La otra cara del continuismo
Sin afán de discutir, ni criticar, y mucho menos de sostener polémica alguna con un colega banquero, me voy a referir al artículo publicado en el diario La Prensa el 26 de febrero de 1999, sobre el continuismo, vocablo que no encontré en los diccionarios que poseo, pero que por su común uso, todo Panamá lo interpreta como el acto de proseguir lo comenzado.
A mi entender es raro el gobierno que lleva completamente a cabo su gestión planificada, y lo que deja por hacer, si es bueno para el pueblo, lo más seguro es que al presidente siguiente le tocará terminar lo empezado y ejecutar lo programado. Tenemos, por ejemplo, el Hospital San Miguel Arcángel, empezado por Endara, la reestructuración de la deuda externa; la organización de la Policía Civil, las actividades del FES; las privatizaciones, la concesión de los puertos, etc. El continuismo, pues, no es insulto, si como dije antes es para el bienestar del país. Así las cosas, Martincito puede y debe continuar los programas del Toro que signifiquen desarrollo económico para el país; lo mismo puede hacer Mireya con lo bueno que Endara dejó por hacer, y Alberto seguir normas competentes que como hombre de negocio él sabe que resultan en empleos, bienestar social y paz.
Lo contraproducente es denigrar a una persona para ensalzar a otra. Mi colega en su columna se refiere a Endara como inepto, vulgar, revanchista, falto de iniciativa, etc. El recuerda el perfil de muchos de los gobernantes de Panamá hasta 1968, pero se olvida totalmente de los 21 años de la oprobiosa dictadura que siguieron después. En enero de 1998, Rubén Carles, un hombre de reconocida honorabilidad, con conocimiento de causa expuso en el diario La Prensa, para los que sufren de amnesia, 17 obras del gobierno democrático durante el pasado 1990/94. Además de las que menciono anteriormente, reproduzco algunas otras para el conocimiento del banquero olvidadizo. Elecciones libres en 1994; imagen de Panamá como país democrático; reconocimiento y apoyo a los derechos humanos; legislación sobre la carrera administrativa; reformas constitucionales sobre el Canal de Panamá; ley de la ARI; estabilización de las finanzas públicas con base a presupuestos balanceados y eliminación del déficit fiscal; acción salvadora de la CSS, el BN y la C de A.; cancelación de la morosidad con las IFIs y el Club de París; financiamiento de obras públicas con ahorro interno y recuperación de la economía nacional con un aceptable crecimiento. ¿Es toda esta actuación la que avergüenza a mi colega? Como sé en qué estado desastroso Endara recibió el país, yo me siento orgullosa de su gestión. No soy Mireyista pero si ella gana las elecciones y sigue esos pasos yo también la aplaudiría. Igual actitud asumiría si Martincito de ganar, sigue lo bueno que hizo su predecesor, pues el Toro también se anotó magníficos puntos.
En cuanto a Alberto Vallarino, como lo he dicho antes, perder unas primarias no significa perder su derecho. Por otro camino, para servir al país, fue su alternativa y yo no lo encuentro pecaminoso. Esto me recuerda al Dr. Oranges, otro perdedor en las primarias pero con una voluntad férrea de contribuir a un gobierno más humano. ¿Cómo voy a olvidarlo si él fue el gestor de la Ley 6 que tantos beneficios brinda a los 120 mil jubilados y pensionados y a los de la tercera edad? Yo conozco la otra cara del continuismo. Es materia tan sencilla y despejada que me permite reconocer los valores y la antipatía hacia los mismos.
A mi entender es raro el gobierno que lleva completamente a cabo su gestión planificada, y lo que deja por hacer, si es bueno para el pueblo, lo más seguro es que al presidente siguiente le tocará terminar lo empezado y ejecutar lo programado. Tenemos, por ejemplo, el Hospital San Miguel Arcángel, empezado por Endara, la reestructuración de la deuda externa; la organización de la Policía Civil, las actividades del FES; las privatizaciones, la concesión de los puertos, etc. El continuismo, pues, no es insulto, si como dije antes es para el bienestar del país. Así las cosas, Martincito puede y debe continuar los programas del Toro que signifiquen desarrollo económico para el país; lo mismo puede hacer Mireya con lo bueno que Endara dejó por hacer, y Alberto seguir normas competentes que como hombre de negocio él sabe que resultan en empleos, bienestar social y paz.
Lo contraproducente es denigrar a una persona para ensalzar a otra. Mi colega en su columna se refiere a Endara como inepto, vulgar, revanchista, falto de iniciativa, etc. El recuerda el perfil de muchos de los gobernantes de Panamá hasta 1968, pero se olvida totalmente de los 21 años de la oprobiosa dictadura que siguieron después. En enero de 1998, Rubén Carles, un hombre de reconocida honorabilidad, con conocimiento de causa expuso en el diario La Prensa, para los que sufren de amnesia, 17 obras del gobierno democrático durante el pasado 1990/94. Además de las que menciono anteriormente, reproduzco algunas otras para el conocimiento del banquero olvidadizo. Elecciones libres en 1994; imagen de Panamá como país democrático; reconocimiento y apoyo a los derechos humanos; legislación sobre la carrera administrativa; reformas constitucionales sobre el Canal de Panamá; ley de la ARI; estabilización de las finanzas públicas con base a presupuestos balanceados y eliminación del déficit fiscal; acción salvadora de la CSS, el BN y la C de A.; cancelación de la morosidad con las IFIs y el Club de París; financiamiento de obras públicas con ahorro interno y recuperación de la economía nacional con un aceptable crecimiento. ¿Es toda esta actuación la que avergüenza a mi colega? Como sé en qué estado desastroso Endara recibió el país, yo me siento orgullosa de su gestión. No soy Mireyista pero si ella gana las elecciones y sigue esos pasos yo también la aplaudiría. Igual actitud asumiría si Martincito de ganar, sigue lo bueno que hizo su predecesor, pues el Toro también se anotó magníficos puntos.
En cuanto a Alberto Vallarino, como lo he dicho antes, perder unas primarias no significa perder su derecho. Por otro camino, para servir al país, fue su alternativa y yo no lo encuentro pecaminoso. Esto me recuerda al Dr. Oranges, otro perdedor en las primarias pero con una voluntad férrea de contribuir a un gobierno más humano. ¿Cómo voy a olvidarlo si él fue el gestor de la Ley 6 que tantos beneficios brinda a los 120 mil jubilados y pensionados y a los de la tercera edad? Yo conozco la otra cara del continuismo. Es materia tan sencilla y despejada que me permite reconocer los valores y la antipatía hacia los mismos.