La otra cara de la ciudad
SIENTO GRAN satisfacción cuando veo tantas grúas sobresalir en el firmamento de nuestra capital; significan puestos de trabajo, materiales y equipos que ayudan al crecimiento económico del país. Tenemos, además, un incremento de la inversión extranjera que ha encontrado en Panamá un sitio seguro, amigable para hacer negocios y con muchas perspectivas hacia el futuro; una de ellas, el auge que traerá la expansión del Canal. Algunas de las preocupaciones lógicas de todos los panameños son los problemas de infraestructura vial y de los servicios públicos incapaces de atender la gran demanda de agua, luz y recolección de desperdicios que se está creando alrededor de la ciudad capital y en otros puntos del interior.
Otro de los temas que tendremos que afrontar será el aumento del costo de las viviendas por la alta demanda de materiales y por el precio inflado que están pagando los extranjeros por la tierra y su consecuente especulación.
Pero todo lo anterior ha sido nuestra propia decisión y todavía no conozco a nadie que le hayan torcido el brazo para comprarle una propiedad por el doble o más de lo que vale. Muchos panameños están obteniendo beneficios nunca soñados por este auge temporal. Más adelante, en unos cuantos años, vendrá la resaca o goma, pero como decimos por acá "Lo bailado y lo gozado nadie te lo podrá quitar".
Como fiel creyente de la libre empresa pienso que cualquier inversión de afuera debe ser bienvenida, en especial si se trata de obras de construcción y de viviendas para personas retiradas, quienes traerán de manera permanente ingresos frescos a nuestra economía. Tenemos que recordar que los panameños no emigramos y por ello no tenemos, como tantos países de la región, las jugosas remesas mensuales desde EE.UU. o Europa.
Dicho lo anterior, creo que a consecuencia de los problemas inherentes al crecimiento de la urbe tenemos otros asuntos que atender y que tienen que ver con una responsabilidad social tanto del gobierno como de los empresarios, se trata de las islas de pobreza entre ese mar de bonanza. No puedo entender cómo promotores, arquitectos o constructores pueden disponer de decenas o cientos de millones para crear lujosos edificios residenciales sin llamarles la atención que al costado tienen un caserío. Específicamente hablo de "Boca la Caja", cuyos rellenos de Paitilla, hoy Punta Pacífica, dados en concesión a la empresa mexicana ICA, han rodeado este poblado de pescadores artesanales y sus grandes torres los están sofocando por ambos lados. Si los mexicanos o los promotores de estas obras no son conscientes de este problema social, considero que el Gobierno debe tomar cartas en el asunto. Hace dos años recién había retornado de los EE.UU., -4 de julio-, en la residencia del embajador de ese país, tuve la oportunidad de tener a mi lado al reelecto alcalde Navarro y al diputado Elías Castillo, reelecto por ese circuito, lo cual aproveché para comentarles mi preocupación sobre Boca la Caja. Recuerdo que les dije que el gobierno central y la Alcaldía tenían que condicionar en alguna forma el crecimiento de las construcciones en esa área a una ayuda efectiva para dotar ese poblado de las condiciones necesarias para que estuviera acorde con la modernización de Punta Pacífica.
Cuatro veces al día paso obligadamente por el corredor y observo las cañerías sanitarias, el hacinamiento de las viviendas, pared con pared, y la falta de áreas de deporte y recreo para esa población en un crecimiento descontrolado. Me parece que con menos del 1% de lo que a su alrededor se está invirtiendo, se podría convertir este poblado en una "Caja de Oro" y hacer allí un pintoresco pueblo de pescadores con buenas aceras, sus residencias pintadas de colores tropicales, un frente costanero rodeado de palmeras y áreas de recreo para sus habitantes, y quién quita, algunos restaurantes para ir a comer las delicias del mar. En fin, cambiar esa otra cara de la ciudad con que recibimos a todos los turistas que arriban a nuestro país por el aeropuerto de Tocumen.
Se espera que en las próximas semanas se puedan abastecer de medidores los almacenes del IDAAN, por lo que "no hay nada de qué preocuparse", expresó el director de Comercialización de la institución, Jorge Medrano.
Otro de los temas que tendremos que afrontar será el aumento del costo de las viviendas por la alta demanda de materiales y por el precio inflado que están pagando los extranjeros por la tierra y su consecuente especulación.
Pero todo lo anterior ha sido nuestra propia decisión y todavía no conozco a nadie que le hayan torcido el brazo para comprarle una propiedad por el doble o más de lo que vale. Muchos panameños están obteniendo beneficios nunca soñados por este auge temporal. Más adelante, en unos cuantos años, vendrá la resaca o goma, pero como decimos por acá "Lo bailado y lo gozado nadie te lo podrá quitar".
Como fiel creyente de la libre empresa pienso que cualquier inversión de afuera debe ser bienvenida, en especial si se trata de obras de construcción y de viviendas para personas retiradas, quienes traerán de manera permanente ingresos frescos a nuestra economía. Tenemos que recordar que los panameños no emigramos y por ello no tenemos, como tantos países de la región, las jugosas remesas mensuales desde EE.UU. o Europa.
Dicho lo anterior, creo que a consecuencia de los problemas inherentes al crecimiento de la urbe tenemos otros asuntos que atender y que tienen que ver con una responsabilidad social tanto del gobierno como de los empresarios, se trata de las islas de pobreza entre ese mar de bonanza. No puedo entender cómo promotores, arquitectos o constructores pueden disponer de decenas o cientos de millones para crear lujosos edificios residenciales sin llamarles la atención que al costado tienen un caserío. Específicamente hablo de "Boca la Caja", cuyos rellenos de Paitilla, hoy Punta Pacífica, dados en concesión a la empresa mexicana ICA, han rodeado este poblado de pescadores artesanales y sus grandes torres los están sofocando por ambos lados. Si los mexicanos o los promotores de estas obras no son conscientes de este problema social, considero que el Gobierno debe tomar cartas en el asunto. Hace dos años recién había retornado de los EE.UU., -4 de julio-, en la residencia del embajador de ese país, tuve la oportunidad de tener a mi lado al reelecto alcalde Navarro y al diputado Elías Castillo, reelecto por ese circuito, lo cual aproveché para comentarles mi preocupación sobre Boca la Caja. Recuerdo que les dije que el gobierno central y la Alcaldía tenían que condicionar en alguna forma el crecimiento de las construcciones en esa área a una ayuda efectiva para dotar ese poblado de las condiciones necesarias para que estuviera acorde con la modernización de Punta Pacífica.
Cuatro veces al día paso obligadamente por el corredor y observo las cañerías sanitarias, el hacinamiento de las viviendas, pared con pared, y la falta de áreas de deporte y recreo para esa población en un crecimiento descontrolado. Me parece que con menos del 1% de lo que a su alrededor se está invirtiendo, se podría convertir este poblado en una "Caja de Oro" y hacer allí un pintoresco pueblo de pescadores con buenas aceras, sus residencias pintadas de colores tropicales, un frente costanero rodeado de palmeras y áreas de recreo para sus habitantes, y quién quita, algunos restaurantes para ir a comer las delicias del mar. En fin, cambiar esa otra cara de la ciudad con que recibimos a todos los turistas que arriban a nuestro país por el aeropuerto de Tocumen.
Se espera que en las próximas semanas se puedan abastecer de medidores los almacenes del IDAAN, por lo que "no hay nada de qué preocuparse", expresó el director de Comercialización de la institución, Jorge Medrano.