La opinión del profesor
Aroldis Chapman, pitcher zurdo cubano de 21 años, firmó con el Cincinnati por seis años y 30.25 millones de dólares. Chapman jugó en el Segundo Clásico Mundial de Béisbol disputado en marzo de 2009 (http://www.youtube.com/watch?v=ZE0iQmsFSms&feature=related). En julio abandonó en Holanda al equipo que participaría en el Torneo de Rótterdam.
Cuba siempre ha producido excelentes jugadores de pelota -es como llamamos los cubanos al béisbol. Cuatro peloteros cubanos están en el Salón de la Fama: Atanasio Pérez, Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente. Entre los doce mejores lanzadores latinos de todos los tiempos, se encuentran cuatro cubanos: Miguel Cuéllar, Adolfo Luque, Luis Tiant y Camilo Pascual. Tanto ellos como Orestes Miñoso, Tony Oliva y Dagoberto Blanco Campaneris merecen estar en el Salón de la Fama (http://www.baseball-reference.com/).
La participación de los cubanos en el mejor béisbol del mundo comenzó con Esteban Bellán, que fue el primer extranjero que jugó en las Mayores (1871). Adolfo Luque fue el primer extranjero que jugó en una Serie Mundial (1919). En 1923, Luque fue el líder en victorias (27) y efectividad (1.93). En 1949, Orestes Miñoso debutó en las Mayores, siendo el primer pelotero negro extranjero en hacerlo. Camilo Pascual fue el primer pitcher extranjero que logró doscientos o más ponches en una temporada (221 en 1961). Miguel Ángel González fue el primer manager extranjero. Pedro Martínez Gómez, Orlando Oliva Martínez, Atanasio Pérez, Octavio Rivas Rojas, Carlos Tosca y Fredi González son los otros cubanos que han sido manager en las Mayores.
Hasta 1950, cincuenta y un cubanos habían jugado en las Mayores, mientras que sólo otros diez latinoamericanos lo habían logrado. En 1956, cuando debutó el primer dominicano, Ozzie Virgil, setenta y un cubanos ya lo habían hecho.
En los últimos veinte años, más de doscientos peloteros han logrado escapársele al régimen militar que desgobierna a Cuba, aunque éste les impide regresar a su patria para poder ver a sus familiares, en franca violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Usted tan siquiera podría imaginarse que el gobierno panameño impidiese la entrada de Mariano Rivera o Carlos Lee?
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