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La olvidada cultura


En su educación completa el hombre panameño debe recibirla integral, motivo por el cual se hace exigente incluir en los programas de estudios académicos, técnicos y vocacionales, la educación artística, pero más aplicada a las Bellas Artes, y no hacer de éstas tema de forma de estudio, que en vez de ayudar a despertar y orientar talentos -que muchos llevan dentro- lo que se logra es opacarla y/o confundirla.
El Instituto Nacional de Cultura (INAC), de acuerdo a la Ley que lo creó, es el autorizado para crear, velar, promover y proyectar las políticas culturales en el país. Así las cosas, ello debería permitir que puedan abrirse canales viables para dar paso al ambiente necesario y que los estudiantes tanto regulares como artísticos no vean frustradas sus metas, por quedarse encerrados en callejones sin salida.
En Panamá, desgraciadamente, no contamos con el apoyo estatal adecuado para el desarrollo de la cultura nacional, y lo primero que debe plantearse el INAC es contrarrestar la penetración cultural la cual limita la cultura nacional cerrándole las puertas de la oportunidad de su desarrollo y difusión para ser reemplazada por música, expresiones idiomáticas y costumbres muy lejos de nuestra idiosincrasia e identidad como Nación.
Esto sería parte de lo que denominamos ambientación, y cuando hablamos de ello es igual a motivación y obliga a que se encuentren las formas que le den seguridad a estos estudiantes futuros -artistas e intelectuales- que han de encontrar el mercado a su trabajo. Que no se continúe con la política de que todo lo que viene de afuera es mejor. Tenemos que acabar con este mito y en la medida que vayamos abriendo cada día más espacio a nuestros valores y tradiciones, en esa medida iremos elevando el nivel cultural del país.
Un vistazo sereno y consciente de lo que ha significado el Instituto Nacional de Cultura, desde su creación a la fecha, nos obliga a manifestar que los verdaderos objetivos y principios con que nace este instituto cultural, han sido logrados apenas a medias, ya que el ego de algunos directores -que no todos- de considerar que al haber sido ellos designados, los demás no cuentan, no han tomado en consideración los aportes que podrían hacer funcionarios de la institución con años de servicio, y muchos menos abrieron las puertas de la institución a todos los intelectuales, artistas y valores nacionales -que sí los hay en este país- con trayectoria, estudios y deseos de aportar. El sectarismo ha sido una constante en esta institución.
Otros se han aferrado a su "espacio político", que para ellos es esta institución cultural, una especie de "botín" de triunfo y que debe ser repartido entre sus copartidarios, olvidándose de que esta institución es un centro de arte, cultura e intelectualidad, y que debe estar por encima de la política partidista. Esto ha traído como consecuencia que en muchos períodos el INAC no haya promovido ampliamente ni arte ni cultura, ya que muchos de los que por él han transitado -con las excepciones honrosas- han vivido al margen de la misma.
Los antecedentes de excesiva burocracia, mediocridad y clientelismo, que han acompañado a nuestra institución cultural, justifican la aprensión y dudas de la ciudadanía de que el INAC se haya convertido en un lugar de veraneo de una corte de seudointelectuales que han estado practicando el "good time" en dicha entidad, sin ser capaces de producir ni de aportar nada en pro de la cultura y de otros que viven recostados a glorias pasadas y que se quedaron en ellas, secos de productividad, de innovación, de actualización y creación en el presente. Y algunas administraciones anteriores pretendieron convertir a la institución en un receptáculo de funcionarios desechables o problemáticos.
Es importante reestructurar y adecuar de manera coherente, realista y funcional esta institución cultural, de acuerdo a las necesidades del país; y antes de hablar de carrera administrativa, es imprescindible que se haga justicia a tanto funcionario con largos años de servicios, mal evaluados, mal remunerados, mal ubicados, perseguidos unos, algunos no preparados ni actualizados, y la gran mayoría desmoralizados por culpa de los que han regido esta institución en cada período, unos con mayor o menor responsabilidad. Creemos que a los funcionarios del INAC hay que darles la oportunidad... confiar en ellos... incentivarlos, motivarlos, darles la responsabilidad y permitirles desarrollar; de allí en adelante, entonces sí realizar una evaluación seria, crítica, objetiva y profesional.
Por ello es conveniente, en primer lugar, definir con claridad mediante un consenso lo que se entiende por cultura y, como consecuencia lógica, definir ampliamente lo que debe ser este ente que rige la cultura nacional.
Aunque para algunos la cultura es el teatro... otros hablan del Patrimonio Histórico... otros de danza, razas y tradiciones vernaculares... los hay que hablan de la plástica, la música y la literatura. Creemos que la cultura es un todo, y es prioritaria, así no pertenezca a la denominación o rango de la sobrevivencia. Es por ello que el compromiso con la cultura es a la vez un compromiso con la calidad de vida y el futuro de las nuevas generaciones de panameños. ¿Por qué después del General Omar Torrijos, nadie en figura de gobernante se ha dedicado a fortalecer la cultura en Panamá? Diríamos que por esa precariedad de la vida a la que nos hemos acostumbrado en Panamá.
Para rectificar rumbos y corregir errores de arrastre, el primer paso es establecer la diferencia entre cultura y educación; aunque se asuma que no hay un límite preciso, es necesario encontrar la razón para que se comprenda la existencia de dos entidades distintas. Y es que la cultura no puede ser la sesión solemne de la educación.
Es importante que la cultura sea parte importante del gobierno nacional, el elevar el nivel, el presupuesto y apoyo a la cultura es inaplazable, ya que los sucesos culturales existen y son concretos, y van más allá de crear museos, de encontrar la identidad cultural perdida, etc.
La cultura es una empresa en la que todos -sin excepción- debemos participar coadyuvando para preservar nuestra identidad como Nación, dándole vigencia y continuidad a nuestro patrimonio histórico-cultural, como el mejor legado que dejaremos a las próximas generaciones.

101 años de Panamá América

 
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