La oportunidad del cambio
Todos los cambios son positivos; te dan la oportunidad de evolucionar, crecer interiormente, reflejándose en todas las áreas de tu vida, -¿te explico por qué?- Todo tu interior, esto es, tus emociones, sentimientos, deseos, temores, conflictos, etc. se proyectan en nuestra conducta y repercuten en todos los eventos que se nos van presentando en el día tras día. Ahora bien, hablemos de tomar conciencia de nosotros mismos y de la necesidad de cambio. Ser conscientes es estar alerta a nuestro mundo como observadores, y te permite identificar cuándo una oportunidad se asoma a tu ventana, para alcanzar una meta o para mejorar algún aspecto de ti mismo, que a su vez, abrirá nuevas puertas para crecer en tus relaciones interpersonales, trabajo, en tu vida afectiva, etc.
Pero para identificar cuando una oportunidad pasa enfrente de ti, primero debes trazarte un objetivo, un norte, el rumbo hacia dónde vas a dirigir tus pasos. Si no tienes claro qué quieres, no podrás ver las oportunidades. Pues, retomemos el hecho de ser conscientes. Estar despierto implica desarrollar tus cualidades potenciales que permanecen dormidos en ti y por medio de los cuales te regalas la dicha de conocer, más profundamente, tus fortalezas, tus limitaciones y amenazas, que te permitan llevar siempre un paso aventajado con respecto a todo lo que te rodea, y ¿sabes por qué? Porque al jugar el rol de espectador ante todo lo que te pasa, está en tus manos permitir o evitar que los sucesos externos a ti te afecten o simplemente no alteren tu estado de paz interna.
Por otro lado, el cambio se presenta de tres maneras básicamente, por lo que quisiera que te concentraras y trataras de identificar algún momento en que hayas experimentado la súbita llegada de una oportunidad. La primera, la ideal, es que tú, consciente y alerta al presente, percibes constantemente que debes evolucionar armónicamente al ritmo de tu entorno, fluyes, no te quedas estancado y creces.
La segunda, la preventiva, las circunstancias mismas te llevan a evaluar una situación, tomas una decisión, haces un cambio y avanzas.
La tercera se presenta de forma sorpresiva, sabiendo que la vida es dinámica, es movimiento; se trata, pues, de mantener una postura cómoda, estática, de estancamiento y letardo, que implica no realizar ningún esfuerzo, para afrontar un cambio y que genera una crisis. Pero valora, qué generosa y sabia es la vida que te permite una crisis, que lejos de ser un problema, es una oportunidad que te confronta con tus propias debilidades y te empuja hacia el desfiladero: Decides quedarte estancado, conforme, y en un estado de involución y te das por vencido; o decides aceptar el reto y cambias.
Si alguno de estos casos te deja eco en lo más hondo de tu ser, ha llegado la hora de detenerte y evaluar qué áreas de tu vida debes restaurar y renovar, para seguir caminando por el sendero de tu autorrealización, siendo feliz y consciente de que la verdadera felicidad está en superar las piedras que te encuentras en el camino, que no te impiden avanzar y no en llegar al final. Como ser humano, la mejor oportunidad que me ha llegado es aprender a tomar decisiones, siendo responsable de sus consecuencias y atreverme a aventarme a la piscina de los retos. Atrévete tú también a ser responsable de ti mismo.
Pero para identificar cuando una oportunidad pasa enfrente de ti, primero debes trazarte un objetivo, un norte, el rumbo hacia dónde vas a dirigir tus pasos. Si no tienes claro qué quieres, no podrás ver las oportunidades. Pues, retomemos el hecho de ser conscientes. Estar despierto implica desarrollar tus cualidades potenciales que permanecen dormidos en ti y por medio de los cuales te regalas la dicha de conocer, más profundamente, tus fortalezas, tus limitaciones y amenazas, que te permitan llevar siempre un paso aventajado con respecto a todo lo que te rodea, y ¿sabes por qué? Porque al jugar el rol de espectador ante todo lo que te pasa, está en tus manos permitir o evitar que los sucesos externos a ti te afecten o simplemente no alteren tu estado de paz interna.
Por otro lado, el cambio se presenta de tres maneras básicamente, por lo que quisiera que te concentraras y trataras de identificar algún momento en que hayas experimentado la súbita llegada de una oportunidad. La primera, la ideal, es que tú, consciente y alerta al presente, percibes constantemente que debes evolucionar armónicamente al ritmo de tu entorno, fluyes, no te quedas estancado y creces.
La segunda, la preventiva, las circunstancias mismas te llevan a evaluar una situación, tomas una decisión, haces un cambio y avanzas.
La tercera se presenta de forma sorpresiva, sabiendo que la vida es dinámica, es movimiento; se trata, pues, de mantener una postura cómoda, estática, de estancamiento y letardo, que implica no realizar ningún esfuerzo, para afrontar un cambio y que genera una crisis. Pero valora, qué generosa y sabia es la vida que te permite una crisis, que lejos de ser un problema, es una oportunidad que te confronta con tus propias debilidades y te empuja hacia el desfiladero: Decides quedarte estancado, conforme, y en un estado de involución y te das por vencido; o decides aceptar el reto y cambias.
Si alguno de estos casos te deja eco en lo más hondo de tu ser, ha llegado la hora de detenerte y evaluar qué áreas de tu vida debes restaurar y renovar, para seguir caminando por el sendero de tu autorrealización, siendo feliz y consciente de que la verdadera felicidad está en superar las piedras que te encuentras en el camino, que no te impiden avanzar y no en llegar al final. Como ser humano, la mejor oportunidad que me ha llegado es aprender a tomar decisiones, siendo responsable de sus consecuencias y atreverme a aventarme a la piscina de los retos. Atrévete tú también a ser responsable de ti mismo.