo alarde de riquezas o tradiciones partidarias, pretenden que nuestro pueblo siga viviendo como si la educación y preparación académica fuera algo extraño. La población está más interesada en el devenir nacional que décadas atrás, donde la represión a un pueblo era cosa del día a día, y no era de extrañar.

En los partidos políticos sobran los aduladores, y aquel que no se monta en esa ola o forma parte de la componenda de los que le hablan al oído del candidato o candidata, simplemente es mal visto o alejado del poder. Por tradición los que llegan a ser Presidente se hacen rodear de estas personas para vivir de su ego inflado, sin importar o reparar por un solo momento en verificar que las cosas se están haciendo bien. Algunos entran con buenas ideas, las cuales se van disipando en la medida que trabaja el serrucho y láser de quien con subjetivismo se hace indispensable.

Las campañas electorales deben estar más llenas de mensajes y promesa que sean cumplibles, para que la demagogia que le corre por las venas a algunos asesores, no contamine la buena marcha de un candidato, pues, al final, esos asesores cobran sus emolumentos, pero los candidatos terminan perdiendo una elección. Es cuestión de simple práctica. Aun cuando no les guste, el pueblo es el pricipal crítico de los políticos, por eso, muchos no podemos aplaudir cada mueca o gracia que haga un candidato, pues con eso no está solucionando ningún problema nacional.

Cuando nos toque de alguna forma lograr escalar peldaños políticos, debemos subir con ese altavoz que es la conciencia de las enseñanzas de nuestros padres, la cual siempre nos permitirá ser serenos en nuestras actuaciones, alejando los apasionamientos y, sobre todo, a las mismas aves de rapiñas que se acomodan según el que llegue al poder, sea hombre o mujer, siendo su principal arma la adulación y jamás los oirán dar consejos objetivos en los cuales sus intereses se vean perjudicados.

Quien en política pretenda dar consejos sanos que estén dirigidos al beneficio colectivo, que sepa que se encontrará con el muro que representan aquellas personas cercanas a las fuentes del poder, que no permitirán que sus opiniones se escuchen, por el contrario, se tejerán las famosas historias de deslealtades y traiciones que sirven de excusa para no dar cabida a opiniones disímiles de quienes detentan el poder, o bien, de aquellos que se esconden detrás del mismo, para seguir manipulado cual marionetas, a los presidentes de turno.

Ojalá los medios sigan permitiendo la participación ciudadana, de personas con opiniones diferentes a la de los políticos tradicionales que, escondido en su tradición, pretenden ser los detentores de la única verdad que puede existir, que no es otra que la que les conviene a ellos y con la cual obtienen ventaja, logrando poner ministro, vicepresidentes y diputados apoyados por las riquezas acumuladas a costa del erario público y de sus contactos.

101 años de Panamá América

 
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