La ONU, la China y el Canal
Dentro de cuatro meses Panamá celebrará el XXV Aniversario de los Tratados Torrijos-Carter, firmados en Washington el 7 de septiembre de 1977, en el Salón de las Américas de la Organización de los Estados Americanos con la presencia de los Mandatarios del Continente.
No conocemos los planes y programas que el Gobierno Nacional haya preparado para celebrar esta efeméride, pero el acontecimiento nos induce a referirnos a la atención que mereció en las Naciones Unidas la vía interoceánica en 1997, cuando se quiso conmemorar la histórica firma de los Tratados del Canal, que pusieron fin al enclave colonial instituido en el corazón del país por el Tratado Hay Buneau-Varilla de 1903.
En 1994 el Gobierno panameño había anunciado su propósito de convocar en la ciudad de Panamá en septiembre de 1997 un Congreso Universal del Canal de Panamá, el cual se enmarcaba dentro de la conmemoración del vigésimo aniversario de la firma de los Tratados Torrijos-Carter. A la vez se destacó la finalidad de congregar en este cónclave a personeros de los Gobiernos, de los organismos internacionales, de las instituciones académicas públicas y privadas, de los usuarios marítimos y de las empresas de transporte internacional para examinar conjuntamente el papel que le corresponde desempeñar al Canal de Panamá en el siglo XXI.
En mi carácter de Embajador de Panamá ante las Naciones Unidas propuse a la Cancillería, dirigida entonces por Gabriel Lewis Galindo, que se me autorizara, como en efecto se me autorizó, para gestionar que la Asamblea General de las Naciones Unidas prohijara la celebración del Congreso. Propuse asimismo que para lograr el mayor impacto internacional se me permitiera adelantar las gestiones pertinentes ante los Gobiernos de los Estados Unidos y de Francia por conducto de sus Embajadores en las Naciones Unidas, a fin de lograr que dichos países suscribieran conjuntamente con la Misión de Panamá la solicitud de inclusión del tema relativo al Congreso en el Programa del 50° Período de Sesiones de la Asamblea General en el año 1995. Tuve éxito en las gestiones que realicé ante la Embajadora Madeleine Albright de los Estados Unidos y ante el Embajador Jean-Bernard Merimée de Francia, quienes obtuvieron y me transmitieron el asentimiento de sus respectivos Gobiernos.
Resultado de las gestiones aludidas fue el documento oficial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, (La Carta al Secretario General, el Memorándum Explicativo y el Proyecto de Resolución, redactados por mí, en consulta con la Cancillería panameña y con las Misiones de los Estados Unidos y de Francia), el cual fue distribuido en todos los idiomas bajo la signatura A/50/193 titulado "Solicitud de Inclusión de un Tema en el Programa del Quincuagésimo Período de Sesiones - Congreso Universal sobre el Canal de Panamá - Carta de fecha 18 de agosto de 1995 dirigida al Secretario General por los representantes de los Estados Unidos de América, Francia y Panamá ante las Naciones Unidas". A la Solicitud de Inclusión se adjuntó un Memorándum Explicativo (Anexo I) y un Proyecto de Resolución (Anexo II), por requerirlo así el Artículo 20 del Reglamento de la Asamblea General.
222La participación en el Congreso fue selectiva circunscribiéndose a la concurrencia de invitados especiales. La exclusión que ostensiblemente se hizo de importantes estados miembros de la comunidad internacional, desvistió al Congreso y lo privó del carácter universal...
La Comisión de la Mesa presidida por el Presidente de la Asamblea General en sesión celebrada el 20 de septiembre de 1995, aprobó por consenso incluir el tema del Congreso Universal sobre el Canal de Panamá para ser tratado en sesión plenaria dentro del Programa del 50° Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que por cierto coincidía ese año con la conmemoración del Cincuentenario de la Organización. El tema también se incluyó en el Programa del 51° y del 52° Períodos de Sesiones correspondientes a los años 1996 y 1997.
En el quincuagésimo período de sesiones la Delegación de Panamá a mi cargo, propuso conjuntamente con las Delegaciones de los Estados Unidos de América y de Francia, que la Organización de las Naciones Unidas y los países miembros se sumaran con decisión a la celebración del Congreso Universal sobre el Canal de Panamá, que tendría lugar del 7 al 10 de septiembre de 1997.
La Asamblea General de las Naciones Unidas por unanimidad adoptó la Resolución 50/12 del 7 de noviembre de 1995, otorgándole "su firme apoyo" a la celebración del Congreso e instando a los Estados Miembros para que prestasen su generosa asistencia al Gobierno panameño, y exhortando en igual sentido a las organizaciones intergubernamentales y no-gubernamentales.
Al año siguiente la Asamblea General, respondiendo a la acción conjunta de las Delegaciones de Panamá, los Estados Unidos de América y Francia, adoptó también por unanimidad la Resolución 51/5 del 24 de octubre de 1996, en la cual de modo categórico reiteró "su firme apoyo" a la iniciativa del Gobierno de Panamá, y lo instó a seguir intensificando sus esfuerzos para la celebración del 7 al 10 de septiembre de 1997, en la ciudad de Panamá, el Congreso Universal sobre el Canal de Panamá. Asimismo la Asamblea "renovó su llamado a los Estados Miembros para que prestasen su generosa asistencia al Gobierno panameño, y exhortó, en igual sentido, a las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales". Con particular énfasis, la Asamblea "instó nuevamente a los órganos, programas y organismos especializados competentes del sistema de las Naciones Unidas, en particular al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y a la Organización Marítima Internacional, para que hiciesen cuanto fuese posible para prestar su asistencia, en el marco de los recursos existentes, a la realización del Congreso Universal del Canal de Panamá".
Después de que el Congreso Universal fuera prohijado por las Naciones Unidas, me permití expresarle al Jefe del Ejecutivo mi genuina preocupación por el éxito de este evento a través del cual el mundo podría medir el nivel de las aspiraciones y la carga de compromiso que tenemos los panameños y las panameñas respecto al Canal. Me afirmaba en la idea de que la presencia de las Naciones Unidas y la presencia de la comunidad internacional en el Congreso Universal era en 1997, más interesante y sin duda menos desdeñable. Señalaba que haciendo aparte las diferentes percepciones que se tengan sobre las Naciones Unidas, el hecho real es que la vivencia de esta Organización, es equivalente a una gimnasia ecuménica que enseña que para mostrar y hacer comprender al propio país, hay que tener la apertura adecuada para que los otros nos muestren y nos hagan comprender al suyo.
En ese sentido transmití mi opinión de que la ambición universalista del Congreso, ameritaba que el Gobierno Nacional cursara invitaciones a los mandatarios de los entonces 185 Estados Miembros. Avalaba la viabilidad de tales invitaciones, la circunstancia de que Panamá en 1997, en la época de mi mandato, era miembro del Consejo Ejecutivo de la Organización Internacional del Trabajo, del Consejo Ejecutivo de la Organización Marítima Internacional y del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, así como de la Comisión de Desarrollo Sostenible creada por la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro de 1991.
La historia es bien conocida. La participación en el Congreso fue selectiva circunscribiéndose a la concurrencia de invitados especiales. La exclusión que ostensiblemente se hizo de importantes estados miembros de la comunidad internacional, desvistió al Congreso y lo privó del carácter universal, consagrado por las resoluciones 50/12 de 1996 y 51/5 de 1996 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que implicaban que todos los estados miembros de la organización estaban convocados a participar en el congreso.
La exclusión de la República Popular China no tiene justificación. La presencia de la República Popular China en el Congreso Universal, un inmenso país con más de 1,250 millones de personas, que es la economía en crecimiento más pujante del mundo, se encontraba plenamente justificada por la Resolución 2758 (XXVI) de la Asamblea General que reconoce a la República Popular China, como la única representación legítima de China en las Naciones Unidas y en todas las organizaciones del sistema. La decisión del Gobierno panameño de invitar a los personeros del Gobierno de Taiwan al Congreso y de excluir del mismo a los personeros del Gobierno de la República Popular China, dio lugar a que el Secretario General de las Naciones Unidas y los directores de los organismos de su sistema, notificaran al gobierno panameño su no participación en la celebración del Congreso Universal del Canal de Panamá.
Por la misma razón dejaron de asistir el Presidente de los Estados Unidos y el Presidente de Francia, los dos Estados que conjuntamente con Panamá, promovieron que las Naciones Unidas prohijaran el Congreso, tampoco asistieron el Primer Ministro del Japón, el Rey de España, el Presidente del Gobierno español, el Primer Ministro del Canadá y el Primer Ministro de Inglaterra. No obstante, el gobierno panameño se consideró satisfecho, complacido y realizado por la asistencia del Dr. Lee Teng Hui, de Taiwan.
Son muchas las razones que hacen tanto a la historia del país, como a mi propia historia personal, en lo que atañe a la reivindicación de la soberanía de Panamá sobre la totalidad de su territorio nacional, las que nos mueven a dejar sentado que la idea del frustrado Congreso Universal se asoció a una secular aspiración de todos los panameños y panameñas que querían tener la satisfacción de cerrar el siglo XX con un acto en que el mundo entero recibiera el genuino testimonio de la permanente vocación universalista del pueblo panameño. El desafío sigue en pie.
No conocemos los planes y programas que el Gobierno Nacional haya preparado para celebrar esta efeméride, pero el acontecimiento nos induce a referirnos a la atención que mereció en las Naciones Unidas la vía interoceánica en 1997, cuando se quiso conmemorar la histórica firma de los Tratados del Canal, que pusieron fin al enclave colonial instituido en el corazón del país por el Tratado Hay Buneau-Varilla de 1903.
En 1994 el Gobierno panameño había anunciado su propósito de convocar en la ciudad de Panamá en septiembre de 1997 un Congreso Universal del Canal de Panamá, el cual se enmarcaba dentro de la conmemoración del vigésimo aniversario de la firma de los Tratados Torrijos-Carter. A la vez se destacó la finalidad de congregar en este cónclave a personeros de los Gobiernos, de los organismos internacionales, de las instituciones académicas públicas y privadas, de los usuarios marítimos y de las empresas de transporte internacional para examinar conjuntamente el papel que le corresponde desempeñar al Canal de Panamá en el siglo XXI.
En mi carácter de Embajador de Panamá ante las Naciones Unidas propuse a la Cancillería, dirigida entonces por Gabriel Lewis Galindo, que se me autorizara, como en efecto se me autorizó, para gestionar que la Asamblea General de las Naciones Unidas prohijara la celebración del Congreso. Propuse asimismo que para lograr el mayor impacto internacional se me permitiera adelantar las gestiones pertinentes ante los Gobiernos de los Estados Unidos y de Francia por conducto de sus Embajadores en las Naciones Unidas, a fin de lograr que dichos países suscribieran conjuntamente con la Misión de Panamá la solicitud de inclusión del tema relativo al Congreso en el Programa del 50° Período de Sesiones de la Asamblea General en el año 1995. Tuve éxito en las gestiones que realicé ante la Embajadora Madeleine Albright de los Estados Unidos y ante el Embajador Jean-Bernard Merimée de Francia, quienes obtuvieron y me transmitieron el asentimiento de sus respectivos Gobiernos.
Resultado de las gestiones aludidas fue el documento oficial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, (La Carta al Secretario General, el Memorándum Explicativo y el Proyecto de Resolución, redactados por mí, en consulta con la Cancillería panameña y con las Misiones de los Estados Unidos y de Francia), el cual fue distribuido en todos los idiomas bajo la signatura A/50/193 titulado "Solicitud de Inclusión de un Tema en el Programa del Quincuagésimo Período de Sesiones - Congreso Universal sobre el Canal de Panamá - Carta de fecha 18 de agosto de 1995 dirigida al Secretario General por los representantes de los Estados Unidos de América, Francia y Panamá ante las Naciones Unidas". A la Solicitud de Inclusión se adjuntó un Memorándum Explicativo (Anexo I) y un Proyecto de Resolución (Anexo II), por requerirlo así el Artículo 20 del Reglamento de la Asamblea General.
222La participación en el Congreso fue selectiva circunscribiéndose a la concurrencia de invitados especiales. La exclusión que ostensiblemente se hizo de importantes estados miembros de la comunidad internacional, desvistió al Congreso y lo privó del carácter universal...
La Comisión de la Mesa presidida por el Presidente de la Asamblea General en sesión celebrada el 20 de septiembre de 1995, aprobó por consenso incluir el tema del Congreso Universal sobre el Canal de Panamá para ser tratado en sesión plenaria dentro del Programa del 50° Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que por cierto coincidía ese año con la conmemoración del Cincuentenario de la Organización. El tema también se incluyó en el Programa del 51° y del 52° Períodos de Sesiones correspondientes a los años 1996 y 1997.
En el quincuagésimo período de sesiones la Delegación de Panamá a mi cargo, propuso conjuntamente con las Delegaciones de los Estados Unidos de América y de Francia, que la Organización de las Naciones Unidas y los países miembros se sumaran con decisión a la celebración del Congreso Universal sobre el Canal de Panamá, que tendría lugar del 7 al 10 de septiembre de 1997.
La Asamblea General de las Naciones Unidas por unanimidad adoptó la Resolución 50/12 del 7 de noviembre de 1995, otorgándole "su firme apoyo" a la celebración del Congreso e instando a los Estados Miembros para que prestasen su generosa asistencia al Gobierno panameño, y exhortando en igual sentido a las organizaciones intergubernamentales y no-gubernamentales.
Al año siguiente la Asamblea General, respondiendo a la acción conjunta de las Delegaciones de Panamá, los Estados Unidos de América y Francia, adoptó también por unanimidad la Resolución 51/5 del 24 de octubre de 1996, en la cual de modo categórico reiteró "su firme apoyo" a la iniciativa del Gobierno de Panamá, y lo instó a seguir intensificando sus esfuerzos para la celebración del 7 al 10 de septiembre de 1997, en la ciudad de Panamá, el Congreso Universal sobre el Canal de Panamá. Asimismo la Asamblea "renovó su llamado a los Estados Miembros para que prestasen su generosa asistencia al Gobierno panameño, y exhortó, en igual sentido, a las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales". Con particular énfasis, la Asamblea "instó nuevamente a los órganos, programas y organismos especializados competentes del sistema de las Naciones Unidas, en particular al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y a la Organización Marítima Internacional, para que hiciesen cuanto fuese posible para prestar su asistencia, en el marco de los recursos existentes, a la realización del Congreso Universal del Canal de Panamá".
Después de que el Congreso Universal fuera prohijado por las Naciones Unidas, me permití expresarle al Jefe del Ejecutivo mi genuina preocupación por el éxito de este evento a través del cual el mundo podría medir el nivel de las aspiraciones y la carga de compromiso que tenemos los panameños y las panameñas respecto al Canal. Me afirmaba en la idea de que la presencia de las Naciones Unidas y la presencia de la comunidad internacional en el Congreso Universal era en 1997, más interesante y sin duda menos desdeñable. Señalaba que haciendo aparte las diferentes percepciones que se tengan sobre las Naciones Unidas, el hecho real es que la vivencia de esta Organización, es equivalente a una gimnasia ecuménica que enseña que para mostrar y hacer comprender al propio país, hay que tener la apertura adecuada para que los otros nos muestren y nos hagan comprender al suyo.
En ese sentido transmití mi opinión de que la ambición universalista del Congreso, ameritaba que el Gobierno Nacional cursara invitaciones a los mandatarios de los entonces 185 Estados Miembros. Avalaba la viabilidad de tales invitaciones, la circunstancia de que Panamá en 1997, en la época de mi mandato, era miembro del Consejo Ejecutivo de la Organización Internacional del Trabajo, del Consejo Ejecutivo de la Organización Marítima Internacional y del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, así como de la Comisión de Desarrollo Sostenible creada por la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro de 1991.
La historia es bien conocida. La participación en el Congreso fue selectiva circunscribiéndose a la concurrencia de invitados especiales. La exclusión que ostensiblemente se hizo de importantes estados miembros de la comunidad internacional, desvistió al Congreso y lo privó del carácter universal, consagrado por las resoluciones 50/12 de 1996 y 51/5 de 1996 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que implicaban que todos los estados miembros de la organización estaban convocados a participar en el congreso.
La exclusión de la República Popular China no tiene justificación. La presencia de la República Popular China en el Congreso Universal, un inmenso país con más de 1,250 millones de personas, que es la economía en crecimiento más pujante del mundo, se encontraba plenamente justificada por la Resolución 2758 (XXVI) de la Asamblea General que reconoce a la República Popular China, como la única representación legítima de China en las Naciones Unidas y en todas las organizaciones del sistema. La decisión del Gobierno panameño de invitar a los personeros del Gobierno de Taiwan al Congreso y de excluir del mismo a los personeros del Gobierno de la República Popular China, dio lugar a que el Secretario General de las Naciones Unidas y los directores de los organismos de su sistema, notificaran al gobierno panameño su no participación en la celebración del Congreso Universal del Canal de Panamá.
Por la misma razón dejaron de asistir el Presidente de los Estados Unidos y el Presidente de Francia, los dos Estados que conjuntamente con Panamá, promovieron que las Naciones Unidas prohijaran el Congreso, tampoco asistieron el Primer Ministro del Japón, el Rey de España, el Presidente del Gobierno español, el Primer Ministro del Canadá y el Primer Ministro de Inglaterra. No obstante, el gobierno panameño se consideró satisfecho, complacido y realizado por la asistencia del Dr. Lee Teng Hui, de Taiwan.
Son muchas las razones que hacen tanto a la historia del país, como a mi propia historia personal, en lo que atañe a la reivindicación de la soberanía de Panamá sobre la totalidad de su territorio nacional, las que nos mueven a dejar sentado que la idea del frustrado Congreso Universal se asoció a una secular aspiración de todos los panameños y panameñas que querían tener la satisfacción de cerrar el siglo XX con un acto en que el mundo entero recibiera el genuino testimonio de la permanente vocación universalista del pueblo panameño. El desafío sigue en pie.