La OEA y la no intervención
La tendencia a menoscabar la soberanía de los Estados en pro del integracionismo económico y político o por el imperativo de defensa colectivo frente al narcotráfico, el terrorismo y otros delitos transnacionales, se vio reflejada durante los debates que han tenido lugar en la XXXV Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, que se celebra en Fort Lauderdale, Florida. Al menos dos mociones fueron consideradas en ese sentido, una de ellas -apoyada por Panamá- que planteaba establecer una especie de monitoreo de los gobiernos democráticos, por parte del organismo, para precisar el grado de respeto a los valores del sistema en los Estados miembros. El otro, más agresivo, pretendía acordar un mecanismo que permitiera la intervención de la entidad en países miembros que atravesaran crisis, sin invitación previa.
Ambas propuestas recibieron pleno respaldo de Estados Unidos, a través de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice; pero el contundente rechazo de la mayoría las hizo naufragar, destacándose en su oposición las naciones más grandes, Argentina, México y Brasil. Particularmente, el representante de este último país, dirigiéndose a Rice, quien presidía el debate dijo: "Señora Presidenta, la democracia no se impone por la fuerza, sino mediante consenso y diálogo". Con esas palabras, la iniciativa se fue a pique, pese a los esfuerzos de otras pequeñas naciones por buscar algún lenguaje diplomático que salvara, aunque fuera, los huesos calcinados de la propuesta. Otra que celebraba en grande, sin discreción alguna, fue la delegación de Venezuela, que trabajó intensamente en la obtención de votos contra la iniciativa.
El intervencionismo, pues, fracasó en esta ocasión; pero la tendencia está viva y es de esperar que reaparezca en otra oportunidad, en ese o en otros escenarios, llámense Organización Mundial de Comercio, tratados de libre comercio, tribunales penales internacionales, listas negras, etc.
Ambas propuestas recibieron pleno respaldo de Estados Unidos, a través de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice; pero el contundente rechazo de la mayoría las hizo naufragar, destacándose en su oposición las naciones más grandes, Argentina, México y Brasil. Particularmente, el representante de este último país, dirigiéndose a Rice, quien presidía el debate dijo: "Señora Presidenta, la democracia no se impone por la fuerza, sino mediante consenso y diálogo". Con esas palabras, la iniciativa se fue a pique, pese a los esfuerzos de otras pequeñas naciones por buscar algún lenguaje diplomático que salvara, aunque fuera, los huesos calcinados de la propuesta. Otra que celebraba en grande, sin discreción alguna, fue la delegación de Venezuela, que trabajó intensamente en la obtención de votos contra la iniciativa.
El intervencionismo, pues, fracasó en esta ocasión; pero la tendencia está viva y es de esperar que reaparezca en otra oportunidad, en ese o en otros escenarios, llámense Organización Mundial de Comercio, tratados de libre comercio, tribunales penales internacionales, listas negras, etc.