La OTAN busca enemigo
“Mantener a los americanos dentro, a los soviéticos fuera y a los alemanes abajo”. Ésta era, según el primer secretario general de la Organización del Tratado Atlántico Norte, Lord Ismay, el papel de la OTAN. Más de medio siglo después, ha celebrado su 60 aniversario convertida en la principal alianza militar del mundo. Sin embargo, la búsqueda de nuevos enemigos y la redefinición de sus estrategias son sus mayores preocupaciones.
En la década de los 50, la Guerra Fría marcaba las agendas políticas, militares e ideológicas de muchos gobiernos. Desde su creación, la Alianza, manejada desde Estados Unidos, mantuvo una guerra diplomática con la URSS hasta 1989, cuando cayó el muro de Berlín.
Con el fin del mundo bipolar, la OTAN se quedaba sin razón de ser. Y conscientes de que esa estructura militar no podía seguir existiendo sin enemigos, los países miembros se apresuraron a definir nuevos objetivos en la cumbre de Praga en 1999. La lucha contra el terrorismo internacional y contra los países con armas nucleares, químicas y biológicas se convirtió en el nuevo objetivo que justificaría su existencia.
Mientras que en el momento de su creación en 1949 contaba sólo con 12 miembros, actualmente 28 países conforman este organismo. La OTAN también cambió su forma de actuar. Apareció la posibilidad de intervenir en países en los que el poder político parece, siempre según la Alianza, no ser capaz de proteger a su propia población. Con esta excusa, la OTAN bombardeó Serbia en 1999.
Este ataque, que no contó con el apoyo de la ONU, marcó un precedente sobre la posibilidad de atacar un país que no constituía una amenaza internacional. Pero sin duda, fueron los atentados del 11 de septiembre los que marcaron un antes y un después en OTAN. Tras ver cómo se derrumbaban las torres gemelas, los aliados europeos de Estados Unidos invocaron, por primera vez, el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, en el que se establece que “un ataque armado contra uno o varios de los países aliados será considerado como un ataque contra todos los aliados”. Así llegó la OTAN a Afganistán. En Irak cambiaron las cosas. Estados Unidos obvió un consenso diplomático sin sentido que preservara la unidad de la OTAN y optó por el apoyo de varios estados, aún a riesgo de dividir la Alianza. Ante esta situación, François Heisbourg, director de la Fundación para la Investigación Estratégica de Europa, se mostró convencido de que “la OTAN está prácticamente muerta como organización estratégica y de defensa.” No todos parecen tenerlo tan claro. Mientras la Unión Europea desea no depender tanto del Imperio para su defensa militar, Estados Unidos quiere seguir utilizando la OTAN como elemento esencial en la defensa conjunta de Occidente.