La organización del Centenario
Un merecido aplauso merece la organización de las celebraciones del primer Centenario de la República. Ciertamente, distó de ser perfecta, pero para los insuficientes recursos administrados tardíamente y a cuentagotas, es indudable que el gran compromiso fue superado satisfactoriamente.
En la capital, los eventos programados desde los días previos al 3 de Noviembre, fueron estratégicamente distribuidos en el estrecho calendario, entre programas deportivos, artísticos y culturales. Los medios de comunicación, tanto con espacio pagado o por su propia cuenta, dieron también su valioso aporte.
Nunca antes se bombardeó a la ciudadanía con tanta valiosa información histórica, sin circunscribirla a la secesión con Colombia. En cosa de seis meses, los panameños fueron mejor ilustrados en esa materia que en décadas. Y pueda ser que se dé continuidad a esa iniciativa, que es una muestra de lo que puede lograr un esfuerzo combinado entre gobierno y medios en materia educativa.
Dramatizaciones televisadas y radiales de diversos acontecimientos históricos, narraciones, presentaciones teatrales, exposiciones de arte, eventos folklóricos, reconocimientos públicos a nuestros prohombres, publicaciones biográficas, presentación de puntos de vista polémicos nunca antes ventilados en un ambiente abierto y con rigor científico.
Aquí hemos asistido a polémicas que han enriquecido el estudio de nuestra nacionalidad y nuestro pasado. Y lo más maravilloso es que, como decía Ulpiano de la Justicia, se ha dado a cada uno lo suyo, sin prejuicios históricos. Se han ventilado con libertad los defectos y virtudes de quienes forjaron nuestro país, sin pretensiones de juez, porque se ha comprendido que ello corresponde a la historia, y para ella cien años no es nada.
Pero no se debe perder todo aquello. De algún modo, salvaguardando los derechos de autor, debiera recogerse toda esa valiosa producción, de modo que trascienda lo meramente coyuntural, para legarla a las generaciones futuras. Porque no debemos ser un pueblo amnésico, por no llamarle ignorante de sus raíces y su propia historia.
En la capital, los eventos programados desde los días previos al 3 de Noviembre, fueron estratégicamente distribuidos en el estrecho calendario, entre programas deportivos, artísticos y culturales. Los medios de comunicación, tanto con espacio pagado o por su propia cuenta, dieron también su valioso aporte.
Nunca antes se bombardeó a la ciudadanía con tanta valiosa información histórica, sin circunscribirla a la secesión con Colombia. En cosa de seis meses, los panameños fueron mejor ilustrados en esa materia que en décadas. Y pueda ser que se dé continuidad a esa iniciativa, que es una muestra de lo que puede lograr un esfuerzo combinado entre gobierno y medios en materia educativa.
Dramatizaciones televisadas y radiales de diversos acontecimientos históricos, narraciones, presentaciones teatrales, exposiciones de arte, eventos folklóricos, reconocimientos públicos a nuestros prohombres, publicaciones biográficas, presentación de puntos de vista polémicos nunca antes ventilados en un ambiente abierto y con rigor científico.
Aquí hemos asistido a polémicas que han enriquecido el estudio de nuestra nacionalidad y nuestro pasado. Y lo más maravilloso es que, como decía Ulpiano de la Justicia, se ha dado a cada uno lo suyo, sin prejuicios históricos. Se han ventilado con libertad los defectos y virtudes de quienes forjaron nuestro país, sin pretensiones de juez, porque se ha comprendido que ello corresponde a la historia, y para ella cien años no es nada.
Pero no se debe perder todo aquello. De algún modo, salvaguardando los derechos de autor, debiera recogerse toda esa valiosa producción, de modo que trascienda lo meramente coyuntural, para legarla a las generaciones futuras. Porque no debemos ser un pueblo amnésico, por no llamarle ignorante de sus raíces y su propia historia.