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La OEA, Venezuela y la Carta Democrática


Después de 28 horas de suspenso, Hugo Chávez retomó el control del gobierno. Lo asumió hace tres años, producto de una amplia victoria electoral construida sobre el desgaste y la falta de credibilidad de los partidos políticos venezolanos. En 1992, el entonces coronel Chávez intentó hacerse del poder mediante un golpe de estado que lo llevó a la cárcel. Su primera victoria electoral la consiguió en 1998 y la ratificó un año y medio después con otro amplio triunfo electoral. El poder legítimamente ganado lo utilizó para consolidar un régimen diseñado a su medida, consagrado en una nueva constitución política que el pueblo venezolano ratificó en un referéndum. Por tanto, con apego estricto al derecho, las credenciales para gobernar del presidente Chávez son inobjetables.
Cuando se produjo el golpe de estado militar que instauró el gobierno provisional del señor Carmona, presidente de la Federación de Cámaras de Comercio de Venezuela, la comunidad internacional, pero especialmente los países de nuestro hemisferio quedaron frente a un dilema que, ineludiblemente, debían resolver: condenar la alteración constitucional ocurrida en Venezuela o hacerse de la vista gorda abriendo paso al reconocimiento del régimen golpista. La disyuntiva no era sencilla. Por una parte, en Venezuela se había venido produciendo un escalamiento de las confrontaciones internas con una evidente polarización, cada vez más radicalizada, en gran medida achacada al estilo de gobierno del presidente Chávez. Por otra parte, un gobierno legítimo había sido derrocado inconstitucionalmente.
Los países miembros de la OEA aprobamos el año pasado en la ciudad de Lima, el mismo día del ataque terrorista perpetrado en Nueva York y Washington, la Carta Democrática Interamericana. Ese instrumento, cuya aprobación marcó un hito en las relaciones hemisféricas fue la tabla salvadora. De acuerdo con ella, no cabía otra alternativa que aplicarla estrictamente. Y ese fue el rumbo que adoptó el Grupo de Río que a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno, se encontraba reunido en San José de Costa Rica cuando se produjo el golpe militar.
La Carta Democrática claramente establece, por un lado, el derecho de los regímenes legítimamente constituidos e invocarla para que la comunidad interamericana les apoye cuando se trate, inconstitucionalmente, de desplazarles de poder y, por el otro, la exclusión del sistema interamericano de los gobiernos que asuman inconstitucionalmente el poder.
La democracia se ha reinstaurado en Venezuela. Los poderes legítimamente constituidos han reasumido sus funciones. La Carta Democrática, que fue el fundamento de la presión que ejerció la comunidad interamericana, encabezada por el Grupo de Río, pasó con éxito su primera prueba.
111 Los poderes legítimamente constituidos han reasumido sus funciones. La Carta Democrática, que fue el fundamento de la presión que ejerció la comunidad interamericana, encabezada por el Grupo de Río, pasó con éxito su primera prueba.
Sin embargo, sería iluso pensar que en Venezuela la situación ha vuelto a la normalidad. Como bien reconoció el Grupo de Río en su oportuno y muy equilibrado pronunciamiento, existe una creciente y exacerbada polarización de los sectores de la sociedad venezolana. Para disminuirla será necesario, en primer lugar, que entre ellos se restablezca un grado mínimo de confianza y se avance en un diálogo para lograr la reconciliación. Y es obvio que en estos momentos la primera movida le corresponde al presidente Chávez. Sus primeras manifestaciones públicas son un buen presagio y también un compromiso frente a la comunidad internacional, pero especialmente ante la interamericana.
A partir de ahora, todos seguiremos con profundo interés lo que ocurra en Venezuela, a cuyo pueblo le deseamos un futuro de paz y estabilidad. Y que pueda vivir en una democracia plena, en la que impere la tolerancia y se respeten las garantías fundamentales de todos.
Francia ha condenado siempre los actos de terrorismo cualesquiera que sean sus orígenes, y en particular los atentados suicidas, de los cuales las poblaciones civiles son víctimas.
Las autoridades francesas nunca han pensado ni dicho que la situación en Palestina podía servir de excusa al terrorismo en Israel o a los actos antijudíos en cualquier otra parte del mundo.
Esto no impide que Francia siga defendiendo su punto de vista y su análisis de la situación en Palestina: Al respecto, se puede observar con satisfacción que la posición francesa en favor de un Estado palestino, que se remonta a febrero de 1982, es ahora compartida por Estados Unidos al más alto nivel.
*Aclaración del Servicio de Información de la Embajada de Francia al artículo "Amenaza con acento francés" de Germán Cavallero, publicado en esta sección el miercoles 10 de abril.

101 años de Panamá América

 
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