La otra OEA
Los panameños no hemos sido ajenos a la realidad de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Durante décadas esta organización, a la postre la más longeva de las organizaciones hemisféricas vigentes, ha participado en conflictos como el 9 de enero de 1964 y la crisis política de finales de los años 80, y en ambas ocasiones su efectividad quedó en entredicho.
Hago esta introducción porque la suerte de esta organización no nos debe ser ajena. Es el espacio político por excelencia regional para dirimir conflictos entre nuestros pueblos hermanados por unos lazos geográficos comunes.
En la última Cumbre de Río, los Presidentes participantes construyeron las bases de una organización que en principio denominan Comunidad de Estados Latinoamericanos que a la postre no es más que otra OEA pero sin la participación de los Estados Unidos y Canadá.
Algunas cosas me llaman la atención tanto en el plano internacional como el local. Debo mencionar, que las cuotas que deben pagar los estados miembros para mantener la operación y funcionamiento de la OEA se distribuyen a partir del producto interno bruto de cada uno.
Así las cosas, el peso financiero de los Estados Unidos hace que sin su participación la OEA quede mediatizada financieramente y eso preocupa a un gran numero de naciones.
Por otro lado, están los países pertenecientes a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA, que ahora le agregan Tratado de Comercio de los Pueblos) ven en un organismo como la OEA un obstáculo permanente para sus objetivos alternativos.
¿Quién pagará la burocracia y la operación de esta nueva organización? ¿Cuál es la necesidad de una organización hemisférica alternativa a una ya existente?
Es cierto, la OEA necesita cambios urgentes. Ya el senador norteamericano John Kerry presentó en compañía de otros parlamentarios de su país una propuesta para reformar esta organización.
Pero no todo es malo: me pregunto si la Carta Democrática, ese documento consensuado por todos los países miembros de la OEA para evitar, entre otras cosas, golpes de estado en nuestros países quedará en el aire.
Por otro lado, Panamá se está retirando del Parlamento Centroamericano argumentando que es un ente deliberativo inútil y donde se gastan recursos del Estado panameño innecesariamente.
Ahora la pregunta es si Panamá sufragará parte de los gastos de esta nueva organización que tendrá las mismas funciones que una a la que ya pertenecemos y debemos pagar una cuota regular y parte de su operación.
Pienso que Panamá debe tomar la vanguardia de la reforma de la OEA y plantear la reformulación de la iniciativa de una nueva organización con funciones redundantes a la ya existente.