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La ONU, de vuelta a Irak


No hay que ser adivino para anticipar que a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no le queda otra alternativa que volver a Irak a colaborar con Estados Unidos, en la difícil tarea de reconstruir el país y sus instituciones con base a un modelo democrático. Y es que de la última nación, depende la mayor parte de su sustentación económica. Es un organismo costoso y de densa burocracia ociosa. Tiene que colaborar con quien paga la orquesta.
La cuestión es sin embargo irónica, porque cuando Estados Unidos decidió invadir a Irak contra el manifiesto criterio de la ONU, no le pidió permiso a nadie, y el organismo fue echado a un lado y, más que eso, ninguneado. Algunos temieron entonces el fin de la ONU que empezaba a lucir como un ente inservible y un obstáculo para el nuevo orden mundial bajo el liderazgo absoluto de Estados Unidos.
La invasión y el rápido desenlace del conflicto pareció consolidar la anterior postura. Los tiempos de la "guerra preventiva" se consolidaron como nueva doctrina internacional, luciendo la ONU como un estorbo para los nuevos designios de la guerra contra el terrorismo.
Pero vino lo imprevisible. La guerra en Irak ha continuado con más encono luego que seis meses atrás fuera declarado el cese oficial del conflicto. Las bajas fatales en la alianza que preside Estados Unidos ya supera las 500 con una docena de helicópteros derribados por la resistencia armada iraquí.
Paralelamente, el país se ha vuelto a más de inseguro ingobernable. La mayoría étnica chiíta, opuesta al derrocado dictador Sadam Hussein clama por el retiro de las tropas de ocupación y por unas elecciones libres. Los continuos sabotajes y atentados están estropeando los negocios que se mencionaban como incentivo para la guerra. La sombra de la anarquía se pasea por todos los rincones del país.
Y la ONU, que inicialmente había tenido una participación de asistencia humanitaria, se vio precisada a abandonar el país tras un devastador ataque con bombas que destruyó su sede y mató a su personal. Aquello fue como para no regresar jamás. Pero ya está siendo empujada de vuelta por el propio país que en su momento la criticó, menosprecio y propició su salida previa a la invasión. Sólo que en esta ocasión, seguramente, su Secretario General Kofi Annam exigirá un alto precio en términos de salvar caras y reconstruir parte del orden internacional perdido.

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